La tiranía de Horacio Cartes

Posteado por Alberto Candia el 22-08-2017

...Un majareta cada vez más intoxicado… No respetar las instituciones para imponer su estricta voluntad, es tiranía. Aplicar atrevimientos a costa de los mandatos de la Constitución Nacional al solo efecto de usufructuar los bienes de la república en detrimento del pueblo, es tiranía.

Hacer caso omiso a los preceptos de la ley, de los poderes constituidos y a las solicitudes de la ciudadanía en general, es tiranía. Manipular la voluntad ciudadana al gusto y paladar de quien ostenta el unicato de poder, es tiranía.

Establecer un régimen político en el que una sola persona gobierna con poderes absolutos, sin someterse a ningún tipo de reglamentaciones y/o limitaciones y con la facultad dominante de promulgar y modificar leyes a su voluntad, es tiranía.

Someter a los opositores a reclusiones arbitrarias, persecuciones, exilios y utilizar las estructuras del estado para perseguir, denostar y obtener propósitos económicos y políticos, criminalizando los actos de los rivales, es tiranía.

Caminar en la ilegalidad con la ética al margen, bajo las sombras de las violaciones constantes y pisoteando las buenas costumbres y la moral ciudadana, es tiranía. No ver, no escuchar y no sentir los consejos, las peticiones y los clamores de la gente, es tiranía.

Aplicar el vacío, la indiferencia, el marginamiento y la discriminación, es tiranía. Un simple evento, una manifestación, una orden, una política y una acción puesta en marcha o emplazada en escena, es tiranía. Excluir, postergar, relegar, apartar, arrinconar, discriminar a todo un pueblo, es tiranía.

En consecuencia, el gobierno de Cartes es un enfermo crónico. No respeta a nadie. Sus actos lo confirman, nada le importa. Es la total anarquía del “mandamás” embriagado de poder. Un sibarita, autoritario, neurótico y gruñón, que impone por carecer de autoridad y respeto.

La tiranía está en su ente y le brota por los poros. Reinstaló la “orden superior”, funesto argumento para cometer atropellos y violaciones de lesa humanidad (imprescriptible). Y en este contexto murió el joven Rodrigo Quintana. Sin embargo, elude su responsabilidad, persigue, exilia y manda procesar a otros, encontrando “culpables” o fabricando “chivos expiatorios”.

Si a los mandatarios como Raúl Castro (Cuba), Daniel Ortega (Nicaragua), Nicolás Maduro (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), Hasán Rohaní (Irán), Kim Jong Un (Corea del Norte) y otros del mismo tenor, se les cuestiona por sus enfoques y procederes, entonces Cartes resulta peor, ya que en plena era de paz y en donde los anhelos populares descansan sobre esta marañosa seudodemocracia, anda de contramano al presente que le toca vivir al Paraguay y a la historia mundial.

Ya Noam Chomsky, filósofo estadounidense, sintetiza en su libro: “El ‘desvío neoliberal’ en Occidente acarreó ‘el fomento de la tiranía’”. Es lo que sucedió en nuestro país en estos 28 años, una terrible continuidad de la autocracia stronista.

Cuando me dijeron que Horacio no podía ser presidente de la república porque era un “enano rollizo y peligroso, con diligencias de hampón”, me pareció ese cuento exageradamente malicioso. Me di de bruces contra el piso. En estos 4 años confirmó totalmente el contenido de esta frase, que por lo visto, alguien que lo conocía muy bien, describió a la perfección su rutina y personalidad.

HC no piensa en el Paraguay y mucho menos en la población. No tiene querencia patriótica y social. Solo le atrae y le consume sus intereses personales. Sin valores ni principios, apuesta a la gente vaga y servil que lo ensalza, satisfaciendo a plenitud sus excesos y megalomanía.

Cartes quiere establecer en Paraguay un “nuevo orden” donde el será el jefe. Su acción ya nos recuerda a Nerón, Atila y Luis XIV, modelos arcaicos de otras épocas pero muy parecidos y puesta en marcha por el presidente paraguayo, rebosante de perturbaciones y veleidades.

Es increíble, solo puede suceder en nuestro país. Hace rato es pasible de un “juicio político” pero no lo hacen. En estos 28 años de postdictadura, nadie es mejor merecedor de tal proceso. Sus opositores están anestesiados o le tienen miedo. De otra manera no se explica tamaña parálisis o inacción del parlamento. La cobardía política es linaje de los idiotas y papanatas.

Se sabe que es un habilidoso manipulador de la justicia, tribunal abyecto y yvytuista que se ha sumido a sus pies. Al mismo tiempo, HC se las agencia para maniobrar, operar y tranzar con el poder legislativo, donde obtiene sus tajadas políticas y empresariales. Dispone de un gabinete obsecuente y trepador que espantosamente adultera toda disciplina y ordenamiento racional.

Y como ya perpetrara aquel delito de 1985 con los dólares preferenciales obtenidos del Banco Central para Humaita Turismo, Cartes pretende blindar su impunidad, por eso procura poner su propio presidente y aspira ser congresista (en contra de la CN) para favorecerse con la inmunidad de los fueros parlamentarios, una burda garantía a la impunidad.

Cartes unió a todos sus detractores contra él, disidentes, opositores e indecisos. El absolutismo es barbarie; la tiranía o autoritarismo es fracaso del gobierno, por más “pompas de jabón” que lance a los cuatro vientos para suavizar sus tropelías. La quema del congreso fue simplemente un acto heroico y una justa rebeldía del pueblo.

 

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