La lucha por el medio ambiente también es social, económica y cultural

Posteado por WWF - Paraguay el 09-06-2017

Los recursos naturales se pueden comparar con un banco que resguarda el principal capital del Paraguay. Si hablamos en estos términos, podemos decir que estamos usando aceleradamente nuestros fondos y nuestro saldo está en “rojo” porque estamos gastando mucho más de lo que devolvemos a nuestro medio ambiente.

/ WWF - Paraguay

El desafío en este Día del Ambiente está en romper esa barrera mental que nos hace ver la contaminación del medio ambiente como algo lejano, que no nos afecta en el día a día. También en sentirnos realmente responsables, y no pensar que esa es una materia que tienen que resolver los ambientalistas y los políticos.

Todos nosotros podemos, desde nuestra casa o lugar de trabajo, aportar con nuestro granito de arena al cuidado de nuestro Planeta. Por ejemplo, reduciendo los desperdicios al consumir los alimentos, ahorrando el uso de agua, dejando de lado el uso del automóvil cuando es posible, involucrándose en acciones ambientales y siendo “consumidores responsables”, prefiriendo consumir los productos que vienen de lugares cercanos y/o que sabemos que se producen de una forma responsable.

La salud de nuestro medio ambiente repercute directamente en nuestra salud y la de nuestros hijos. En las ciudades está el grave problema de que todo fue pensado para los automóviles, dejando a los peatones, ciclistas y usuarios del transporte público de lado. Además, la falta de espacios públicos es agobiante.

Por otro lado, en la Región Oriental, la contaminación por agroquímicos y el actual déficit de bosques donde encontrar alternativas de subsistencia, hacen que la vida de los campesinos e indígenas se vuelva aún más difícil. No nos tenemos que olvidar que son justo estos grupos los más afectados, desde los comienzos de la historia del Paraguay, por una gran desigualdad de oportunidades.

Ahora bien, en el Paraguay tenemos desafíos y oportunidades. Los desafíos son evidentes, pero las oportunidades surgen entendiendo las nuevas exigencias de muchos de los mercados internacionales a la hora de importar productos de países en vías de desarrollo como el nuestro. Así, surge la oportunidad de que los productores paraguayos se hagan más competitivos produciendo más y mejor y respetando nuestro capital natural, nuestro banco: “los recursos naturales”.

Sin embargo, el sistema de implementación de las leyes ambientales es aún deficiente. Éstas vienen incumpliéndose sistemáticamente desde su creación, y no vemos acciones de compensación ni multas importantes. Y peor aún, tampoco vemos suficientes incentivos a los productores que están haciendo las cosas bien.

Para alimentar nuestro optimismo, tenemos una buenísima oportunidad, ahora que se vienen las elecciones, de exigir a los políticos que incluyan en sus agendas el tema de la implementación de las leyes ambientales, así como una mayor importancia para la educación ambiental en el currículum primario, secundario y terciario.

En un país con una sociedad tan golpeada por una vertiginosa desigualdad socio-económica, el medio ambiente nos pone a todos en la misma bolsa: estamos sumergidos en éste, seamos ricos o pobres, urbanos o rurales, indígenas o no-indígenas; y su deterioro nos afecta, tarde o temprano. Así que no hay excusas: la responsabilidad y el poder son nuestros.

 

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