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Paraguay eliminada de los mundiales

Posteado por Alberto Candia el 23-10-2017

Fin de la empresa futbolera… Sucesivamente quedamos al margen de Brasil y Rusia… Suma y sigue… Senderos sinuosos, temperaturas difíciles, campos minados, ¡Cuántos obstáculos!... imposibles de sortearlos. Para Brasil 2014 fueron llamados 71 futbolistas, para Rusia 2018 estuvieron convocados 45 jugadores, siendo reiterados 30 de ellos. Participaron de ambos procesos 116 atletas en total, viejos y nuevos. El camino a los dos mundiales fue titánico, jadeante y desvelador. A lo largo de dos años, la ronda clasificatoria no dio tregua a nadie, tediosa, prolongada y opresora. Tanto escalofrío para quedarnos al final, con un nuevo fracaso a cuestas.

¡Y la dirigencia no aprende de las experiencias, mucho menos de la historia y ni que decir de las estadísticas! Nada quiere saber de la ciencia del deporte, solo anhela el éxito pasatista y superficial.

Después de la última participación de Paraguay en el Mundial de Sudáfrica 2010 y sucesivamente en la Copa América de Argentina 2011, el entrenador rosarino Gerardo “Tata” Martino tuvo la lectura perfecta del escenario futbolístico paraguayo. Había exprimido al grupo de jugadores hasta la última gota. Los veteranos se hallaban exhaustos y sin resto para al alta competencia.

El grupo no daba para más. Hasta ahí fue posible para esa prole que llevaba sobre sus hombros 4 torneos mundiales continuos y 5 torneos sudamericanos. El ciclo había concluido. Entonces, el entrenador principal emprendió la retirada, porque ya no había con que suplir inmediatamente para lo que se venía. Por entonces, las eliminatorias de Brasil 2014, se hallaba a dos meses de iniciarse.

¿Y porque no fue posible ese relevo, esa renovación generacional tan ansiada? Si el proyecto estuviese preparado y funcionara el eslabón o el engranaje con naturaleza, el cambio debería ser inmediato. Así lo hacen aquellos centros más desarrollados como Alemania y España (Europa); Brasil y Argentina (Sudamérica).

Pero en Paraguay, el problema es acuciante, grave, profundo, cultural. La nueva generación no está preparada para los grandes desafíos. Como los procesos de adiestramiento en el país no funcionan, entonces el recambio es nulo. Por ende, el fiasco está asegurado.

Aquí, las escuelas de formación no forman y no basamentan el desarrollo y crecimiento estructural de los futbolistas. Los entrenadores profesionales se encuentran con esa realidad deficitaria para la renovación, las nuevas generaciones no logran sustituir inmediatamente a los que se marchan, por falta de base, carácter y personalidad. Maduran muy tarde, casi veteranos.

Y al no funcionar las estructuras montadas para el efecto, todo se vuelve lento, tedioso y arcaico. Por lo general, en Paraguay, los futbolistas surgen por generación espontánea antes que por formación científica y criteriosa de las academias. Las divisiones inferiores de los clubes afiliados, no son correctivos ni indicativos, al contrario, acentúan la deformación y los desperfectos.

Por consiguiente, el fracaso de Brasil 2014 estaba cantado. No había tiempo para descubrir nuevos valores y esperarlos a que maduren y sustituyan a los veteranos. El “Tata” lo vio con claridad meridiana.

Esta metodología de “carrera de posta” no está pensada en Paraguay y mucho menos programada como para ejecutar los traspasos y renovaciones en pro de la meta. En esa coyuntura transcurrió el campeonato eliminatorio con la mayor debacle de nuestra historia, bajo el sistema de uno contra todos. Salimos coleros entre 9 equipos con 18 partidos de ida y vuelta.

Desde el principio, Paraguay equivocó el camino, más como producto de la corrupción dirigencial, local y global, que como consecuencia de las decisiones futbolísticas o profesionales propiamente dichas. Los tentáculos subterráneos solo prostituyen y degradan a los actores fundamentales del fútbol y sus secuelas deportivas son letales.

Metidos en chanchullos y con la mente dispersa, con la materia gris concentrada en los negocios y las macropolíticas, el equipo de fútbol pasaba a segundo plano. Por supuesto, la dirigencia tuvo que salvar el pellejo porque la tramoya maliciosa del deporte rey fue descubierta, siendo la caída de todos, estrepitosa. La desatención fue completa y no importaba objetivos nacionales ni logros internacionales. La gloria deportiva estaba arrojada al basurero.

