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Katya

Posteado por Edwin Britez el 29-01-2012

No será el único ni menos el último viaje del Cóndor. El sigue rondando los alrededores del continente a la pesca de más víctimas. No se ha ido ni con Pinochet, ni con Stroessner, ni con Roberto Viola, y tampoco con Pastor Coronel.

Ayer vino y se la llevó a Katya. Ella, cansada de peregrinar en esta tierra en busca del padre desaparecido sin más esperanza de encontrarlo de nuevo con vida, se fue.

El Cóndor se llevó antes a “Chopelí”, su papá, paraguayo, en el año 1976, hace 35 años, de su casa en Buenos Aires. “Eran seis o siete individuos de civil que se identificaron como miembros del ejército argentino. Tomaron por asalto nuestra casa a las 6 de la tarde del 15 de octubre de 1976. Allí habíamos instalado un taller de electricidad, fuente de trabajo de mi esposo Federico Jorge Tatter Morínigo”, dice la esposa Idalina Radice de Tatter, extraordinaria e incansable luchadora desde entonces por los derechos humanos.

La familia Tatter Radice es una de las tantas que huyó perseguida por las secuelas de la revolución del 47. Don Federico (teniente de fragata) se alistó del lado de los revolucionarios y tuvo que salir corriendo a la Argentina, donde formó familia.

En 1950, Chopelí , como le decían sus amigos, fue expulsado de la Argentina por pretender organizar a los paraguayos exiliados y fueron a parar a Uruguay. En 1952 regresan a Paraguay donde permanecen hasta 1963 año en que regresan nuevamente a la Argentina acosados por las constantes detenciones y un juicio por quebrantar la ley represiva 294.

“Aquí desarrollamos una vida normal como la de cualquier familia dedicada al trabajo y a la educación de los hijos”,dice Idalina, la esposa, a quien sorprende el cinismo stronista cuando recurre a la CIDH – OEA, denunciando la desaparición del marido ante la sospecha de que lo deportaron secretamente al Paraguay en el marco del OPERATIVO CONDOR. La respuesta de los esbirros del stronismo fue que Tatter “nunca estuvo en Paraguay”, cuando que volvió con toda la familia en el 52 y permaneció hasta el 63, siendo procesado y apresado varias veces.

Doña Idalina, como toda esposa y madre, nunca perdió la esperanza de encontrar de vuelta al marido, pero los hijos, especialmente Katya, nunca pudo superar ese atropello de que fue objeto. Era portadora de una sonrisa contagiante (dicen que como era el padre) pero la tristeza por la violencia con que le arrancaron de su lado a Chopelí, nunca la pudo abandonar totalmente.

Como si eso fuera poco, en 1977 su marido, el médico Juan Felix "Pon" Bogado Gondra, fue procesado y condenado juntamente con otros jóvenes independientes de esa época, a dos años de prisión política. Apenas Pon abandonó la prisión, tuvieron que ir al exilio con toda su familia nueva. Al mismo tiempo, su cuñado Basilio debía huir también de la dictadura y partir al exilio mientras en la familia Laíno Guanes Gondra comenzaba también la persecución política. Ella misma y la madre fueron detenidas, retenidas y acosadas con sus hijos por el esquema del Cóndor internacional.

Era demasiado para una hija, madre y esposa. ¿Por qué tanto ensañamiento?. Era un entorno de persecución, luto y terror.

El Cóndor estaba merodeando permanentemente, esperando la oportunidad de llevarse otra víctima, esta vez, no por instrucciones de sus jefes ya casi todos desaparecidos de la faz de la tierra o en justa prisión, sino por el empuje natural de las secuelas imborrables que deja su macabra acción pretérita.

Como la gota del veneno que se deja caer en el curso del agua, las garras del Cóndor maldito van contaminando el espíritu de gente inocente a través del tiempo, pasando de generación en generación. Y mientras los hombres de cuellos blancos deciden amnistiar o cubrir con la impunidad a los criminales de estas nefatas acciones, los seres queridos siguen sufriendo 35 años después, y cuando creen que están por olvidar deben enfrentar nuevas heridas en sus corazones, como la ida temprana de Katya.

Perversa dictadura, ¿cuándo llegará el día en que terminen tus malditas secuelas, y se vayan definitivamente de nuestras vidas las heridas que causaron aquellos ruines profesionales de la tortura y la muerte?. Adiós Katya Tatter de Bogado Gondra.
 

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