23 de Setiembre de 2011 19:00

 

"Caló": El hombre detrás del dibujo

Por Jorge Coronel

Carlos Sosa Sanabria –más conocido como "Caló"– es el encargado de brindar su cuota de humor a las páginas del diario ABC Color, desde hace 22 años.

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"Caló": El hombre detrás del dibujo_305617 / ABC Color

El talentoso dibujante, dueño de un autodefinido humor ácido y crítico, muestra en una entrevista la cara que pocos conocen del emblemático dibujante.

Carlos Sosa Sanabria –o, simplemente, "Caló"– nació en Puerto Casado (Chaco) el 6 de octubre de 1967. Motivado por publicaciones de Disney –pero especialmente influenciado por su padre, quien se desempeñaba como profesor de dibujo en una escuela– encontró en el arte de las formas y colores en un papel, una auténtica forma de recorrer su camino.

 

Desde hace 22 años es el encargado de las ilustraciones editoriales y del humor gráfico del diario ABC Color, tan disfrutados por los lectores. Pero todo inició en Puerto Casado, con apenas 4 años, cuando observaba con curiosidad el encantador oficio de su padre.

 

"Mi papá enseñaba dibujo en un colegio en Puerto Casado, colegio Juan de Ayolas. Había dos instituciones de enseñanza en ese pueblo: uno era un colegio dependiente de los salesianos, que es donde yo hice la escuela primaria. Mi papá enseñaba en el colegio Juan de Ayolas, que sería el colegio nacional de ahí. Pero enseñaba como una materia basada en folletos y en textos ya prediseñados, nunca por lo visto le agarró mucho cariño a la profesión, porque no siguió con eso. Un tiempo, viviendo allá, vino para acá, y habiendo tenido la oportunidad inclusive de enseñar con un título, no se dedicó a eso. O no le tuvo fe a la profesión", sostiene hoy, al recordar sus años de infancia ya rodeado de dibujos.

 

Ese fue el momento en que tomó su primer contacto con el dibujo, observando cuando su padre tomaba exámenes en su casa. "Me agarró curiosidad, y empecé de muy pequeño a dibujar, desde los cuatro años más o menos. Ese fue mi primer contacto con el dibujo. Aparte de las historietas que leía en esa época: las de Disney, y compañía".

-¿Y el momento en el que descubriste que, definitivamente, era tu vocación?

-Cuando me di cuenta de que mis dibujos iban tomando forma, iban evolucionando, y a medida que la gente tomaba interés en lo que yo hacía. Me di cuenta de que eso era lo mío. Y desde que abracé esto, nunca más lo dejé…

-Y a nivel profesional, ¿cómo fueron los primeros pasos como dibujante?

-Yo termino el colegio secundario, en el Colegio Naciones Unidas, en Barrio Obrero. Pero ya durante toda esa etapa –sea escuela, sea colegio– los cuadernos tenían más dibujos que materias escritas. Y era responsable de dibujar en las pizarras, etcétera. Yo dibujé toda mi vida. Y de ahí un tío me llevó a una imprenta donde había un estudio creativo. Había un creativo, y me llevó para ayudarle a ese señor, Rodolfo Fernández, un uruguayo. Y con él comencé mis primeras armas, a nivel profesional.

-Luego vendría tu ingreso al diario ABC Color…

 

-Y de ahí, de la imprenta, yo paso a una publicitaria, y después a otra. Hasta que se reabre a ABC. Y mi ingreso a ABC se da a través de un compañero mío, que también estaba volviendo a ser llamado –porque todos los que quedaron fuera luego del cierre fueron llamados otra vez. Entonces me cursa la invitación: "¿Por qué no vamos a probar suerte?". Llego por la sala de máquinas: estaban todos los muchachos de máquina, y yo empiezo a caricaturizarlos. Eso llega a la Jefatura de Redacción, entonces me hacen llamar. Me llaman, yo vengo, me presento y quedo como un practicante, como un colaborador, un volante… Y estuve así un buen tiempo, hasta que empecé a tener espacios fijos. Habré estado un mes así.