Así se dejó correr, transcurrió la letanía. Procesos ausentes, formación deficitaria y objetivos indefinidos. Los males se agudizaron. Ausencia en los mundiales juveniles uno tras otro y ahora también en las de mayores.

La estadística es contundente, de 17 mundiales, solo en 6 hemos participado por méritos deportivos. Desnuda la precariedad de los proyectos y del desarrollo de las finalidades. Los empeños aislados y la puesta en marcha de los propósitos para el acceso al gran mundo deportivo, están equivocados.

Eliminado de Brasil 2014, ahora estaba las eliminatorias en ciernes, se traba de Rusia 2018. El problema y el déficit eran los mismos, en 4 años nada se corrigió, no hubo rectificación, ni siquiera agarraderos de donde asirse para rectificar rumbos y así evitar que se repitiera la historia del Mundial anterior.

Expuestos los problemas y a sabiendas de la terribles dificultades, se le contrató al técnico argentino Ramón “El Pelado” Díaz, quien sacó pecho y se animó a dar vueltas la situación. El timón estaba en las manos de un consagrado, acostumbrado a estas lides.

No rehuyó para nada, al contrario, se sintió encantado de afrontar los obstáculos, muchas veces superados por él en otras instituciones hasta el éxito final. Así, en esas condiciones, inició su etapa para el proyecto Rusia 2018.

Difícil misión y abrumador encargo para los nuevos jugadores. Sin embargo, a fuerza de golpes y sacrificios, de derrotas y filosas diatribas, los noveles jugadores tuvieron que madurar sobre la marcha y asumir la responsabilidad, de lo contrario, la derrota y el fracaso se repetirían.

Y lo más probable es que ya no serían tenidos en cuenta para otros proyectos u oportunidades futuras. Se trataba de golpear el yunque hasta doblar el pescuezo, no había alternativa.

No hubo tiempo para nada, había que apurar todo. La “fase” se inició muy desparramados, con titubeos y vaivenes, un equipo tan irregular como malo, casi sin personalidad, diametralmente opuesto a las características e identidad del fútbol paraguayo, factores que Díaz trató por todos los medios de rescatar y volverla primordial en el ánimo de los jugadores, como siempre fue el futbolista paraguayo y que lo ha caracterizado internacionalmente.

A la situación imperante, “El Pelado” dijo una verdad irrefutable, “para que no se repita la debacle de las eliminatorias Brasil 2014, debemos apurar la maduración de los futbolistas jóvenes”. Así, convocó por primera vez a Bruno Valdez, Jorge Benítez y Darío Lezcano, tres de sus “descubrimientos” más sorprendentes, siendo este último el goleador de Paraguay en las concluidas eliminatorias Rusia 2018.

La Copa América Centenario y algunos amistosos internacionales sirvieron para eso, para aquilatar a los jugadores, para adquirir roce y competencia internacional. Ramón apuntaló a otros que solo jugaron en las selecciones menores y por primera vez los convocó a la selección mayor para “mezclar” a esa juventud con la veteranía.

Codear a los jóvenes con los “famosos”, le dio resultado y los noveles se fueron afianzando como él pretendía. Convocó sucesivamente a Miguel Almirón, Juan Manuel Iturbe, Fabián Balbuena y a Derlis González, como así también a Oscar Romero y Antonio Sanabria, que venían de la eliminatoria anterior con escasa competencia. Estaba buscando perlas por todos lados, como si fuera aquella “aguja en un pajar”.

Pero desavenencias necias, estúpidas, imbéciles y tilingas de los dirigentes megalómanos y triviales, hicieron que repentinamente, Ramón Díaz presente su dimisión indeclinable. Y la dirigencia, en vez de entristecerse, se alegró.

Y ante su alejamiento sorpresivo, tomaría de nuevo la posta Francisco “El Chiqui” Arce -por segunda vez-, tratando de reinventar a una selección que estaba en el camino correcto dispuesto por su mentor, pero que el tiempo y el ánimo exitista dirigencial no le favorecía.

“Chiqui” llegaba con el estigma de su anterior eliminatoria donde le cortaron las alas anticipadamente y los medios le tildaron de “fracaso total”. Pero fue sabio y paciente en su retorno, le dio continuidad a los injertos para potenciar el equipo y volverlo competitivo en la élite. Algo de esto ya hizo en los clubes que estuvo y le dio resultado, además, conocía a los jugadores.

A lo largo de esta eliminatoria, “El Chiqui” sucumbió varias veces y estuvo en la cornisa como para hundirse al abismo en cualquier momento. Pero se negaba a morir, sacaba fuerza de flaqueza y solo en la recta final pudo erguirse con el grupo como para asomar el hocico e intentar un milagro que no alcanzó. Estuvo cerca, pero el golpe del nocaut no llegó, que de haberlo logrado, tendría tinte de hazaña.

