13 de Setiembre de 2011 00:00
Más Estado gigante, inútil y corrupto
Según el proyecto de Presupuesto General, el actual gobierno tiene previsto crear otros 2.800 nuevos puestos públicos en el próximo período fiscal. En caso de aprobarse en el Congreso, Paraguay pasará a tener 14.
000 nuevos funcionarios desde que Fernando Lugo asumió el poder en agosto de 2008, alcanzando un total de 245.000 dependientes. ¿Qué "cambio" representa esto en comparación con el Estado elefantiásico, corrupto e inoperante que el Presidente heredó de sus predecesores colorados y que tanto cuestionaba durante su campaña política? Ninguno. Continuamos en las mismas, dilapidando los recursos del contribuyente.De acuerdo con los números manejados en el proyecto de Presupuesto General de la Nación, el actual gobierno tiene previsto crear otros 2.800 nuevos puestos públicos en el próximo periodo fiscal. En caso de aprobarse en el Congreso, Paraguay pasará a tener 14.000 nuevos funcionarios desde que Fernando Lugo asumió el poder, en agosto de 2008, alcanzando un total de 245.000 dependientes. ¿Qué "cambio" representa esto en comparación con el Estado elefantiásico, corrupto e inoperante que el Presidente heredó de sus predecesores colorados y que tanto cuestionaba durante su campaña política? Ninguno. Continuamos en las mismas: dilapidando en sueldos los recursos del contribuyente, sin perspectivas desarrollistas ni visión estratégica acerca de lo que debemos hacer para salir del atraso.
Así como está concebido, el Presupuesto General de la Nación del año próximo reproduce casi sin variaciones la definición de prioridades que se planteó el Poder Ejecutivo en los años anteriores, ya que aproximadamente un 85% de los fondos públicos se destinará a gastos corrientes; es decir, a sueldos, y solo el 15% restante se invertirá en infraestructura.
Es justamente por obra y gracia de este espantoso déficit en infraestructura que nuestro país ocupa uno de los últimos puestos, puntualmente el 122 de 140 países medidos, en el reciente Reporte Global de Competitividad 2011-2012, elaborado por el Foro Económico Mundial. Otra de las causas que explican tan pobre desempeño se debe a la existencia de una "burocracia gubernamental ineficiente".
La carencia de infraestructura es precisamente la que dificulta o retarda la radicación de inversión extranjera significativa en nuestro país. Lo repitieron hasta el cansancio ilustres personalidades que nos visitaron recientemente, como la ex ministra de Finanzas de Nueva Zelanda, Ruth Richardson, y la directora del Banco Mundial para el Cono Sur de las Américas, Penélope Brook. "Más y mejor infraestructura se traduce en mayor crecimiento económico. Más y mejor infraestructura conduce a una menor desigualdad del ingreso", afirmó esta última en una conferencia realizada este mismo mes. Consejos en los que, por supuesto, a nadie en el Gobierno le interesa reparar.
¿Quién vendría a radicar inversiones a un país en el que aún existe un déficit pavoroso en términos de servicio eléctrico, rutas, puentes, de accesos y caminos por los cuales hacer circular la producción y llevarla a los mercados nacionales y extranjeros, en el que el tren es una fantasmagórica reliquia del pasado y los aeropuertos están perdiendo su capacidad operativa por falta de tecnología? Sencillamente NADIE.
Y resulta que como el Estado dilapida la mayoría de sus ingresos en mantener una burocracia parásita y paquidérmica, no cuenta con el dinero que perentoriamente precisa para poder efectuar esas inversiones. Pero lo más grave es que ese mismo Estado se comporta como el perro del hortelano, que no come ni deja comer, porque tampoco crea las condiciones para que el sector privado participe, con su capital y su iniciativa, en estas áreas estratégicas de nuestro futuro desarrollo.
Ahí está como prueba la ley de concesión de aeropuertos, varada en el Congreso por una mera formalidad, debido a un debate insustancial en torno a qué debe entenderse por "pedido de urgencia"; y un Ejecutivo totalmente ambiguo y dubitativo, que por prejuicios ideológicos ni siquiera sabe si va a promulgar la norma, en caso de que esta alguna vez logre superar las paredes del Parlamento.
Por lo demás, es lamentable que en nuestro gobierno prevalezca una visión netamente fiscal, y que ella se sobreponga a una perspectiva económica orientada a la superación del atraso en que nos encontramos sumidos. De allí que el Poder Ejecutivo esté totalmente centrado en elucubrar los métodos destinados a crear nuevos y más gravosos impuestos, porque su única preocupación es pagar sueldos a un número cada vez mayor de funcionarios públicos. Esto es lo único que le interesa, "salvar el mes", con cálculo de bolichero antes que con mirada de estadista.
Con grandes anuncios presentaron desde el Gobierno un "plan de innovación estructural del Poder Ejecutivo", cuya finalidad es sumar ocho nuevos ministerios a los ya existentes. ¡Menuda forma de encarar el problema, creando nuevas estructuras para absorber más funcionarios!
Los diferentes partidos políticos de nuestro país deberían ponerse de acuerdo para adoptar las decisiones que, de una vez por todas, propendan a una sana reforma del Estado. Tal vez no resulte probable que lo hagan, ya que a quienes integran nuestra variopinta clase política, provengan del sector ideológico que sea, hasta ahora les preocupa más hacer crecer su clientela, ubicar a sus amigotes en las reparticiones públicas que promover el crecimiento económico del Paraguay y el progreso colectivo de sus habitantes, generando condiciones para dar empleo genuino y digno a todos. Ojalá estemos equivocados.
