Toma y retoma de colegios

Posteado por Ilde Silvero el 08-09-2017

Volvió de nuevo la toma de colegios públicos por parte de grupos estudiantiles que reclaman una mejor calidad de la educación paraguaya, en términos generales, y algunos puntos específicos en particular. Esta vez se incorporó un ingrediente no esperado: enfrentamientos violentos entre algunos alumnos y también entre padres de familias, tanto de los que están a favor como los que están en contra de la ocupación por la fuerza de los recintos escolares.

 

El tema es complejo porque admite diversos puntos de vista y rehúye conclusiones simplistas vinculadas con fanatismos o intereses políticos. Por eso, el recurrir a los puños, a los insultos descalificadores y a las calumnias no conducen a nada.

En primer lugar, la rebelión juvenil en pos de una mejor educación es, sin lugar a dudas, una actitud sana, loable y altamente recomendable. Como había dicho el papa Francisco: “Hagan líos, pero bien organizados”. Durante décadas, los chicos y chicas nunca se han manifestado en público para protestar por la mala educación que estaban recibiendo. ¡Y vaya si era y es mala que en el ranking mundial, Paraguay está en la cola en cuanto a nivel de educación se refiere!

Por tanto, está bien que reclamen y exijan mejorar nuestra situación en la materia.

En segundo lugar, este movimiento de ocupaciones ya se realizó el año pasado, con una serie de tomas de colegios y la consiguiente renuncia de la ministra del ramo, Marta Lafuente. Para sellar la paz y volver a las aulas, las autoridades nacionales se comprometieron a realizar una serie de acciones y llevar adelante proyectos concretos como lograr un aumento importante en el presupuesto del MEC, reparar de inmediato un centenar de locales que se estaban derrumbando y garantizar el almuerzo escolar para todos los alumnos de la primaria.

Asumió un nuevo ministro, se realizaron algunas mejoras edilicias en ciertos colegios, se incrementó el control en cuanto al almuerzo escolar y luego todo volvió a los antiguos carriles de la mediocridad y del así nomás ya está bien.

Ahora renació el furor estudiantil y, de hecho, son casi las mismas demandas que las presentadas el año anterior: más presupuesto para educación, almuerzo escolar sin discriminaciones, provisión de tabletas para todos y mejorar el sistema educativo.

Tercera observación: Las tensiones entre las partes subieron de tono, aparecieron algunos infiltrados presuntamente vinculados a políticos y hubo agresiones físicas tanto entre alumnos como entre padres.

Este es el punto particularmente peligroso porque entre los estudiantes y las autoridades no puede haber diálogo si se intercambian insultos y entre los grupos de alumnos y padres enfrentados entre sí, cabe esperar que se cumpla el antiguo principio de que la violencia solo engendra violencia.

Las escenas de injurias verbales y agresiones físicas se saben cómo comienzan pero es muy difícil anticipar cómo van a terminar.

Concluyendo: hay que bajar varios cambios, poner pelota al piso y tranquilizarse. Eso de que la violencia es la madre de la historia es una verdad a medias. Puede aplicarse a la política, pero no a las instituciones y los procesos educativos. Si queremos mejorar nuestra educación, el camino es la paz y la concordia entre todos, nunca el garrote ni los gritos de guerra.

 

 

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