¿Una Iglesia del siglo XXI?
La Iglesia católica sigue siendo una de las instituciones con mucha influencia en el mundo Occidental, principalmente en las naciones conservadoras. Con sus casi 1.200 millones de fieles, está instalada en casi todos los países del mundo. A pesar de sus dos milenios de existencia, hoy enfrenta una cr isis sin precedentes, no solo por la renuncia de su líder principal, el papa - Obispo de Roma, sino porque se enfrenta a una gran demanda de cambios internos que no se sabe si está dispuesta a enfrentarlas.
Durante su pontificado, Joseph Ratzinger se ha caracterizado por ser un papa de la línea dura del catolicismo, un intelectual protector de los dogmas religiosos más importantes de su comunidad mística. Restableció el latín y antiguas tradiciones ya perdidas con el papa Juan Pablo II. Defendió las doctrinas más conservadoras y se opuso a modernizar su iglesia, para adaptarla a las transformaciones del mundo contemporáneo.
Ratzinger será recordado también por ser el papa que se opuso al fin del celibato, al uso de preservativos, al libre mercado, al casamiento entre personas del mismo sexo y a la eutanasia, a pesar de tener la posibilidad de renovar completamente su religión. También hay que destacar que durante su gobierno no ha dado un lugar importante a las mujeres católicas que reclaman mayor protagonismo. Las religiosas siguen relegadas de las decisiones más importantes en el Vaticano.
Hay católicos que no se oponen al matrimonio gay, no están en contra de la inseminación artificial, no se escandalizan por las madres solteras ni intentan impedir que la ciencia explique racionalmente el Universo. Pero ellos, lamentablemente, son relegados de la escena internacional, por lo que la imagen de una Iglesia católica apostólica romana dogmática, irracional, oscurantista y antiliberal sigue presente.