La reapertura del diario viene a raíz del golpe de Estado, la caída de la dictadura, y la asunción del nuevo gobierno. Y coincide con las primeras elecciones democráticas, donde sale ganador Rodríguez. Coincide con eso y yo empiezo a anunciar las tapas: anunciando las elecciones, posibles resultados… Era un montón de trabajo, por el cual yo me sentía mal pagado.

Entonces un día le digo a uno de los secretarios de redacción  –que en ese entonces era Tito Saucedo–: "Yo así no quiero continuar". Entonces me voy. Pateo el tablero, y "me rajo". Cuando estaba saliendo sobre Yegros, en la entrada principal, me llama el que estaba ahí de guardia. Me dice: "Te necesitan arriba otra vez". Me subo, me mandan directo a Personal con el señor Rolón, y me contratan, ya con un sueldo adecuado a lo que yo estaba haciendo. De eso hace 22 años que estoy acá.


 

 


-¿Qué es lo más fácil y lo más difícil del trabajo de ilustración?

 

-Lo más difícil, de repente, es cuando los personajes son caricaturizados muy esporádicamente: es decir, vos no le agarrás la costumbre al rostro de la persona. Yo tuve problemas, durante muchísimo tiempo, con rostros como el de Filizzola, por ejemplo, actual ministro del Interior. Tuve problemas con varios. Sin embargo, se da la nota distinta cuando una persona es caricaturizada casi todos los días: el caso de Lugo, por ejemplo. Con los ojos cerrados ya, sin problemas. O Lugo, u Oviedo, o el difunto Argaña, por ejemplo, al que dibujé muchísimo tiempo. Stroessner mismo. La parte difícil está cuando vos no tenés práctica sobre el rostro de esa persona.

-Es como un ejercicio…

-Exacto. Es que esto es ciento por ciento de práctica.

-Gran parte de tus ilustraciones tiene relación con personajes de la escena política nacional…

-Es que la política es la que más temas da para la caricatura.

-¿Tuviste alguna vez alguna llamada intimidante, o un pedido de no ilustrar a algún político en particular?

-Esa es una pregunta que yo siempre contesto de la siguiente manera: Acá nadie se molesta por ser caricaturizado. Al contrario, sucede que hay casos de gente muy conocida me ha ofrecido dinero por sus originales, o por tener su caricatura original en su oficina. Inclusive he llegado a vender algunos dibujos, como en el caso de la esposa de un ministro de salud de la época de Wasmosy. La esposa vino, y compró una caricatura de él. Le guardó y le encuadró en la oficina. Y eso ocurre con todos. No hay excepciones. Que yo sepa, nadie se ha molestado.

 

-El personaje de "Rata" ya es casi emblemático…

-"Rata" es un personaje adoptivo. Es de Julio González. Él estaba en la revista dominical, en la época anterior al cierre, en los inicios. Y era un  personaje que ilustraba una columna de comentarios. Era una ilustración, y decía "Rata lee…", o "Rata escucha…", o "Rata escribe…", pero nada más. O sea, no tenía vida. Y estaba metido adentro de un pozo: se veía parte del cuerpo, la nariz, y nada más.  Yo lo que hice fue revivir al personaje, y darle más participación en la caricatura. Y el tipo, a veces me redondea un dibujo. El comentario, ya al final, cuando vos ya escaneaste toda la imagen.

-¿Qué espacios del diario están a tu cargo, hoy?


-Las fijas: muchísimas. Te puedo nombrar la revista dominical, la tapa del suplemento Económico, el Deportivo del domingo, la contratapa de los domingos, Ñe’embeguépe, que es todos los días. Después está el suplemento de Humor, la contratapa del suplemento Judicial, el espacio de Escenario Político de los sábados. Y, esporádicamente, por ejemplo, ilustro el Femenino. A veces la tapa del diario, en época de elecciones sí o sí, el Digital también a veces. Estoy en todas partes, donde se me requiere.


-De todas esas secciones, ¿cuáles son las que más disfrutás o las que mejor aprovechás tu caudal creativo?


-Siempre la política es la que te da una gama de posibilidades para explayarte y para criticar, ¿verdad? Porque lo que en 50 páginas no podés decir, lo podés decir en un solo dibujo. Ahí está la diferencia.

 

 


-Podrías compartir alguna anécdota, que siempre recuerdes, sobre alguna situación que surgió a partir de una ilustración?

