Frankie Fonacide

Posteado por Pepe Costa el 21-02-2013

Ahora todos los creadores del monstruo quieren culpar a cualquiera de los errores cometidos… de las improvisaciones ejercidas con alevosía… del mejunje legal y el berenjenal presupuestario provocado…del malparido cuerpo legal hecho con buenas intenciones pero con males retazos y peores imprevisiones… Ahora… Ahora Paraguay…

Cuando algunos alzamos las voces críticas y señalamos los errores y las consecuencias nefastas que podrían tener varios artículos del proyecto de Ley FONACIDE, ciertos referentes del proyecto, que también de algunas de las ONGs muy “interesadas” en el mismo, se escandalizaron, se rasgaron las vestiduras, blandieron sus voces y plumas (las de escribir) y acusaron a los críticos de todo… hasta de supuestamente defender intereses multinacionales… Todo ello, con la misma inexactitud, liviandad e improvisación con las que promovieron el aludido proyecto de ley. Sin ton ni son. Sin mesura ni capacidad de previsión. Sin medir las consecuencias ni prever el descalabro que podrían causar.

Hoy día, y gracias a la pusilanimidad ya enciclopédica de los políticos y especialmente legisladores cuando algunos periodistas o cierta prensa blande sus páginas en pro o en contra de algo, el monstruo vive y goza de buena salud. Frankenstein Fonacide se pasea a sus anchas, mientras los majestuosos propósitos enarbolados con su creación siguen sin poder ser cumplidos. Y peor, habiendo causado incluso que nada menos que la política educacional del país se pulverizara y las responsabilidades sobre la misma se desperdigaran al punto de que nadie sabe qué hacer, cómo hacer y mucho menos para qué hacer. Quedó un archipiélago de responsabilidades que no tiene un timón, una conducción, una línea estratégica… y menos tendrá una ejecución. En este mejunje, resultan altamente culpables algunas organizaciones “de la sociedad civil”, con angurrias mal disimuladas y pretensiones de pontífices, apoyadas en algún que otro periodista con similares méritos. Tal vanidad hubo que ni expertos ni estudiosos de la educación, con aquilatadas experiencias, fueron consultados ni atendidos en sus críticas y advertencias.

El interés inicial, y no negado sino explícitamente admitido por algunos de los promotores de Frankie, ha sido sacar al MEC su presupuesto y sus atribuciones para decidir sobre política educacional… más explícitamente, según se podía ver en el proyecto original, en cuanto a la incorporación de TICs en la educación. Como esta última intención, tan burda, debió luego ser disimulada, quedó pendiente lo otro, el problema general de la política educacional. Un Ministerio de Educación que no puede ejecutar por sí un presupuesto que incluso no le dan, ¿qué política educacional puede desarrollar?

Nuevos chivos expiatorios

Pero la cosa no paró allí, como no pudieron hacerlo con el MEC, “tiraron” el fardo hacia Municipios y Gobernaciones, obligándolos por ley a supuestamente “ejecutar” el 80% de los royalties en infraestructura y almuerzo escolar para escuelas cuyas administraciones no pertenecen ni a municipios ni a gobernaciones, sin entender que el proceso burocrático de transferencias desde Hacienda a los gobiernos locales es mucho, muchísimo más complicado que a una entidad central como el MEC. Y sin medir que los mecanismos de ejecución, con sus procesos imbricados, se multiplicarían por 200. ¿No conocían esto los autores? Si lo sabían y actuaron adrede, culpables. Si no lo sabían y propusieron lo que se plasmó en la ley, improvisados. Zapatero a tus zapatos. Hoy dicen que el problema de la no ejecución está en los municipios y gobernaciones, tratando de salvar la propia irresponsabilidad-improvisación-negligencia-ineptitud demostrada a la hora de autoproclamarse legisladores.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno del Estado ineficiente. Y si los empedradores son referentes de la “sociedad civil”, algunos de los cuales lograron ubicarse luego como consejeros del FONACIDE, cómo no estarán contentos los ya de por sí ineptos políticos que con esto nos terminarán enrostrando, a la sociedad civil real, aquella que no presume ni pretende saberlo todo, las consecuencias de un monstruo legal que termina empeorando, en la práctica, la ya de por sí deteriorada situación de la educación.

Blindar fondos para la educación, o para cualquier necesidad real y urgente de la sociedad, es una buena idea. Como lo era la del Dr. Frankenstein al proyectar su criatura humanoide en la búsqueda de la supervivencia. Pero como en la novela decimonónica de Mary Shelley, la criatura legal superó a sus presuntuosos autores y causó estragos en la educación. Lección divina contra la vanidad humana. Lastimosamente, los inocentes niños y jóvenes pagan por los responsables, por los verdaderos responsables de este malparido monstruo.

 

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