Reelección

Posteado por Antonia Delvalle Castillo el 13-12-2016

Los políticos deben entender de una vez por todas que el Paraguay no necesita de ningún mesías ni único caudillo para salvar al Paraguay del atraso, por lo que no se puede imponer la reelección. Lo que se requieren son líderes con pantalones largos, que respeten las Constitución Nacional, las leyes e instituciones, y que se remanguen, trabajen en serio, que depongan sus intereses personales y ansias de poder.

Una gran mayoría de los paraguayos ya no estamos dispuestos a dejarnos someter por los caprichos de los mandamases de turno ni por dirigentes con ambiciones desmedidas. Entre estos sobresalieron en las últimas semanas el presidente de la República, el colorado Horacio Cartes, y el ex primer mandatario, el actual senador del Frente Guasu, Fernando Lugo.

El Paraguay no necesita perder el tiempo en discusiones estériles, sobre reelección. Las urgencias son otras, para lograr nuestro desarrollo, como crecer en infraestructura ya que después de Haití, quedamos nosotros como los más atrasados; igualmente se requieren líderes que no sean vende patrias y defiendan nuestros intereses en las binacionales, Itaipú y Yacyreta, por citar algunas necesidades.

Tanto Cartes, Lugo y quienes le hacen el juego deben tener presente que los hombres pasan y las instituciones quedan. Desde luego, un periodo no alcanza para poder cumplir con todas las promesas, que de hecho muchas, a sabiendas, son hasta si se quiere utópicas.

Por tanto el argumento de que un periodo es insuficiente para poner en marcha todos los planes de gobierno, es un argumento falaz. Ni 10 ni 15 años alcanzarán, y Alfredo Stroessner es la prueba más clara de que 35 años tampoco fueron suficientes, sino sólo sirvió para potenciar el caudillismo, el nepotismo, el servilismo, el prebendarismo, donde para los amigos o el correligionario todo y para el ciudadano común poco y nada, excepto cuando se requiere su voto para las elecciones, apelando a su necesidad y desesperación del momento.

Con nuestro pasado reciente, la atroz dictadura, que coartó las libertades, atentó contra los derechos humanos, sembró el terror, la intolerancia, nuestra frágil democracia no está en condiciones de soportar la reelección de ningún gobernante. Más todavía, atendiendo a que en el presente, se dan cotidianamente muestras de autoritarismo creciente así otras prácticas antidemocráticas que heredamos, y por tanto ser reelecto podría significar el pasaporte a intenciones de querer eternizarse en el poder.

 

 

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