24 de Agosto de 2008 00:00

| ARTE JOVEN

Bailar y brillar

Maia Ayala Dijkhuis es una de las bailarinas clásicas más destacadas de nuestro país. Desde los 17 años forma parte del Ballet Clásico y Moderno Municipal de la ciudad de Asunción. Sin embargo, este año rompió las formas y decidió bailar en televisión, hacer cine y teatro. “Probar otros estilos fue un desafío; me sorprendí a mí misma. Y me sentí una estrella o, si lo preferís, una vedette”.

/ ABC Color

A Maia no le molesta que la conozcan como “la hija de Nicole o de Alvaro Ayala”, sabe de sobra que su porte y méritos de bailarina clásica le dan sello propio. Llegó a la entrevista, sonrió para la foto, acomodó sus largas piernas en el sillón y arrancamos. “¿Mi edad? No sé, nací un 27 de diciembre, soy de Capricornio, tengo un carácter difícil y perfeccionista”. Este año Maia ganó “Bailando por un sueño”, su pareja de baile fue Julio González Cabello (hijo).

–¿Cómo es eso de bailar con alguien que no baila?

–Lo disfruté mucho; Julio nunca estudió, pero tenía un don. Aprendió a girarme, a levantarme. Me hubiera gustado que el jurado también me corrigiera cosas a mí.

–¿Cómo te decidiste a participar del baile masivo?

–Llegó una invitación al Ballet diciendo que buscaban bailarines profesionales, que no iba a ser reguetón, ni baile del caño (que al final sí hubo). Con unos compañeros decidimos ir. Yo iba solo si me dirigía mi coreógrafo y mejor amigo, Robson Maia, en quien confío plenamente.

–Seguro que los bailes te fueron pan comido.

–No, me costó. Hacer clásico es fácil, pero cuesta salirse de eso. Al final logré pulir esos movimientos tan abiertos que se hacen en clásico. Creo que es más probable que una bailarina clásica aprenda lo moderno que al revés.

–¿Qué marcó en vos ese destape?

–Aprendí a soltarme, porque soy tímida, bailé cosas que pensé que no podría. Me sorprendí a mí misma.

–¿Qué dijo del tema la exigente Nicole?

–Al principio no le gustó, pero después vio cómo me involucraba y me apoyó. Me miraba desde casa, por cábala.

–¿Cómo fue crecer con una mamá de su talla?

–Para mí, la danza fue normal, porque mi abuela ya era bailarina. No conozco otra infancia. Soy la segunda de 5 hermanos (4 mujeres y 1 varón). Todas las chicas estudiamos danza. Mi mamá decía: “Primero los 12 años de clásico, después hagan lo que quieran”. Hoy somos 3 las que bailamos profesionalmente.

–¿Viviste siempre a dieta?

–En mi casa, las dietas son eternas. Pero este año –que me solté– comí lo que quise, bailé y adelgacé. Moraleja: para bajar de peso coman de todo, bailen y no hagan dietas.

–¿Cómo fueron tus otras incursiones artísticas?

–Con el Ballet hice el rol principal en “Salomé”. Fue encantador tener a alguien abanicándome como a una princesa. Me encanta vivir esas fantasías como si fueran realidad. También probé hacer la película nacional “El reflejo”, de Gus. Además este año hice teatro, fui la estrella de “Playback” (la obra de mi papá).

–Muchos dirán: “Es la estrella porque la puso el padre”.

–(Sonríe) ¡Más vale que mi papá me dé el papel principal! Me parece que me lo merezco. En el ballet siempre hago el rol protagónico.

–¿Tenés aires de vedette?

–El otro día busqué esa palabra francesa a ver qué quería decir, y significa “estrella, bailarina”. Así que vedettes no son las modelos que se suben al teatro, sino nosotras, las bailarinas.

–Pero una vedette, como acá lo entendemos, es más pulposa. Aunque con tanta silicona en baile se aplaza, ¿cierto?

–Yo no estoy en contra, me pondría. Pero para bailar, la verdad, no se ve muy estético.

–¿A qué mujer admirás?

–A mi mamá. Nicole es lo máximo; aunque de ella heredé todo: lo físico y el pirevai.

–¿Qué puede ser tan bello como la danza?

–La matemática, soy una luz calculando. Tengo la deuda de terminar la carrera de Administración de Empresas.

–¿Qué resultado te dio la ecuación de la danza clásica?

–Disciplina, responsabilidad, buena plata (ganada con mucho trabajo). Viajes, mis mejores amigas. Juanetes (ya me operé) y dolor de espalda.

–¿Vas a seguir bailando?

–Es lo que más quiero, bailar, bailar y bailar hasta que me dé el físico. Algunas bailan hasta los 50 años.

–¿Qué dice tu novio de tantas vueltas?

–Nada, me acompaña. No tenemos planes de casamiento.

–¿Qué estilo de mujer hay detrás de esta bailarina?

–Una dominante, que le gusta llevar el control de todo.

–¿Te emocionó la asunción presidencial?

–No soy de seguir lo que pasa. Vivo mi mundo, mi baile. Ojalá las cosas cambien para bien.

–¿Por qué no hiciste carrera en el extranjero?

–Las veces que me fui para quedarme, no aguanté, extrañaba a mi familia.

–¿Qué te da rabia profesionalmente?

–Que los talentosos dejen la carrera “por cosas de la vida”.

–¿Ser mujer marca alguna diferencia?

–¿Si soy feminista querés saber? Bueno, si llego a una casa y encuentro a un hombre lavando los platos, digo que es buenísimo; si es la mujer la que lava, también le doy mi ok. A mí me gusta el hombre que me abre la puerta del coche y que a la vez me deje ser feminista.

lperalta@abc.com.py
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