-Son muchísimas. Una, en específico, porque fue muy simpática. La caída de un político, no recuerdo el apellido. Cae del escenario el tipo, y fue toda una nota, pero fue en el interior y no había foto. Pero teníamos el nombre y el apellido. Lo que sí que, en esa época no era que vos entrabas a la computadora y buscabas en Google o en Internet el personaje, sino que ibas al archivo. Y ahí era por abecedario. Ahí encontré la foto del tipo en traje, le ilustré… Y al día siguiente llama la hija del caricaturizado y dice: "Pero mi papá no se dedica a la política y él no cayó de ningún escenario". ¡Fue un homónimo! Una metida de pata. Además era toda una página. Y la página de la revista era del tamaño del diario antes… era importante el dibujo. Todavía el tipo no podía accionar en contra nuestra, porque era un dibujo, pero fue una metida de pata. ¡Una vergüenza!


-¿Cómo es el proceso de creación y concepción de tus caricaturas?

-Lo que yo hago primero es informarme todo el tiempo, tratar de estar lo más informado posible: televisión, radio, diario… todo lo que tengo a mi alcance, estoy tratando de estar actualizado. Eso, por mi lado, y después también tengo gente que colabora conmigo y me envía sus guiones, de repente. Y eso otra vez voy transformando, tengo que adecuar. A veces también la gente escribe en su propio idioma, y yo manejo otro. Pero la idea central es buena, entonces eso uso.

-Cada artista tiene su personalidad y su visión diferente. ¿Cómo autodefinirías a tu humor gráfico?


-Yo lo que hago es crítica, más que nada, con dibujo humorístico, y me califico ácido. A veces, de repente, me sale muy humorístico… pero lo mío es criticar, y dar una serie de mensajes, más que nada.

-¿Qué es lo primero en que te fijás en el personaje que vas a caricaturizar?

-En sus rasgos más marcados. Generalmente, por ejemplo, si tiene bigotes, si tiene la nariz grande, ancha, orejas grandes, ojos grandes; son los rasgos más marcados por donde comienzo una ilustración. Y a eso voy tratando de acostumbrarle al lector. En el caso de Calé, por ejemplo: le acentué el jopo y la nariz, y después el detalle del cigarrillo y las manchas de la piel… Soy muy observador, en ese aspecto.

 



-¿Cómo observás el mercado local de la historieta y de la ilustración?

-Este mercado es buenísimo, hay grandes valores de la caricatura, la ilustración, la historieta… Inclusive, ahora, de la animación. Pero el mercado es muy pequeño. Es muy chico para tanto talento. Así le veo. Desde el punto de que no se puede trabajar en eso, la evolución, el progreso de la caricatura se ve amenazado, porque si vos no recibís por tu arte, lo que tu arte vale, eso es frustrante para cualquiera. Como pasa en todos los ámbitos.

"Caló" firma autógrafos en el Shopping Mariano, durante una exposición de sus obras.

-Como referente de la caricatura, de la ilustración local, ¿cuáles son los proyectos que te gustaría realizar en el plano profesional?

-Más que nada, para mí lo principal es dejar gente preparada. Preparar gente para que continúe esto. En cualquier momento a mí me va a temblar el pulso, y la vista me va a fallar… me va a fallar la memoria, si llego a viejo también. Entonces hay que dejar gente preparada, hay que pasar la posta. Mi proyecto de vida, en algún momento, sería ponerme a enseñar. Cuando cuente con el tiempo y la tranquilidad necesaria, ponerme a buscar nuevos talentos, que hay muchísimo. Es un semillero enorme Paraguay… impresionante. Y los chicos se vienen ya con un bagaje impresionante de dibujo encima.

-Si te ofrecieran un proyecto en 3D, inclusive, en nuestro país… ¿te interesaría incursionar en la animación?

-En primer lugar, tendría que informatizarme. Yo me considero un analfabeto informático. Yo uso la computadora para ver mi correo… Ahora recién voy a empezar a ilustrar con tableta electrónica: ahora recién, a los 43 años. Entonces, primero eso, y después ya ver las posibilidades de la computadora. De entrada te digo que no me llevo muy bien, porque considero que en algún momento te va a joder la vida. Entonces, como que no confío de todo en la máquina.

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