28 de Octubre de 2007 00:00

 

Todo lo que brilla

Neusa de López Larrea cumple 17 años trabajando para el esplendor femenino. Con satisfacción festeja haber conquistado y mantenido una sólida clientela. Sus joyas importadas y nacionales son un tesoro nada escondido y al alcance de la gente.

Seducida por la belleza y los buenos resultados que daba el comercio del oro, una Neusa de 17 años iniciaba la senda empresarial. Otros 17 años pasaron y actualmente –señora ya– comparte la empresa con su esposo (Oscar), llevando adelante 3 tiendas: “Neusa Dahiana” I y II y “Violeta”. “Empezamos con un pequeño local sobre la calle Brasil; el negocio floreció porque supimos interpretar las épocas, la demanda, la capacidad y el gusto del cliente”, revela la joyera. Ya cumplieron 10 años de participación en la Expo; sostienen sus ventas (mayoristas y al detalle) en Asunción, Encarnación, Pedro Juan Caballero, Ciudad del Este y Villarrica. Aros, pulseras, collares, anillos y dijes. Gargantillas, esclavas y tobilleras. Piedras preciosas y semipreciosas. La clave de Neusa es deslumbrar.

–¿Sigue siendo la plata el pilar de ventas?

–Sí, con una salida increíble. Trabajamos artículos de plata de Brasil, Argentina, Italia, Tailandia. Aunque ahora el oro repuntó en nuestro país.

–El oro era propio de la antigua mujer paraguaya.

–Sí, antes todas las mujeres tenían sus joyas, aquellas tradicionales que conocemos. El oro siempre fue una inversión. Incluso muchas personas humildes ahorran y lo compran porque es lo que más rápido venden cuando necesitan dinero.

–En estos últimos años, ¿qué cambió en el rubro?

–Muchísimas cosas. La gente ya no busca solamente lo que está de moda, además quiere exclusividad, pide diseños. Las joyas siempre salen aun no siendo artículos de primera necesidad.

–¿Tu público sigue siendo variado?

–Sin distinción. Gente de mucho poder económico, gente intermedia y con posibilidades más modestas. Comprar joyas no es solo vanidad, a veces es una medicina; las mujeres, por ejemplo, suelen comprar para levantar su autoestima, salir de una tristeza, de una traición.

–Toda una analista femenina.

–Es que los años me dieron olfato, intuición. En este negocio no todo es cálculo, hay mucho sentimiento.

–¿En qué te innovaste?

–Hice cursos de diseño en Brasil. Algo que no estaba en mis planes, pero que el mercado exige. Al final le tomé el gusto.

–¿Viajás mucho para actualizarte?

–Atrás quedó la época del joyero que atendía desde la silla, ahora evolucionás o tu negocio desaparece. Este año fuimos a una feria internacional que se hizo en Buenos Aires. En Israel me impresionó una fábrica de lapidación de diamantes. Tailandia es un mundo de tiendas especializadas. El Caribe es fantástico, podés ver personas negras con un diamante enorme incrustado en uno de sus dientes.

–Y China, ¿ofrece calidad?

–China tiene joyas muy buenas. Este año no alcancé a viajar a la última feria en Hong Kong.

–De Paraguay, ¿qué vendés?

–La filigrana, ahora vienen motivos modernos, muy bellos.

–¿Trabajás con joyas antiguas?

–Son fascinantes, tengo en mente hacer un curso. A nuestro país llegan coleccionistas buscando antigüedades; hay gente que tiene maravillas y ni se imagina el valor. Nosotros hacemos arreglos, limpieza y rediseño.

–¿Qué es lo más vendido y qué jamás pasa de moda?

–Los campeones en ventas son los anillos. Lo eterno: las cruces.

–¿Cuánto tardás en distinguir la autenticidad de una piedra?

–Una mirada, un instante.

–¿Cómo se convence al cliente para hacer una compra importante?

–Un buen vendedor de joyas debe saber explicar las bondades de la pieza. Si convenciste y el cliente te compra pero no se va contento, la venta no sirve. Ese cliente no vuelve.

–¿Qué armas de seducción nos trae la moda?

–Llegan los circones (piedras transparentes de colores). Este año se van a usar colores llamativos en piezas grandes. Vienen los aros de plata “inflada”, enormes y a la vez superlivianos.

–¿Nunca perdiste una joya valiosa?

–No. Mi hermano sí, se olvidó un anillo en el lavatorio del baño de un hotel... ¡y valía una fortuna!

–¿Qué hacés ante la inseguridad?

–Me preocupa principalmente porque soy madre. A mis hijos, Dahiana (17) y Oscar (12) los llevamos y traemos de todos lados.

–Trabajando tanto, ¿cómo controlás el hogar?

–Siempre hay que organizar. No me gusta mucho el tema de la casa. Solo cocino cuando mi marido quiere comer algo rico y casero.

–¿Con qué regalo de aniversario te sorprendería tu marido?

–Con una joya, claro. Me encanta todo lo que brilla.
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