Mentiras sobre como detectar mentiras

Posteado por Alex López-Rolón el 24-09-2016

¿Ha encontrado la ciencia un método basado en las neurociencias que es extraordinariamente efectivo en la detección de mentiras? Supuestos expertos en seguridad que tratan de vendernos sus servicios nos dicen que es así ¿Le están viendo la cara de menso? ¿Pero no es acaso el rostro el espejo del alma? Respire profundo, ponga los pies sobre la mesita de su sala de estar, prepárese la bebida de su predilección y permítame explicarle esto con ciencia en mente.

Ejemplo de un patrón de activación cerebral (asociado a una tarea) que sobrepasa cierto umbral estadístico en un estudio de IRM. Fuente: Wood, Nuerk & Willmes, doi:10.1016/j.neuroimage.2005.07.056.

Ejemplo de un patrón de activación cerebral (asociado a una tarea) que sobrepasa cierto umbral estadístico en un estudio de IRM. Fuente: Wood, Nuerk & Willmes, doi:10.1016/j.neuroimage.2005.07.056. / Gentileza

¿Ha encontrado la ciencia un método basado en las neurociencias que es extraordinariamente efectivo en la detección de mentiras? Supuestos expertos en seguridad que tratan de vendernos sus servicios nos dicen que es así ¿Le están viendo la cara de menso? ¿Pero no es acaso el rostro el espejo del alma? Respire profundo, ponga los pies sobre la mesita de su sala de estar, prepárese la bebida de su predilección y permítame explicarle esto con ciencia en mente.

 Según el genial Helio Vera todo paraguayo es abogado hasta que se demuestre lo contrario. Algo parecido podemos decir, pero de cada ser humano sobre este planeta. Aunque no nos demos cuenta, o no lo sepamos, todos tenemos nuestras interpretaciones y teorías sobre el comportamiento y el pensar de los demás. Todos actuamos como psicólogos que basan sus ideas en el sentido común, la intuición.

 La existencia de gente a la que consideramos muy tontas hace que muchos comediantes digan sarcásticamente que el sentido común es el menos común de los sentidos. Sin embargo hasta el más “tonto” trata de basar sus decisiones en lo que él o ella consideren sentido común. Es más, el punto de partida de muchos proyectos científicos es el sentido común.

 Sin embargo, la ciencia nos muestra que la psicología del sentido común es frecuentemente (demasiado frecuentemente) incorrecta. Cuanto más descubrimos, por medio de la ciencia, la forma en que funciona la mente humana, más nos damos cuenta que mucho es contrario a la intuición. No podemos explicar a la mente humana solamente con el sentido común.

 Hay un mecanismo mental que puede atraparnos en los confines de la psicología del sentido común. Tendemos a no admitir que estamos equivocados. A pesar de que se amontone una montaña de evidencia que contradiga lo que consideramos que „siempre se ha creído“ o que „todos dicen o saben“. Este es el caso especialmente si esas ideas están en armonía con ideas que consideramos muy importantes. Si la evidencia va en contra de creencias con las que tenemos vínculos afectivos fuertes y hiere nuestro orgullo, tendemos a rechazarla por ese solo hecho y no porque la evidencia en sí no sea buena. Esto último es lo que los psicólogos llamamos „razonamiento motivado“.

 Parte importante del antídoto es educar fomentando tanto la curiosidad como el admitir que nuestras ideas son incorrectas si el peso de la evidencia científica así lo indica. Para lograr esto necesitamos diseminar el conocimiento científico en términos que la gente pueda entender, pero no esperando que sea aceptadas como si fueran los artículos de fe de alguna religión. Necesitamos que la producción de conocimiento científico continúe.

 Necesitamos a los psicólogos experimentales, a los que dedican mucho de su tiempo a investigar. Antes del boom “neuro” que estamos viviendo, durante él, y sin duda alguna cuando lo “neuro” deje de hechizarnos tanto, muchos de los más importantes descubrimientos científicos sobre la mente fueron, son y serán el resultado del trabajo de psicólogos que aplican el método científico para comprender porque pensamos y actuamos de tal o cual manera.

 Es más, la psicología experimental tiene una relación especial con ciertas áreas de las neurociencias (neurociencia=estudio científico del sistema nervioso). Les proveyó teorías sobre como funciona la mente. Teorías basadas en el trabajo de generaciones de brillantes investigadores y miles de experimentos. Desafortunadamente aparecen hoy en día diseminadores del conocimiento científico que presentan viejos descubrimientos de la psicología experimental como si fueran meramente logros de la investigación neurocientífica actual.

