15 de Marzo de 2009 00:00

 

Más suave que la seda

Hace 5 años Karmita llegó desde Punta del Este a nuestro país, queriendo cubrir la demanda de buen gusto y ultrapaquetería de las damas paraguayas. “¿Cuero? No, en Paraguay no vas a vender”, le profetizaban, pero sus diseños conquistan hoy al círculo más selecto.

/ ABC Color

Uruguaya, de ascendencia sirio-libanesa, la diseñadora de moda Karmita Osta nos abre las puertas de su refinado local. Coqueta como siempre y de buen humor, lanza: “¡Pasá, pasá! Decime que estoy más linda que la última vez que me entrevistaste”. Su espíritu femenino precisa, como su moda, mantenerse en la cima. Llegó a Asunción hace 5 años. “Pero en los ochenta yo ya era bien conocida en Punta del Este –aclara–. Tenía un local de venta, y un día me di cuenta de que la mayoría de mis clientas eran paraguayas (las conocía por el acento)”.

–Y dijiste, “allá está el oro”.

–En este país, Dios no solo me dio otra oportunidad de vida (estuve gravísima en el 2001), sino de poder vivir de lo que me gusta hacer, de vender mis diseños y que la gente lo apruebe. No te creas que el oro es todo; no sería quien soy si no hiciera feliz a mis clientas. ¡El otro día una señora se quedó tan contenta con su ropa que me besó en la frente! (ríe). A mí me dicen: “Karmita, tu corte es mejor que el mejor de los argentinos; vos deberías estar en Nueva York”.

–Pero vos firme en la Asunción de 40 grados.

–Yo estoy muy bien, no es fácil lograr la mejor clientela de un país. En estos 5 años fui entendiendo más de la cultura. Mirá que les he vendido a norteamericanas, argentinas, brasileñas, chilenas, pero la paraguaya es exquisita. Una vez quise saber de dónde venía esa pomposidad, esa distinción, y Chiquitunga de Biedermann me dijo: “Lo heredamos de Madame Lynch”.

–¿Cuál fue tu mejor diseño en Paraguay?

–Cada clienta es única. Pero el vestido de novia de Margarita Brusquetti, en cuero nonato con cola de encaje antiguo, fue inolvidable. También el vestido de 15 para Florencia Reinau Abbate, o la capa de piel para Ani Maggi, el día de su boda.

–¿Qué solicita la adinerada mujer que llega a tu tienda?

–Ser admirada. Y yo le garantizo: “En la fiesta vas a dejar a todas desnucadas”. Así pasa, me lo cuentan al día siguiente. Tengo una relación muy cálida con mis clientas. Recuerdo que Annette Schimd (a quien le hice el vestido de novia) me contó que, gracias a una prenda que me había comprado, atrajo y conquistó al hombre de su vida.

–¿También te quieren los ecologistas?

–El hombre desde que pisa la tierra se abriga con cuero y piel, porque son materiales nobles. Yo respeto la naturaleza; trabajo con zorro, conejo, vaca, oveja..., no tengo nada en extinción, como lobo de mar. Las pieles que uso son de animales criados para esto, así como se crían aves para comer.

–¿Cuál es el cuerpo ideal para el cuero?

–No todas tenemos 90-60-90, pero yo hago que todas se vean esculturales. Tengo diseños como los que ves en vidriera: un country o un soirée canchero, porque mi diseño tiene siempre un toque juvenil.

–¿Qué trae la nueva temporada?

–En mi negocio encontrás todo el año para todas las estaciones. Pero, a ver (se prueba un bolerito de piel de conejo), este invierno si no tenés esto, no existís. Va sobre una chaqueta, con botas y jeans, de noche o de día.

–¿Será que este abrigo, con pelaje fucsia, lo vas a vender?

–¿Por qué te creés que soy tan feliz en Paraguay? Acabo de vender uno en turquesa. Vendo todo. El año pasado el mejor tapado me lo compró Bettina Ray.

–¿Alguna vez te negaste a hacer alguna prenda?

–(Piensa) Una vez, una señora se enojó porque quería un diseño sobre el que yo había prometido exclusividad. “¡¿Cómo que no me lo puede hacer?! Usted no sabe quién soy yo”, me dijo furiosa y se fue. Y es verdad, no conozco a todas las personalidades locales, pero sí sé qué es tener clase y educación.

–¿Cumplís una meta al ser diseñadora?

–No, el diseño es algo innato en mí (de jovencita empecé Arquitectura, pero dejé; mi papá no me lo perdona). Amo el cuero y las pieles desde niña; mi madre, que es paquetísima, toda la vida usó abrigos de piel. Después, conocí a mi marido (Heraldo, mi admirador número uno) en el negocio de su padre, que es peletero.

–¿Qué tela compite con el cuero?

–El cuero está en las mejores pasarelas del mundo. Con las nuevas técnicas hacés lo que querés. El cuero es más fresco que la licra, el jean, la seda, el lino. Eso está técnicamente comprobado. ¿O pensás que las novias que vestí estuvieron paradas como momias en su fiesta? ¡No!, ¡bailaron, se divirtieron!

–¿Cuáles son tus reglas de microempresaria?

–Sentirme muy segura de lo que hago, atender personalizadamente, tener precios accesibles. Dar exclusividad y, algo fundamental, tengo palabra.

–¿A qué diseñador admirás?

–Jean Paul Gaultier, porque, como yo, piensa que en la vida hay que arriesgar.

lperalta@abc.com.py
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