15 de Junio de 2011 00:00
Mercosur: la hipocresía de la integración
A fin de mes se realizará en nuestra capital otra inservible reunión semestral de los presidentes del Mercosur que, sin embargo, según el canciller paraguayo será una nueva ocasión para renovar el "espíritu integracionista" entre los "pueblos hermanos" del bloque. Mientras esto ocurre, el Paraguay no puede vender su energía eléctrica al Uruguay porque Argentina no "concedió" la autorización para utilizar su red de transmisión, y bananeros argentinos cierran la frontera para impedir el paso del producto paraguayo. Esto, sin olvidar el reciente oprobioso bloqueo a cargas paraguayas en puertos argentinos, entre otras cosas. Esta nueva farsa que se realizará en Asunción será un marco "propicio" para refrendar una vez más la hipocresía y la falsedad.Reeditando el a estas alturas inservible rito semestral de reunir a los presidentes de los países miembros del Mercosur en algún punto de la región, práctica que de manera inalterable se ha venido repitiendo en las últimas dos décadas, el Ministerio de Relaciones Exteriores informa que, en esta oportunidad, los mandatarios se encontrarán en nuestra ciudad capital a fines del presente mes. Se trata, intentan explicar, de una nueva ocasión para renovar el "espíritu integracionista" entre nuestros "pueblos hermanos".
En declaraciones formuladas el fin de semana último, el canciller Jorge Lara Castro habló de las "bondades" del Mercosur, destacando que constituye una plataforma ideal para avanzar en materia de integración energética con los demás países de la región, enfatizando las oportunidades que surgen para el Paraguay de los problemas de abastecimiento existentes en Uruguay y Chile.
Sobre esta hasta ahora utopía, el secretario de Estado parece ignorar las declaraciones efectuadas una semana atrás por la viceministra de Minas y Energía, Mercedes Canese, quien tras ser recibida en audiencia por el presidente Fernando Lugo, indicó claramente que las negociaciones para proceder a la venta de energía eléctrica al Uruguay están casi concluidas, pero que ¡oh sorpresa! el negocio no puede concretarse porque Argentina aún no "concedió" la autorización correspondiente para utilizar su red de transmisión a fin de hacer llegar el producto requerido por los hermanos uruguayos.
Es así que mientras el gobierno del "cambio" se ufana argumentando que ahora sí somos realmente propietarios del 50% de la energía hidroeléctrica que nos pertenece de Itaipú y Yacyretá, resulta que, en la práctica, de poco sirve tenerla si, luego, con esa energía nada podemos hacer, ya que nuestros vecinos imperialistas nos impiden comercializarla.
Pues bien, esta hipócrita "integración" es la que Lara Castro defiende, una integración en la que nuestros vecinos más poderosos hacen lo que les viene en gana con los socios más pequeños del Mercosur, desdeñan sus opiniones y pisotean sus intereses. Una integración en la que tenemos que aceptar sin chistar las imposiciones que provienen de Brasilia y Buenos Aires.
Esta gran "integración" que proclama nuestro canciller es la que el año pasado nos costó colosales pérdidas en millones de dólares, cuando un grupito de sindicalistas argentinos, con la venia de su propio gobierno, aplicó un oprobioso bloqueo comercial contra el Paraguay en el puerto de Buenos Aires, reteniendo las cargas con destino a nuestro país, algo que contravenía expresas disposiciones del derecho internacional.
Este "modelo" integrador plagado de trabas arancelarias y paraarancelarias, en el que el libre comercio se asemeja cada vez más a una distante quimera, es el que promueve el ministro. Esta misma semana, productores argentinos impidieron el ingreso de bananas paraguayas al vecino país por la simple razón de que sus ventas se ven "perjudicadas".
Como si todo esto no fuera más que una anécdota pasajera, y haciendo gala de un optimismo que no se compadece de la realidad actual, el doctor Lara Castro volvió a solicitar el ingreso de Venezuela al Mercosur, alegando que "el momento de América Latina es promisorio y las condiciones son favorables, porque hay coincidencias de fondo de los gobiernos".
Podrá haber alguna coincidencia entre el díscolo militar que gobierna Venezuela, el gorila Hugo Chávez, y Fernando Lugo. Sin embargo, en lo que no hay ningún tipo de concomitancia es entre la despótica forma de gobierno que ejerce el controvertido caudillo caribeño y la cláusula democrática del Mercosur o Protocolo de Ushuaia, en la que se establece que "la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes".