 Hace ya mucho tiempo la psicología experimental alcanzó un nivel de desarrollo en el que habían sobre variados temas, diferentes teorías que competían unas con otras. Sucedió que la neurociencia coincidentemente había alcanzado un nivel de desarrollo en el qué tenía nuevos métodos, técnicas que podían ser usadas para estudiar que partes del cerebro se activan cuando hacemos alguna tarea. Con estas nuevas técnicas no había necesidad que la persona haya tenido una lesión cerebral, de abrirles la cabeza o que tuviese una enfermedad neurológica.  

 Estas nuevas técnicas podían ser usadas para comprobar que teoría de la psicología experimental se complementaba mejor con la actividad del cerebro que estaban registrando y viceversa. De está combinación de teorías y métodos nace una nueva disciplina científica llamada “neurociencia cognitiva”.

 Mucho de lo “neuro” que nos fascina hoy en día proviene de la neurociencia cognitiva. Aunque cada vez más gente se dedica a la neurociencia cognitiva, hay aún mucho menos gente que en otras áreas de las neurociencias. En las neurociencias, hay algo que llamamos “niveles de análisis”. La mayoría de los neurocientíficos trabaja en otros niveles de análisis. Así la mayoría estudia, por ejemplo, a moléculas que son muy importantes para el cerebro, o como se comunican las neuronas, o como funcionan grandes grupos de neuronas que son importantes para funciones como la visión, la audición, la capacidad de mover el cuerpo, etc. Y muchos también estudian como esos grandes grupos de neuronas trabajan con otras grandes grupos de neuronas relacionados a otras funciones. Son relativamente pocos los que trabajan en el nivel de análisis de la neurociencia cognitiva.

 La emoción es uno de los grandes temas abordados por la neurociencia en general y la neurociencia cognitiva en particular. Por ejemplo, la neurociencia cognitiva trata de descubrir las áreas del cerebro implicadas en el procesamiento de las emociones y como se asocian descubrimientos con actividades mentales como, por ejemplo, la memoria, la atención para solo mencionar algunas. En este caso también vemos que la influencia de estudios realizados primero por psicólogos experimentales, antes del nacimiento de la neurociencia cognitiva, son una referencia teórica importante, hasta esencial. Hasta se puede decir que sin este aporte no habría neurociencia cognitiva de las emociones.

 Desde el principio del interés de la ciencia en las emociones la expresión corporal de la emoción, en especial las expresiones faciales han sido objeto de numerosos estudios. El sentido común y hasta la literatura nos dice que el rostro es “el espejo del alma”.

 Y en el estudio de las emociones y las expresiones faciales es Paul Ekman el que marca un antes y después. Paul Ekman es hoy en día profesor emérito (jubilado) de la Universidad de California en San Francisco.   

 En un artículo publicado en 2016 en la revista Perspectives on Psychological Science el mismo Paul Ekman nos explica que su línea de investigación se basa mayormente en las ideas propuestas por Charles Darwin en 1872 en su libro “La Expresión de las Emociones en el Hombre y los Animales (The expression of the emotions in man and animals)“. En realidad estas ideas de Darwin son tan antiguas que encuentran su primera documentación en los escritos de Aristóteles.

 A diferencia de Wilhelm Wundt, fundador del primer laboratorio de psicología experimental en 1879, quien propuso inicialmente que las emociones se diferencian solo en términos de cuan intensas y placenteras son, Darwin pensaba que las emociones son innatas e universales y que hay un grupo de emociones que son identificables por cualquier ser humano. Ekman al principio pensaba que estas ideas eran incorrectas pero luego de realizar inclusive experimentos en la jungla de Papua Nueva Guinea tuvo que admitir que los resultados parecían confirmar lo propuesto por Darwin. Concluyó que la ira, el miedo, el asco, la tristeza, la alegría, la sorpresa y el desprecio no solo tienen expresiones faciales particulares sino que la emoción transmitida las expresiones faciales específicas a estas emociones son entendidas indefectiblemente por las que las ven. Por supuesto que hay otras emociones pero según Ekman estas son las que tienen tales expresiones faciales (comprensibles por todos).