Nuestro país aún sigue aguardando la hora en que un mandatario serio, con talante de verdadero estadista, comience a pensar en las futuras generaciones y apunte a impulsar las políticas públicas que nuestro desarrollo requiere. Mientras continuemos teniendo gobernantes enfocados únicamente en pagar sueldos públicos y en reproducir el modelo de Estado mastodóntico e inservible que está vigente desde hace decenios, ninguna posibilidad de superación aparecerá en el horizonte para los hijos de este país.
Así como está concebido, el Presupuesto General de la Nación del año próximo reproduce casi sin variaciones la definición de prioridades que se planteó el Poder Ejecutivo en los años anteriores, ya que aproximadamente un 85% de los fondos públicos se destinará a gastos corrientes; es decir, a sueldos, y solo el 15% restante se invertirá en infraestructura.
Es justamente por obra y gracia de este espantoso déficit en infraestructura que nuestro país ocupa uno de los últimos puestos, puntualmente el 122 de 140 países medidos, en el reciente Reporte Global de Competitividad 2011-2012, elaborado por el Foro Económico Mundial. Otra de las causas que explican tan pobre desempeño se debe a la existencia de una "burocracia gubernamental ineficiente".
La carencia de infraestructura es precisamente la que dificulta o retarda la radicación de inversión extranjera significativa en nuestro país. Lo repitieron hasta el cansancio ilustres personalidades que nos visitaron recientemente, como la ex ministra de Finanzas de Nueva Zelanda, Ruth Richardson, y la directora del Banco Mundial para el Cono Sur de las Américas, Penélope Brook. "Más y mejor infraestructura se traduce en mayor crecimiento económico. Más y mejor infraestructura conduce a una menor desigualdad del ingreso", afirmó esta última en una conferencia realizada este mismo mes. Consejos en los que, por supuesto, a nadie en el Gobierno le interesa reparar.
¿Quién vendría a radicar inversiones a un país en el que aún existe un déficit pavoroso en términos de servicio eléctrico, rutas, puentes, de accesos y caminos por los cuales hacer circular la producción y llevarla a los mercados nacionales y extranjeros, en el que el tren es una fantasmagórica reliquia del pasado y los aeropuertos están perdiendo su capacidad operativa por falta de tecnología? Sencillamente NADIE.
Y resulta que como el Estado dilapida la mayoría de sus ingresos en mantener una burocracia parásita y paquidérmica, no cuenta con el dinero que perentoriamente precisa para poder efectuar esas inversiones. Pero lo más grave es que ese mismo Estado se comporta como el perro del hortelano, que no come ni deja comer, porque tampoco crea las condiciones para que el sector privado participe, con su capital y su iniciativa, en estas áreas estratégicas de nuestro futuro desarrollo.
Ahí está como prueba la ley de concesión de aeropuertos, varada en el Congreso por una mera formalidad, debido a un debate insustancial en torno a qué debe entenderse por "pedido de urgencia"; y un Ejecutivo totalmente ambiguo y dubitativo, que por prejuicios ideológicos ni siquiera sabe si va a promulgar la norma, en caso de que esta alguna vez logre superar las paredes del Parlamento.
Por lo demás, es lamentable que en nuestro gobierno prevalezca una visión netamente fiscal, y que ella se sobreponga a una perspectiva económica orientada a la superación del atraso en que nos encontramos sumidos. De allí que el Poder Ejecutivo esté totalmente centrado en elucubrar los métodos destinados a crear nuevos y más gravosos impuestos, porque su única preocupación es pagar sueldos a un número cada vez mayor de funcionarios públicos. Esto es lo único que le interesa, "salvar el mes", con cálculo de bolichero antes que con mirada de estadista.
Con grandes anuncios presentaron desde el Gobierno un "plan de innovación estructural del Poder Ejecutivo", cuya finalidad es sumar ocho nuevos ministerios a los ya existentes. ¡Menuda forma de encarar el problema, creando nuevas estructuras para absorber más funcionarios!
Los diferentes partidos políticos de nuestro país deberían ponerse de acuerdo para adoptar las decisiones que, de una vez por todas, propendan a una sana reforma del Estado. Tal vez no resulte probable que lo hagan, ya que a quienes integran nuestra variopinta clase política, provengan del sector ideológico que sea, hasta ahora les preocupa más hacer crecer su clientela, ubicar a sus amigotes en las reparticiones públicas que promover el crecimiento económico del Paraguay y el progreso colectivo de sus habitantes, generando condiciones para dar empleo genuino y digno a todos. Ojalá estemos equivocados.
Nuestro país aún sigue aguardando la hora en que un mandatario serio, con talante de verdadero estadista, comience a pensar en las futuras generaciones y apunte a impulsar las políticas públicas que nuestro desarrollo requiere. Mientras continuemos teniendo gobernantes enfocados únicamente en pagar sueldos públicos y en reproducir el modelo de Estado mastodóntico e inservible que está vigente desde hace decenios, ninguna posibilidad de superación aparecerá en el horizonte para los hijos de este país.






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