En el centenario de Epifanio Méndez

Posteado por Alberto Candia el 20-03-2017

¿Quién no tuvo en el Paraguay un familiar, un vecino, un amigo, un camarada en las Fuerzas Armadas o en la Policía, un correligionario en el Partido Colorado o en otras nucleaciones políticas, que no se haya autodefinido como “mendezfleitista” o “epifanista”, o que lo hayan “acusado” o motejado de tal, razón por la cual fue perseguido, apresado, torturado, exiliado, asesinado o simplemente marginado socialmente durante décadas?” (Epifanio Méndez Vall).

A propósito de esta reflexión de Epifanio (h), me viene a la memoria lo que el capitán Napoleón Ortigoza nos dijera en el “asado dominical” que sus camaradas le ofrendaran en la casa del teniente José Natividad Bóveda, a poco de regresar de España. 

En esa oportunidad rememoró que Alfredo Stroessner le acusó directamente que él era un oficial “revoltoso y candianista”, refiriéndose a su ex comandante de división mayor Virgilio Candia, a lo que contestó: “que él respetó y admiró mucho a su comandante pero que tal cosa jamás existió en la Caballería, que allí no había ‘corrientes internas’ ni ‘personalismos’, que era una unidad ejemplar, un cuartel institucional y muy profesional. En la Caballería empezaron los problemas desde que usted metió la mano en la unidad y empezó a pudrir a los subalternos. Che aikuaa la re’uséva, reipota a akusa lomitãme, tuicha rejavy nde tuja”.

Siguió contando: “esta descripción no le gusto para nada a Stroessner, acusó a todos los oficiales de traicioneros y conspiradores dando nombres incluso; y me señaló que todos íbamos a recibir nuestro merecido, afirmando: ‘nde ndaha’éiramo candianista, entonces nde epifanista’. Como acentuó, le contesté imperativamente: ‘ore nda ha’éi militar político ndéicha, no rojehe’ái hendiekuéra, somos militares profesionales y no somos insta de nadie’, con un rosario de amenazas, se dio vuelta y se fue”.  

Con estos recuerdos sumados a la reflexión de Epifanito, no me cabe la menor duda de que fue Stroessner, con el apoyo irrestricto de sus siervos y capangas, quien creó el mote de “epifanistas” o “mendezfleitistas” al solo efecto de marcar, endilgar, satanizar y decapitar a los competidores, críticos, independientes, virtuosos e institucionalistas que se mantenían fiel a los principios, valores, doctrinas y soberanía individual, colectiva y republicana. Epifanio Méndez Fleitas o el “epifanismo” fue un enemigo instituido por el “sistema cuco” de gobierno de Alfredo Stroessner.

El “mendezfleitismo” como corriente personalista del partido colorado, nunca existió. Fue un invento de “Tembélo”. Sí se puede afirmar que Epifanio pertenecía a la incipiente “línea democrática” del partido. Méndez Fleitas fue un acérrimo defensor de la democracia como sistema de gobierno, ampliando sus formas y aplicaciones sociales para la patria, procedimiento que lo volvió atractivo y muy popular. Esta concepción dogmática o filosófica, contrasta con la “línea dura” en boga dentro de la ANR, una nucleación histórica de hombres “no tan libres” y muy atada al arcaísmo de traficantes, mafiosos y dictadores.   

Vociferar “¡Epifanista!” o cualquier insinuación al respecto, era próximo a convertirse en un “paria social”, “marginal”, “peligroso” y “odiado” por la ciudadanía y por el statu quo instaurado bajo el mando del “führer vernáculo”.

Después del autogolpe de Stroessner llevado a cabo el 21-XII-1955, todos los ciudadanos “no alineado”, pasaron a ser “mendezfleitistas”, es decir, enemigos del general Alfredo Stroessner, que era igual a decir “contrera”, “conspirador”, “comunista”, “marxista”, “bolche”, “subversivo”, “guerrillero”, “terrorista” y cualquier adjetivo fruto de la metodología sistémica de persecución y aplacamiento.

Ser tildado o tener el mote de “epifanista” era grave, malo, terrible y diabólico. A Méndez Fleitas no había que leerlo en sus periódicos y mucho menos consultar sus libros, no se debería escuchar sus discursos, no estaba permitido difundir noticias sobre él, no había que interpretar sus obras musicales y nadie podía preguntar de quien se trataba este señor, tan siquiera para conocerlo. Estaba completamente proscripto.

Epifanio Méndez Fleitas, un adelantado de la claridad republicana, fue demonizado por el absolutismo imperante, porque su democracia y reputación eran irrebatibles y este catecismo aplicado, no permitiría la instauración de la inamovilidad o la perpetuidad de nadie en el poder, como si fuera una monarquía o dinastía de gobierno.

¿Por qué acusar de “epifanista”? ¿Qué corriente ideológica transcultural abrazaba Epifanio? ¿Qué de malo hizo contra el Paraguay? Ningún cuestionamiento tiene respuesta porque no hay motivos, razones ni fundamentos. Todo lo que se pregunte o se intente, cae en el vacío, ya sea por fragilidad o inconsistencia de los argumentos.

El próximo 7 de abril se cumplen 100 años del nacimiento de Epifanio Méndez Fleitas, siendo oportuno recordar esta admonición de un régimen brutal, una modalidad que mantuvo en vilo al país durante los 35 años de dictadura maléfica. Epifanio fue el “enemigo de novela”, creado y embalsamado por un sistema despótico de gobierno. 

 

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