En esta tesitura, surge la nueva camada que intentó una patriada. Ellos son: Antonio “El Tony” Sanabria (21), Robert Rojas (21), Ángel Cardozo (22), Miguel Almirón (23), Derlis González (23), Robert Piris Da Motta (23), Cecilio Domínguez (23), Gustavo Gómez (24), Junior Alonso (24), Juan Manuel Iturbe (24), los hermanos Ángel y Óscar Romero (25), Bruno Valdez (25) y Jorge “El Conejo” Benítez (25), una tribu en fila india, cuya marcha veremos hasta donde llega.

Otros más bisoños ya asoman sus virtudes, revelando interesantes proyecciones. Son tenidos en cuenta y de tanto en tanto llamados para acoplarse, promoviendo así el roce internacional y la maduración necesaria. “A masticar la filosofía vernácula”, se les dice. Ellos son: Blas Riveros (19), Sergio Díaz (19), Cristhian Paredes (19), Saúl Salcedo (20), Jesús Medina (20), entre otros que tratan de abrirse paso en esta puja.

Una generación intermedia con escasa participación, es la “generación puente”, la que tuvo que pagar los “platos rotos” al quedar eliminada Paraguay del Mundial Brasil 2014. Este grupo de jugadores pretendió recuperar el “tiempo perdido” y procuró insertarse en el proceso de Rusia 2018 para conseguir un protagonismo en la etapa madura de sus carreras. Fracasó de nuevo. Para Qatar 2022 seguramente ya no estarán.

Entre ellos se encuentran: Federico Santander (26), Fabián Balbuena (26), Richard Ortiz (27), Darío Lezcano (27), Jorge Moreira (27), Lorenzo Melgarejo (27), Juan Patiño (27), Alfredo Aguilar (29), Iván Piris (28), William Mendieta (28), Antonio Bareiro (28), Hernán Villaba (28), Celso Ortiz (28), Joel Silva (28), Hernán Pérez (28), Gustavo Mencia (29), Rodrigo Rojas (29), Marcos Riveros (29), Roberto “Junior” Fernández (29), Édgar “El Pájaro” Benítez (29), Víctor Ayala (29) y Néstor Camacho (29).

Los “viejos” tienen su historia acopiada. Algunos ya retirados, aportaron sin embargo su granito de arena, cooperando con algunos minutos de juego para intentar lograr el objetivo de llegar a Rusia, estuvieron los de siempre, esos que están prestos para el combate ante la movilización de apechugar y defender la casaca nacional, hasta la última gota de oxígeno.

Esos experimentados, todos treintañeros, son: Pablo Aguilar (30), Raúl Bobadilla (30), Osmar Molinas (30), Marcos Cáceres (31), Osvaldo Martínez (31), Miguel Samudio (31), Eduardo Aranda (32), Lucas Barrios (32), Víctor “El Topo” Cáceres (32), Antonhy Silva (33), Néstor Ortigoza (33), Nelson Haedo Valdez (33), Oscar “Tacuara” Cardozo (34), Cristian Riveros (34) y Salustiano Candia (34).

Y entre los veteranos, cuasi cuarentones, los “abuelos” de los campos verdes gritaron: “a la orden”… y a pesar de sus “muletas”, aquí les citamos: Jonathan Santana (35), Jonathan Fabbro (35), Santiago Salcedo (36), Roque Santacruz (36), Diego Barreto (36), Paulo Da Silva (37), Darío Verón (38) y Justo Villar (40).

Estos “ancianos” dejan una escuela doctrinaria de la competencia. Curtidos en la guerra a pecho gentil, enseñan el “espíritu aguerrido” para que brote en los nuevos atletas y en los momentos clave de una contienda, emerja “con abnegación y valor, hasta vencer o morir”.

Este paso dado, llamado “relevo generacional” -por azar y no por metodología- , ya le está costando a Paraguay sacrificar dos mundiales, donde los históricos sucumbieron en forma aplastante quedando en la última posición de Sudamérica en Brasil 2014 y séptima en Rusia 2018, una competencia de 10 países a 2 ruedas de uno contra todos.

Y para el siguiente Mundial de Qatar 2011 habría que hacer malabares, sacudir a la dirigencia, a los actores externos, al estado paraguayo; porque sencillamente podríamos quedar afuera de nuevo, el torneo ecuménico más importante del planeta. El panorama es sombrío y si no tomamos medidas correctivas profundas y con mucho tiempo de antelación, un nuevo fracaso lo tenemos en ciernes.

 

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