 Según Ekman estas expresiones faciales son innatas (no aprendidas socialmente), y una persona que vive en la jungla de Papua Nueva Guinea puede reconocer la emoción expresada en la cara de una persona de una ciudad de EEUU y viceversa (son universales). Lo que variaría es, por ejemplo, que las circunstancias en las que un paraguayo expresaría o no cierta emoción en el rostro no serían las mismas en el caso de un japonés y que una determinada situación produciría diferentes emociones y como resultado diferentes expresiones faciales en un ruso que en un etíope.

 Sin embargo, el trabajo de Ekman, a pesar de ser aceptado ampliamente no está exento de detractores que objetan la forma en la que él hizo su investigación. Es decir, hay científicos que argumentan que sus resultados pueden ser interpretados de otras maneras si consideramos como se hicieron. Además hay también trabajos recientes de científicos como James Russell en el Boston College que parecen indicar que algunas expresiones faciales asociadas con la lista de emociones propuesta por Ekman no son ni innatas ni universales.

 A pesar de que todo aquel que haya estudiado psicología debería saber quien es Paul Ekman, él alcanzó mayor fama en EEUU por haber sido incluido en el libro „Inteligencia Intuitiva“ del famoso y frecuentemente controvertido escritor canadiense Malcolm Gladwell, y luego gran fama mundial por servir de inspiración a la serie televisiva „Lie to me (Miénteme)“.

 „Un momento“, estará usted pensando „¿Cómo se convierte Ekman en la inspiración de esa serie televisiva?“. De su estudio inicial que se concentraba en solo entender mejor la relación de las expresiones faciales y las emociones Ekman pasa a proponer con varios libros que se puede utilizar ese conocimiento para „vivir una vida mejor“.

 Le comento que seguramente por causa de mi condición de cínico a ultranza (de la que me avergüenzo de vez en cuando) cada vez que veo que un libro promete enseñarme „a vivir una vida mejor“ en sencillos pasos, mi ceja izquierda se arquea automáticamente y soy arrebatado por un sentimiento de irresistible escepticismo. Veamos que nos dice Ekman.

 Según Ekman se producen micro expresiones faciales en el rostro cuando tratamos de no mostrar la expresión facial que correspondería a una de las siete emociones que tienen expresiones faciales específicas. Y que si nos entrenamos podemos „leer“ esas micro expresiones faciales. Es más, el propone en su libro „Telling Lies (Contando Mentiras)“ que por medio de su curso de una hora de duración uno puede observar y entender esas micro expresiones y no solo eso, que por medio de otro curso suyo se pueden interpretar micro expresiones para predecir quien está por actuar de manera violenta. En el mismo libro argumenta que hasta personas cuyas profesiones requieren detectar mentiras pueden ser engañadas si no prestan atención a pistas en el lenguaje corporal, la voz, y las expresiones faciales que revelan que le están mintiendo.

 Ekman ahora tiene una empresa de consultoría llamada Paul Ekman Group que se dedica entre otras cosas a vender material online para el aprendizaje de la interpretación del lenguaje corporal para detectar que emoción expresa la gente o trata de ocultar

 Era una cuestión de tiempo, por supuesto que apareciese también en Paraguay gente que siguiendo el modelo de comercialización de Ekman ofrezca algo similar o lo mismo. Y que lamentablemente aparezcan también quienes ofrezcan interpretar hasta la personalidad en base a lo delineado por Ekman. Algo que el propio Ekman no propone. Y que aprovechándose de la popularidad mundial de todo lo “neuro” afirmen que son técnicas basadas en las neurociencias. No me malentienda, hay estudios en la neurociencia cognitiva que tratan de entender como reacciona el cerebro cuando la persona miente. Sin embargo estos estudios tienen poco que ver con las micro expresiones de Ekman. Decir que las micro expresiones de Ekman han sido validadas por la neurociencia es irónicamente una mentira sobre como detectar mentiras. Es cierto que encontramos un par de trabajos biomédicos que tocan el tema pero son realmente poquísimos, están enfocados en detalles poco centrales y no son suficientes para decir que la neurociencia confirma la validez de las micro expresiones.

 ¿Y porqué no se puede saber la personalidad usando las técnicas de Ekman? Se estará usted preguntando. Empecemos leyendo y parafraseando parte de la definición de personalidad que nos da el Diccionario Cambridge de Psicología, cuyo editor general es coincidentemente uno de los discípulos más famosos de Ekman, David Matsumoto. Allí encontramos que la personalidad se puede entender como un conjunto de cosas que se organizan para crear tanto las características únicas de cada persona como las características que tiene en común con los demás. Características que luego se traducen en una forma de comportarse que es típica de uno mismo. Este conjunto de cosas, son sistemas muy complicados que incluyen o integran nuestras tendencias, rasgos, valores, intereses, planes, motivos, la forma como nos entendemos a nosotros mismos y al mundo, nuestra experiencia emocional, etc.

