18 de Noviembre de 2011 19:00

San Roque González de Santa Cruz y su corazón inmortal

Por Oscar Lescano Barreto

Roque González de Santa Cruz, un sacerdote jesuita, el primer santo paraguayo, pasó a la historia luego de que su corazón permaneciera intacto tras su muerte en manos de nativos, quienes terminaron quemado su cuerpo en un pueblo de Brasil.

Santificado por el mismo Juan Pablo II, hoy es una de las figuras más veneradas de la cultura paraguaya, pero con una historia poco conocida.

Roque González de Santa Cruz nació en Asunción, Paraguay en el año 1576, hijo de Bartolomé González de Villaverde y doña María de Santa Cruz, una asuncena mestiza.

Su padre, Bartolomé, era un escribano, oriundo de la ciudad de León, España, quien llegó al Paraguay junto con la armada del Adelantado Pedro de Mendoza, relataba el sacerdote jesuita José Luís Caravias, en su programa Fe y Justicia, emitido por la radio Fe y Alegría AM.

Roque González, el último de los 10 hijos de Bartolomé y doña María tenía 12 años cuando llegaron a Asunción desde España los misioneros de la compañía de Jesús.

Desde pequeño, Roque demostró su vocación de religioso y su profundo amor hacia los indígenas, inculcado por su madre, doña María. A los 14 años dirigió su primera procesión realizada en un bosque, en honor a la Eucaristía.

 

Sacerdote y fundador de reducciones

Con solo 22 años es ordenado como sacerdote por el Monseñor Hernando Trejo y Sanabria, Obispo de Córdoba, y luego se convierte en párroco de la Catedral de Asunción, nombrado por el emblemático obispo Martín Ignacio Martínez de Mallea, más conocido como Martín Ignacio de Loyola, quien tenía parentesco con San Ignacio de Loyola, uno de los sacerdotes fundadores de la compañía de Jesús.

En mayo de 1609 Roque González de Santa Cruz ingresa a la compañía de Jesús, comenzando

así su misión de evangelizar a los pueblos nativos, deseo que lo hizo rechazar el ofrecimiento de ocupar el cargo de Vicario General de Asunción.

 

Roque González es nombrado apenas 2 años después de su ingreso a los Jesuitas, como superior de la reducción San Ignacio Guasu, la primera en Paraguay.

En su deseo de seguir evangelizando a los pueblos indígenas, Roque González de Santa Cruz funda una reducción en Itapúa (actualmente en territorio de Posadas, Argentina) en 1615 y para luego llegar hasta la ciudad de Encarnación, fundada el mismo año.

 

Así mismo, fundó otras reducciones, como la de Concepción de la Sierra en 1619 y 

Candelaria, en 1627, llevando consigo a todas partes un cuadro de la Virgen María, que lo ayudaba a la evangelización y conversión de los pueblos nativos.


Recorrió también Uruguay y el estado brasileño de Río Grande do Sul. Su misión no solamente consistía en evangelizar, sino también promovió  la construcción de casas, escuelas e iglesias.

Lo que nadie sospechaba es que su misión evangelizadora terminaría con su propia vida.

 

Muere el hombre, nace el milagro

El 15 de noviembre de 1628, hace 383 años, Roque González de Santa Cruz celebraba una misa cerca de Caaró, Brasil, donde planeaba construir una reducción jesuítica.

Allí fue atacado por indígenas, quienes se oponían a la instalación de reducciones en sus pueblos, al mando de un cacique llamado Ñesu.

Según cuenta la historia, solo la mirada de Roque González podría convertir a los nativos, por lo que el cacique Ñesu lo atacó con un hacha de piedra cuando estaba de espaldas, intentando levantar una campana.

Luego del ataque, otros indígenas tomaron su cuerpo junto al de otros misioneros y los quemaron. Es aquí donde nace el milagro que lo convierte en Santo; los nativos quedaron asombrados al ver que el corazón de Roque González de Santa Cruz no fue consumido por las llamas y el mito cuenta que habló con los nativos por medio de su corazón intacto y los invitó a arrepentirse de sus acciones y a convertirse al catolicismo.

El corazón de San Roque

 

El cacique Ñesu se asustó al ver que el corazón continuaba vivo, y luego de esuchar el milagroso mensaje que les dio, tomó su arco y le asestó una flecha, en un intento desesperado de desaparecerlo definitivamente.

 

Tanto el milagroso corazón de Roque González como el hacha de piedra se encuentran en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, desde el año 1960.

 

En 1931, el Vaticano lo beatifica y en 1988, el sumo pontífice Juan Pablo II, durante su histórica visita a nuestro país, lo convierte en el primer santo del Paraguay.

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