10 de Noviembre de 2010 00:01

 

Materia orgánica y suelo

Por Ing. Agr. Fernando Díaz Shenker

Materia orgánica y suelo_167062

Materia orgánica y suelo_167062 / ABC Color

Un suelo fértil, con adecuado nivel de materia orgánica y de buena estructura, debe poseer todos los nutrientes necesarios para asegurar el buen crecimiento y fructificación de las plantas en general. De esta forma, es posible obtener mayores rendimientos productivos, minimizar los efectos de la erosión y del agotamiento de suelos; regular mejor el ciclo del carbono en el suelo y con ello, mitigar los efectos del cambio climático.

Pese a su inestimable valor, en numerosos casos el manejo y conservación del suelo se dejan de lado, por intereses económicos que pesan más que cuidar este recurso al momento de encarar actividades agropecuarias. Otras veces, porque se desconoce su valor como recurso natural clave para mitigar los efectos del cambio climático y que termina por agotarse y degradarse; o porque no se dimensiona su importancia y valor estratégico como recurso natural para una producción animal y vegetal sustentable.

Fertilidad
La buena fertilidad de un suelo, parte de la existencia de un adecuado contenido de materia orgánica, cuya descomposición natural, mediante una gran diversidad de microorganismos existentes en su interior y en el suelo, es la que posibilita la liberación de sus elementos nutritivos que son absorbidos por las raíces de las plantas para su crecimiento y desarrollo. Entonces, para mantener la adecuada fertilidad del suelo destinado a la producción agrícola, es necesario, a partir de los resultados de un análisis de suelos, incorporar materia orgánica bajo la forma de abonos vegetales, estiércol de vacunos, de aves, de lombrices (lombricultura) y compost vegetal; además de emplear prácticas conservacionistas y no agotadoras de los suelos como la siembra directa y la labranza cero o mínima; y de practicar la rotación de cultivos.

Materia orgánica
La materia orgánica, como componente activo, mejora la estructura del suelo al permitir una mayor aireación e intercambio de gases; al favorecer el drenaje y suministro de agua a las raíces de las plantas, que de esta forma aumentan la superficie de exploración, con lo que las plantas dispondrán de suficientes nutrientes para su desarrollo.

Al mantener la estructura del suelo, la materia orgánica mejora la infiltración del agua, de lluvia y de riego; disminuye la evaporación y evita la compactación del suelo. Además, acelera la descomposición de los contaminantes que pudieran fijarse a sus partículas, reduciendo de este modo el riesgo de contaminación de las aguas.

Liberación de carbono
Según estudios, la materia orgánica del suelo es la segunda reserva de carbono más grande del planeta después de los océanos. Si bien la agricultura y ganadería intensivas y la incorporación de nuevas tierras a estas dos actividades, han logrado incrementar la producción de carne y de granos como la soja; una de las consecuencias negativas, es la reducción del nivel de materia orgánica de los suelos, con la consecuente oxidación de los mismos y la liberación de anhídrido carbónico a la atmósfera. De esta forma, el carbono que se libera, bajo forma de anhídrido carbónico, también denominado dióxido de carbono o gas carbónico, constituye el más importante gas de efecto invernadero (GEI), que incide en paulatinos incrementos de la temperatura media, una de las consecuencias perjudiciales y más notorias del cambio climático.

En síntesis, un buen nivel de materia orgánica en el suelo es el que asegura la fertilidad y calidad productiva de este recurso. La intensificación de la ganadería y agricultura, requieren del empleo de prácticas conservacionistas que minimicen las labores culturales y con ello la liberación de carbono a la atmósfera. El agregado de materia orgánica bajo forma de estiércol o de abonos verdes, de acuerdo a las recomendaciones del análisis de suelos, contribuye a mantener la estructura, vida y actividad de la microflora y microfauna para un mejor crecimiento y desarrollo de las plantas en general. De este modo se mitigan los efectos adversos del cambio climático y se reducen los problemas de erosión, degradación y hasta de desertificación de los suelos.

Conclusión
Los pequeños, medianos y grandes productores, al igual que los técnicos y extensionistas, junto con los estamentos gubernamentales vinculados al sector rural, tienen que aplicar y difundir aquellas políticas conservacionistas ya reconocidas internacionalmente y que han demostrado ser beneficiosas para la producción de alimentos y la preservación de la biodiversidad en el plantea. Por lo mismo, estos actores e instancias deben llamar la atención de los estudiantes y de la ciudadanía sobre esta interacción materia orgánica - suelos - cambio climático, principalmente por sus repercusiones actuales y futuras en la producción de alimentos y preservación del ambiente.

(*) Especialista en
Comunicación Rural.
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