Es así como, haciendo de cuenta que nada de esto fuera real o exigible para que pudiera existir una verdadera integración entre nuestros países, el canciller nacional promueve otro tipo de "integración": una en la que los únicos intereses válidos son los de los demás y lo que menos importa es reivindicar las grandes causas de la nación paraguaya.
Evocando y practicando esta retórica vacua sin ningún contacto con la realidad, el ministro de Relaciones Exteriores se prepara entonces para ser, junto con el presidente Lugo, anfitrión de la próxima cumbre del Mercosur. Una nueva farsa destinada a que los mandatarios puedan intercambiar puntos de vista en un ambiente distendido, cargado de cócteles y con foto oficial. Un marco "propicio" en el que, para el Paraguay, la única integración a ser refrendada será la de la hipocresía y la falsedad.
En declaraciones formuladas el fin de semana último, el canciller Jorge Lara Castro habló de las "bondades" del Mercosur, destacando que constituye una plataforma ideal para avanzar en materia de integración energética con los demás países de la región, enfatizando las oportunidades que surgen para el Paraguay de los problemas de abastecimiento existentes en Uruguay y Chile.
Sobre esta hasta ahora utopía, el secretario de Estado parece ignorar las declaraciones efectuadas una semana atrás por la viceministra de Minas y Energía, Mercedes Canese, quien tras ser recibida en audiencia por el presidente Fernando Lugo, indicó claramente que las negociaciones para proceder a la venta de energía eléctrica al Uruguay están casi concluidas, pero que ¡oh sorpresa! el negocio no puede concretarse porque Argentina aún no "concedió" la autorización correspondiente para utilizar su red de transmisión a fin de hacer llegar el producto requerido por los hermanos uruguayos.
Es así que mientras el gobierno del "cambio" se ufana argumentando que ahora sí somos realmente propietarios del 50% de la energía hidroeléctrica que nos pertenece de Itaipú y Yacyretá, resulta que, en la práctica, de poco sirve tenerla si, luego, con esa energía nada podemos hacer, ya que nuestros vecinos imperialistas nos impiden comercializarla.
Pues bien, esta hipócrita "integración" es la que Lara Castro defiende, una integración en la que nuestros vecinos más poderosos hacen lo que les viene en gana con los socios más pequeños del Mercosur, desdeñan sus opiniones y pisotean sus intereses. Una integración en la que tenemos que aceptar sin chistar las imposiciones que provienen de Brasilia y Buenos Aires.
Esta gran "integración" que proclama nuestro canciller es la que el año pasado nos costó colosales pérdidas en millones de dólares, cuando un grupito de sindicalistas argentinos, con la venia de su propio gobierno, aplicó un oprobioso bloqueo comercial contra el Paraguay en el puerto de Buenos Aires, reteniendo las cargas con destino a nuestro país, algo que contravenía expresas disposiciones del derecho internacional.
Este "modelo" integrador plagado de trabas arancelarias y paraarancelarias, en el que el libre comercio se asemeja cada vez más a una distante quimera, es el que promueve el ministro. Esta misma semana, productores argentinos impidieron el ingreso de bananas paraguayas al vecino país por la simple razón de que sus ventas se ven "perjudicadas".
Como si todo esto no fuera más que una anécdota pasajera, y haciendo gala de un optimismo que no se compadece de la realidad actual, el doctor Lara Castro volvió a solicitar el ingreso de Venezuela al Mercosur, alegando que "el momento de América Latina es promisorio y las condiciones son favorables, porque hay coincidencias de fondo de los gobiernos".
Podrá haber alguna coincidencia entre el díscolo militar que gobierna Venezuela, el gorila Hugo Chávez, y Fernando Lugo. Sin embargo, en lo que no hay ningún tipo de concomitancia es entre la despótica forma de gobierno que ejerce el controvertido caudillo caribeño y la cláusula democrática del Mercosur o Protocolo de Ushuaia, en la que se establece que "la plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes".
Es así como, haciendo de cuenta que nada de esto fuera real o exigible para que pudiera existir una verdadera integración entre nuestros países, el canciller nacional promueve otro tipo de "integración": una en la que los únicos intereses válidos son los de los demás y lo que menos importa es reivindicar las grandes causas de la nación paraguaya.
Evocando y practicando esta retórica vacua sin ningún contacto con la realidad, el ministro de Relaciones Exteriores se prepara entonces para ser, junto con el presidente Lugo, anfitrión de la próxima cumbre del Mercosur. Una nueva farsa destinada a que los mandatarios puedan intercambiar puntos de vista en un ambiente distendido, cargado de cócteles y con foto oficial. Un marco "propicio" en el que, para el Paraguay, la única integración a ser refrendada será la de la hipocresía y la falsedad.







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