22 de Marzo de 2009 00:00

| DANZA: MICROEMPRESA EN MOVIMIENTO

Paso a paso

Paola Sosa (21) pertenece al grupo de las más jóvenes profesoras superiores de danza. Empezó a enseñar a los 13 años. Hoy se divide entre la danza, el trabajo y la facultad. “Creo en mi generación –dice convencida–; somos los que vamos a levantar el país”.

Milonguera: Paola Sosa con uno de sus variados trajes de baile.

Milonguera: Paola Sosa con uno de sus variados trajes de baile. / ABC Color

Paola María Teresa Sosa Martínez se inició en danza a los 6 años y a los 13, “ya grande”, abrió en el garaje de su casa su primer salón de baile, cobraba 10.000 guaraníes, y acudían los chicos de su barrio (Campo Grande, Asunción). Aquel primer arranque le dio para pagar los libros del colegio y empezar su independencia económica. “Como soy hija de padres separados, maduré bastante rápido –cuenta con trasparencia–. Amo a mis padres. Mi papá (José Antonio) me ayudó a montar mi academia: ‘Paola Ballet’. Y a mi mamá (María Teresa) le debo mi realización profesional”. Paola es la única de 6 hermanos (4 de padre) que abrazó el arte. Formó parte destacada del ballet de Lilú Torres. Hoy afianza su propio grupo de baile, presentándose en la capital e interior del país. Además de la danza, nuestra entrevistada cursa el 5º año de Derecho (UNA) y es funcionaria del Poder Judicial.
–Las academias de baile parecen ser –siempre– un negocio sustentable.
–Creo que la demanda da para que todas funcionemos. Mi academia tiene 2 años, 30 alumnos (chicas y varones). Hago malabarismos de tiempo y presupuesto; contraté algunas profesoras que me cubren cuando tengo clase en la facultad; a ellas les pago con lo que yo gano otros días enseñando en otra academia. Voy de a poco; si necesito dinero, lo solicito en mi cooperativa barrial. –¿Qué es lo que más te costó aprender comercialmente?
–Me costó saber cobrar lo que valía mi trabajo. Pero cobro a conciencia, sé que estoy en un barrio y que la situación económica está difícil.
–¿Cómo sentís que toman las maestras antiguas la apertura laboral de las más jóvenes?
–Diría que bien, yo las respeto. Mi referente son Lilú y sus hijas; ellas mismas me impulsaron a independizarme y a amar el arte de una manera no egoísta.
–¿Qué enseñás?
–Danza clásica, paraguaya, ritmos latinos, jazz y árabe (muy requerido por la sensualidad y porque ayuda a la fertilidad).

–¿No quisiste o no pudiste hacer carrera como bailarina a nivel oficial?
–No tuve tiempo, terminé el colegio a los 16 años (en Sagrados Corazones de Jesús y María) y enseguida ingresé a la facultad.
–¿En qué quedamos: la ley o las chatitas?
–La danza no la voy a dejar, es mi parte soñadora. El derecho es mi realidad como ciudadana; voy a especializarme en niñez y adolescencia.
–¿Cuál fue el mayor desafío de tu carrera?
–En el 2006 me citaron, sin darme detalles, para un trabajo como profesora de danza. Cuando fui, me encontré con un grupo de chicos con síndrome de Down. La verdad, me asusté –no era sicopedagoga–, pero decidí aceptar y fue la mejor experiencia de mi vida. ¡Cariñosos, excelentes alumnos! Siempre digo que son ellos los que están bien y nosotros los que estamos mal.
–¿Cómo entraste al Poder Judicial?
–Por mi currículum, por mérito. Hice un año de pasantía. Mi cargo se llama Oficial de Secretaría.
–¿Qué hace una artista en un escenario tan cuestionado?
–Lo que pasa es que nuestro sistema legal está mal hecho. Los casos requieren un tiempo determinado, la gente no lo sabe y protesta porque todo es muy largo. Pero ahí adentro hay mucha gente que se mueve.
–¿Como “los inamovibles”?
–¿Vos querés mi cabeza, eh? (ríe). Estar arriba no debe ser fácil, son personas normales, con vida privada, familia. Este es un país con un historial difícil...
–Pero ellos no son jóvenes ni inexpertos; tampoco están obligados a quedarse; al contrario.
–Lo que te puedo decir es que yo apuesto por un Paraguay justo, apuesto al Poder Judicial; también hay funcionarios honestos, que trabajan.
–¿Apoyás el baile en la tele?
–Sí. Yo hice coreografías para “Liga de Titanes”, con Juan Carlos Amoroso. Luego “Rojo” y “Bailando” valorizaron el baile en nuestro país; un montón de chicos les pidieron a sus padres que los anotaran en academias. Incluso las mamás se contagiaron las ganas y tomaron clases. ¡Genial! ¡Nada mejor que bailar para desestresarse!
–¿Creés en los jóvenes paraguayos?
–Totalmente, somos los que vamos a levantar el país. Soy muy creyente; a Dios le pido todos los días por la unión de las familias. Y al Gobierno le pido fuente laboral; los jóvenes están desesperados por la falta de trabajo.
–¿Qué les falta a las nuevas academias?
–Poder utilizar los espacios públicos. Yo hice mi tesis en el teatro del Banco Central y fue un sueño, pero fugaz. Igual en el Teatro Municipal, el alquiler es imposible para las pequeñas academias; además, si concursamos para obtener fecha, siempre se privilegia a los ballets más antiguos. Es injusto, también somos paraguayas y queremos mostrar que trabajamos por la cultura.
–Lo último, ¿tu look “Shakira” te define femeninamente?
–(Ríe) Algunos me llaman así por mi cabello, pero todos me conocen sencillamente como “Paolita, la que baila”.


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