Se jugaba mucho anoche y evidentemente a Olimpia, que tenía una leve desventaja tras el primer partido (2-1), no ingresó como debía ser y la mayoría de los jugadores no respondieron en ese momento al reto que tenían enfrente, pues hubo evidentes flaquezas en las líneas del equipo.
No fue el Olimpia de otros partidos y se notó desde un principio, generándose una incertidumbre en cuanto al futuro en el trámite del compromiso, más aún cuando Tigre manejó el control del balón, llegó un par de veces y cerró los conductos del Franjeado, poblando siempre la zona defensiva y el mediocampo, con un jugador desequilibrante como Pérez García, que complicó a la zaga decana.
Solo el trabajo de Salgueiro relucía por entonces, mientras atrás había dudas, en el medio Richard no se acomodaba por completo y Bareiro peleaba todo, pero sin la claridad necesaria.
La imagen de Olimpia del primer tiempo no agradó y Ever Almeida, consciente de la situación, envió al campo a Juan Carlos Ferreyra y Jorge Báez para la etapa final.
Hubo un cambio de actitud general y a sabiendas de que solo quedaban 45 minutos, Olimpia comenzó a empujar en todas las zonas, tratando de alcanzar su primera anotación.
La nueva imagen decana produjo su consecuencia con el primer gol, cuando tras un córner de Salgueiro la pelota quedó a disposición de Bareiro, quien, con fuerte remate de izquierda, introdujo el esférico en el arco de García. El tanto llegó en un momento fundamental. A partir de ahí cambió el proceso, puesto que Tigre, con la desventaja, salió más de su predisposición, a esperar a Olimpia.
No pasó mucho tiempo y, en una jugada confusa en el área del equipo argentino, Richard Ortiz peleó el esférico y finalmente el zaguero de Tigre Paparatto, en su intento de despejarlo, lo empujó adentro para el 2-0.
Ya con la ventaja, Olimpia capeó la reacción de la visita y pudo mantener el resultado de la clasificación a cuartos de final.
