Así no podemos cambiar las reglas de juego

Posteado por Diego Zavala el 07-04-2017

Es importante respetar las instituciones que establecen las reglas de juego, y hacer que estas permanezcan en el tiempo, que sean predecibles. De esto depende la confianza de los actores en el sistema, les permite hacer inversiones sostenidamente en el largo plazo, factor esencial para la riqueza de un país.

 

La mayoría de autores que han trabajado sobre las tesis de desarrollo institucional, (entre los que podemos destacar a North y a Coase), han demostrado que los países con reglas de juego predecibles, de carácter general y orientadas hacia promover la libertad y el potencial creativo del individuo, son los países que han demostrado mayor crecimiento económico, motores necesarios para la prosperidad.

 

Por el contrario, los países que continuamente alteran sus instituciones (sus reglas de juego) son impredecibles, y no permiten que el individuo tenga confianza en el sistema, no permiten inversión, reduciendo sus posibilidades de prosperidad.

 

Es por ello que el respeto a las instituciones, es decir, a las reglas de juego, es la piedra fundacional para la construcción de países prósperos.

 

La Constitución del 92, con más sombras que luces, en sus más de 25 años de trabajo institucional, ha permitido una relativa estabilidad institucional a nuestro país. Por resaltar algunos puntos positivos: una Banca Central independiente de los vaivenes de la política, nos permitió una moneda estable, clave para el crecimiento. Derecho y libertades individuales aseguradas, incluyendo el respeto a la propiedad privada. Un sistema político donde el acuerdo político es la base del accionar de los poderes del Estado, donde ninguno, sea el Poder Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial, ninguno tiene más poder que el otro. Actuando cada uno en la esfera de sus atribuciones, se controlan y balancean el poder que cada uno tiene, controlando así que ninguno cometa excesos, dividiendo el poder. Este diseño institucional garantiza a los ciudadanos sus libertades y derechos, permite que confíen en el sistema trabajando e invirtiendo con tranquilidad.

 

Esta relativa estabilidad institucional nos permitió tener un ambiente político relativamente estable, una economía relativamente sana y crecimiento sostenido por varias décadas. Este resultado del diseño institucional de ya tiempo atrás (no es producto de esta Administración, como la propaganda oficial pretende instalar), es el fruto de reglas de juego diseñadas e instaladas tiempo atrás, y que se afianzaron con el respeto y aplicación sostenida en el paso del tiempo.

 

Es por ello que un cambio tan fundamental en el Contrato Social (la Constitución), donde a golpes y a porrazos, un sector político pretende imponer al resto de la ciudadanía acuerdos malandros hechos a sus espaldas, hechos sólo sirven para beneficiar unos pocos, nos permite afirmar con toda seguridad, que romperán con el diseño institucional instalado, y que hasta ahora nos dio buenos frutos.

 

Es por ello que esta alteración bastarda a las reglas de juego solivianta los ánimos. Ya la división llegó al seno de las familias, a los grupos de amigos o de la universidad, a la canchita de fútbol o de voleibol, llegó al asadito del fin de semana. En todos los lugares donde nos reunimos los paraguayos, este tema trae discusión y división de opiniones. Las discusiones, de ásperas se tornan agrias. Así no se pueden construir un país.

 

Que las reglas de juego deben ser mejoradas, es cierto. Que se puede discutir la reelección u otros cambios a la Constitución, es cierto. Pero estos cambios a las instituciones fundamentales de la República deben ser hechos abiertamente, por los procedimientos constitucionales establecidos, con la discusión y participación de todos los actores, y no como se pretende intentar ahora. Las reglas de juego no se cambian a las apuradas, en cuartos oscuros, ni para beneficiar a unos pocos. Así no vamos a desarrollarnos como país.

 

Desista Presidente de su intención; de persistir en su intención destruirá lo bueno que se hizo en nuestro país en las últimas décadas. Y esta exhortación va también para los que lo apoyan. Mucho daño se está haciendo al país con este capricho.

 

ASÍ NO cumpliremos la exhortación de nuestro Himno Patrio: “… Ni opresores ni siervos alientan, donde reinan unión e igualdad …”. ASÍ NO haremos nuestro país una tierra más próspera y feliz para todos. ASÍ NO.

 

*LLM Yale Law School

Ex Ministro de Industria y Comercio

 

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