 Creo que después de esta explicación no hace falta decirle que el estudio científico de la personalidad es muy complejo, tiene muchas limitaciones y no emplea técnicas casi mágicas con resultados instantáneos. Hay inclusive psicólogos cuya área de estudio científico es precisamente solo la personalidad (al ser esta suficientemente compleja). Tales expertos reales nunca ofrecerían explicarle la personalidad de alguien basado solo en el resultado de un test, ni mucho menos por medio de una foto o de un video de una entrevista a esa persona. No es para nada suficiente para evaluar la personalidad.

 ¿Y qué sabemos sobre el cerebro y las mentiras? Recuerda que le comenté que solo una pequeña minoría de los científicos se dedican a la neurociencia cognitiva. Una pequeña minoría de los que están en la neurociencia cognitiva se dedican a estudiar que pasa en el cerebro cuando mentimos. Así que no encontramos muchos trabajos científicos serios sobre el tema. Encontramos en el mayor catalogo de publicaciones biomédicas del mundo llamado PubMed y administrado por la Biblioteca Nacional de Medicina y los Institutos Nacionales de la Salud de los EEUU un artículo de 2009 de Kamila Sip, Andreas Roepstorff, William McGregor y Chris Frith en la revista Trends in Cognitive Science que nos presenta una revisión de estudios que han usado una técnica conocida como „imagen por resonancia magnética (IRM)“ para saber que partes del cerebro están probablemente mas asociadas con el decir una mentira.

 La IRM necesita un aparato que cuesta millones de dólares y un equipo de profesionales de diversas áreas para su funcionamiento y mantenimiento. Lo que implica que no cualquiera puede usarla. Así que le están viendo la cara de menso a usted cuando alguien le dice que está usando las neurociencias para analizar la foto de alguien para decirle algo sobre esa persona. Dicho sea de paso, no hay ninguna referencia a las micro expresiones de Ekman en este artículo pero algunos de los problemas que encuentran los autores son también relevantes en su caso.

 Este artículo identifica cuatro problemas con los estudios realizados hasta ahora usando IRM:

 (1) Aunque se pueden observar áreas del cerebro que parecen estar particularmente activas cuando se miente, no se puede afirmar que al observar meramente la activación de esas áreas la persona esté mintiendo necesariamente porque la sola observación de actividad cerebral no es suficiente para afirmar que alguien está exhibiendo un comportamiento socialmente tan complejo como el decir una mentira

 (2) Como estos estudios basan generalmente sus conclusiones en el análisis de datos de grupos de participantes no se pueden hacer afirmaciones sobre casos individuales con fines forenses. Sabemos como parecen comportarse las personas en general pero no sabemos muy bien como se comportaría un individuo. Y para que está técnica sea aplicada a casos forenses se necesita poder aplicarla a casos individuales. Además individuos implicados en casos forenses no son necesariamente comparables a los individuos en los grupos de participantes de un estudio que usa IRM

 (3) La forma de hacer los experimentos es poco realista porque implica que el experimentador le dé permiso al participante a mentir. Más realista sería que la persona mintiese espontáneamente pero para saber que lo hizo dependemos de que la persona revele que mintió

 (4) La actividad cerebral observada solo puede interpretarse si conocemos las actitudes y las creencias del participante. Las personas varían en su actitud hacía la misma mentira. Este tipo de contexto no se puede ignorar, pero muchos estudios deciden ignorar este hecho

 Aunque la psicología del sentido común nos diga, por ejemplo, que el rostro es el espejo del alma y el prefijo “neuro” suene convincente, infórmese sobre las limitaciones de los hallazgos científicos para no convertirse en el frustrado propietario de un bellísimo puente sobre un río de humo.

 

------------------------

Alex López- Rolón ( @xealleax ) es un psicólogo paraguayo formado en Japón (en japonés) en la Universidad de Chiba y especializado en neuropsicología cognitiva clínica y experimental en diferentes universidades, centros de investigación y hospitales europeos. Trabaja actualmente en Alemania como investigador del Departamento de Neurología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Múnich.

 

 

Reportar error

Enviar a un amigo