01 de Marzo de 2011 00:00

 

Héroes y antihéroes

La conmemoración del Día de los Héroes se dignifica aún más este año con la incorporación del gran estadista Eligio Ayala al Panteón de los Héroes, un mandatario que se caracterizó por su acrisolada honestidad y por su lucha contra la corrupción, un mal que hasta el presente carcome los cimientos de nuestra economía, y en cuyo campo hoy más que nunca se precisa de muchos otros héroes, valientes y patriotas, para luchar contra ella. Pero la fecha de exaltación de la memoria de los próceres y héroes patrios debe servir también para repudiar a los antihéroes, aquellas personas que, puestas en funciones públicas, prefirieron servir a sus intereses personales egoístas, a sus vicios o pretensiones, demostrando así su desprecio por los intereses de la sociedad. Los antihéroes no tienen fecha conmemorativa, pero no debería olvidárselos, pues también constituyen ejemplos que hay que exhibir ante las nuevas generaciones, para que sepan comparar y aprender a escoger los modelos a los que seguir en el curso de la vida. Estos personajes, que aparecen todos los días en la prensa, muestran la otra cara de la moneda, la que contiene los aspectos más negativos del ser humano visto desde su condición de persona individual y social. La conmemoración del Día de los Héroes está asociada, como se sabe, a la finalización de la guerra que en nuestro país conocemos como "de la Triple Alianza", en cuyo trascurso se produjeron los hechos de heroicidad, de sacrificio y entrega de hombres y mujeres, de adultos y de niños, de militares y de civiles, a los que se tiene por los más señalados de nuestra historia, que son los que inspiran la conmemoración.   

Este año, se dignifica aún más la fecha con la incorporación del gran estadista Eligio Ayala al Panteón de los Héroes, un altar patrio que lo merece y al que él merece pertenecer. Un mandatario que se caracterizó por su acrisolada honestidad y por su lucha contra la corrupción, un mal que hasta el presente carcome los cimientos de nuestra economía, y en cuyo campo hoy más que nunca se precisa de muchos otros héroes, valientes y patriotas, para luchar contra ella.   

En efecto, los que están en el Panteón no fueron los únicos héroes que tuvo este país, pues hubo muchos más, figuras a las que es necesario recordar y cuya ejemplaridad hay que exaltar, a fin de que las nuevas generaciones sepan de quiénes heredaron lo bueno que este país les dispensa, quiénes hicieron posible esta república y a los que conviene imitar en sus virtudes personales y en su patriotismo.   

Pero la fecha de exaltación de la memoria de los próceres y héroes patrios debe servir también para repudiar a los antihéroes, aquellas personas que, puestas en funciones públicas, prefirieron servir a sus intereses personales egoístas, a sus vicios o pretensiones, demostrando así su desprecio por los intereses de la sociedad en cuyo seno nacieron y se hicieron ciudadanos.   

Los antihéroes no tienen una fecha conmemorativa, pero no debería olvidárselos, pues también constituyen ejemplos que hay que exhibir ante las nuevas generaciones para que sepan comparar y aprender a escoger los modelos a los que  seguir en el curso de la vida. Estos personajes, que aparecen todos los días en la prensa, muestran la otra cara de la moneda, la que contiene los aspectos más negativos del ser humano visto desde su condición de persona individual y social.   

Debería citarse como antihéroes, en primer lugar, a quienes utilizan sus cargos, sus funciones y atribuciones para ceder los más sensibles intereses patrios a Estados extranjeros, generalmente a cambio de fortalecer su poder político e incrementar su fortuna personal. Antihéroes son, por ejemplo, los políticos que negociaron y negocian las condiciones contractuales que crearon las entidades binacionales de Itaipú y Yacyretá.   

Antihéroes fueron y son también quienes detentaron y detentan ilegítimamente el poder político y aprovecharon y aprovechan los recursos públicos para convertir a sus partidos en el propietario del país, monopolizando los cargos, los contratos y las relaciones con el Estado; privilegiándose a sí mismos con negocios y negociados, corrompiendo y corrompiéndose, envileciendo la justicia, haciéndola administrar por sus secuaces, a fin de procurarse impunidad. Tampoco debe olvidarse a quienes subalternizaron a las Fuerzas Armadas, o pretenden hacerlo hoy, para convertirlas en brazo armado de un sector partidario.   

Ahora mismo, son también antihéroes quienes continúan utilizando los recursos del pueblo para formar los nuevos partidos, fortalecerlos económicamente y prepararlos para arrebatar a los adversarios sus votos electorales, fomentando aún más el clientelismo político y la distribución de prebendas como sistema operativo principal.   

Y lo son igualmente esos políticos que manipulan a los más necesitados, campesinos y habitantes de barrios marginales, corrompiéndolos políticamente, enseñándoles a utilizar la violencia, el amedrentamiento, la extorsión, la trampa y la mentira, como armas de su supuesta "lucha social".   

Si el Día de los Héroes nos muestra el camino de la virtud política y social, inspirado en quienes la tuvieron y la propugnaron, es desagradable pero didácticamente útil que nos enseñe también el sendero por donde transitaron y transitan estos antihéroes, para conocerlos, para esquivarlos y para impedir que sean presentados como los nuevos prohombres, nuevos líderes, nuevos modelos.   

Hoy en día, cuando en el Paraguay se necesitan todavía muchos paladines verdaderos, luchadores de una patria que aún no recibió de sus hijos todo lo que merece, es cuando más requerimos de la imitación a modelos auténticos. Por esto mismo, debe tenerse como un hecho singularmente significativo y acertado la conducción de los restos de Eligio Ayala al Panteón de los Héroes, el lugar desde donde seguirá inspirando a las generaciones de paraguayos a elegir el patriotismo como bien ético y virtud superior de la esencia del ser político y ciudadano.
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