• 19-08-2017

    Juntos en la podredumbre

    En cada caso judicial que compromete a un político, sea que esté en el poder, lo haya estado recientemente o aspire a competir por él, se puede observar la radiografía de nuestras instituciones envilecidas por quienes tienen que protegerlas y dignificarlas. En el caso del extitular del MOPC Salyn Buzarquis, acusado por la fiscalía de lesión de confianza y usurpación de funciones, trascurrieron dos años sin que los trámites del expediente hayan siquiera alcanzado la etapa de la audiencia preliminar. Buzarquis se permitió presentar nueve recusaciones en su expediente judicial. Los políticos utilizan a la Justicia como instrumento para lograr uno de dos fines principales: amedrentar, castigar, perseguir o sacar de la cancha a sus adversarios, o favorecer a quienes quieran premiándolos con el privilegio de la impunidad. Así se explica que tantos exfuncionarios estén procesados penalmente y que sus juicios marchen a paso de tortuga, en algunos casos, y cual veloz rayo en otros. A este punto extremo llegamos de la mano de los politiqueros y de sus partidarios, los jueces venales y cobardones. Los ciudadanos y las ciudadanas deben repudiarlos allí donde los encuentren.

  • 18-08-2017

    Candidatos de cuarta ahuyentan a los electores jóvenes

    Preocupada porque la participación juvenil en las próximas elecciones generales podría ser escasa, la Justicia Electoral llamó a unos concursos promocionales para alentar a que los ciudadanos de entre 18 y 30 años concurran a las urnas. Hay buenas razones para dudar de que la iniciativa aliente a los jóvenes en tal sentido, dado que, en lo que a su calidad respecta, la oferta de candidatos será nuevamente despreciable. Ante semejante perspectiva, resulta muy difícil convencer a nuestros jóvenes de que depositando su voto en favor de unos candidatos impresentables habrían de contribuir al fortalecimiento de la democracia. A ellos se les debe instar, más bien, a que intervengan en la vida política para ir desplazando a esos multimillonarios que desde hace demasiados años están prostituyendo la función pública. Se trata, entonces, de que los jóvenes que crean tener vocación se vuelquen a la política para regenerarla, sin colgarse del saco de ningún cacique, es decir, sin pasar a formar parte de la “tierna podredumbre”, que también existe. Los frutos de su participación no serán inmediatos, pero alguna vez habrá que empezar a depurar la actual atmósfera pestilente, desplazando a la escoria que hoy vuelve hediendo el panorama político nacional.

  • 17-08-2017

    Los parásitos del Parlasur

    Es un verdadero escándalo que, desde 2007, nuestros 18 representantes paraguayos en el Parlasur le arranquen al erario más de siete mil millones de guaraníes anuales (1,3 millones de dólares), para reunirse de vez en cuando en Montevideo para debatir sobre asuntos que luego no tienen ninguna repercusión práctica en los países socios del bloque. En el 2015 no se reunieron ni una sola vez, y el año pasado lo hicieron apenas tres o cuatro veces, lo que revela que su labor es totalmente intrascendente para los contribuyentes de los países que los sostienen. Puede afirmarse que los paraguayos no conocen a la mayoría de sus costosos “representantes” ante el organismo regional, así como tampoco conoce a la mayoría de los legisladores locales que les caen empaquetados en las “listas sábana”. A la elevada suma ya mencionada en salario de los parlasurianos, debe agregarse lo que consumen los 50 funcionarios que están a su servicio sin tener nada que hacer, representando en total unos 24.555 millones de guaraníes (4,4 millones de dólares) en concepto de sueldos, pasajes y viáticos. No hay por qué seguir soportando el despilfarro, que en los últimos diez años ascendió a nada menos que 40 millones de dólares. Se le debe poner fin a tanto derroche.

  • 16-08-2017

    Políticos inescrupulosos convierten al Guairá en un estercolero

    Hay hechos insólitos en nuestra política criolla que ya no asombran a nadie, lo que habla de que los paraguayos, por repetido, nos hemos acostumbrado a lo irregular, a lo sórdido y a lo tramposo, viéndolos como elementos naturales de la actividad política, ámbito en el cual “vale todo”. A esta categoría de sucesos pertenece el conflicto suscitado en el ámbito político del departamento del Guairá, en el que el gobernador Rodolfo Friedmann supuestamente presentó su renuncia ante el Consejo Departamental, que, en consecuencia, el pasado 3 de marzo, dictó dos resoluciones: una, “aceptando” la renuncia del gobernador –que este dijo no haber presentado–, y otra, nombrando en su reemplazo al consejero Óscar Chávez. En un momento dado el Guairá llegó a tener hasta tres gobernadores. Sin entrar a analizar en detalle tan intrincado asunto, lo digno de destacar en estos episodios es cuán poco valor tienen la ley, las formalidades y las autoridades gubernamentales en nuestro país. Muchas de estas últimas, en el manejo de los negocios de interés público, se comportan como si estuvieran disputando una competencia deportiva. Este es el podrido nivel en que se mueven estas autoridades del Guairá.

  • 15-08-2017

    Asunción está estancada

    El aniversario número 480 de la Fundación de Asunción nos convoca, como solemos hacer cada año, a echar una mirada sobre nuestra ciudad capital para verificar si algo cambió para bien, como sus administradores municipales, desde hace varias décadas, vienen anunciando que ocurrirá. El tal progreso de la ciudad, no obstante y por más buena voluntad que se ponga en el juicio, es de pronóstico desolador. Los viejos males de nuestra Municipalidad persisten año tras año, periodo tras periodo, intendente tras intendente, no importando quiénes sean ni a qué color del espectro político pertenezcan. Y esa lamentable observación vale también para los concejales, algunos de los cuales están atornillados a sus bancas desde hace tres o más periodos. En cuanto a los aciertos, si los hubo y hay, no tienen el impacto suficiente para conmover a la ciudadanía capitalina que paga sus tributos. Asunción, “la muy noble y leal”, merece mucho mejor tratamiento que el que recibe de sus autoridades. Su comuna dispone de los recursos suficientes y de una población que todavía no supera los límites de la gobernabilidad. No existe problema que en sí mismo pueda calificarse de insoluble, aunque, en la práctica, casi todos ellos lo son.

  • 14-08-2017

    Los paraguayos somos rehenes de las “listas sábana”

    La ministra de Hacienda, Lea Giménez, trata de apretar los tornillos a los contribuyentes de siempre porque los ingresos actuales ya no alcanzan para mantener el creciente número de familiares y activistas que los políticos van incorporando cada vez más a la función pública. Valga como ejemplo el caso de la diputada María Carísimo (PLRA), que instaló en la Cámara Baja a dos hijos, una nieta, un sobrino y una nuera. La cínica legisladora supera el cupo de hasta tres contratados o funcionarios públicos que puede “tener” cada diputado, según un acuerdo interno vigente, a los que deben sumarse unos “asesores” externos también de discutida capacidad y utilidad. Algo similar ocurre en el Senado, de modo que Juan Pueblo debe alimentar a numerosos parásitos por el mero hecho de estar vinculados a algún “representante del pueblo”. Cabe preguntar: ¿cómo es que los políticos siguen sacando dinero a los que trabajan? La respuesta es simple: esto ocurre porque diputados y senadores solo se sienten responsables ante los capitostes de sus partidos que los instalaron en las “listas sábana”, según el dinero que aportan, y, en consecuencia, la Justicia no les alcanza.

  • 13-08-2017

    Ponerle el hombro a la democracia

    Durante la dictadura del general Stroessner el régimen instauró la idea de que el sistema político era una democracia y que sus pilares eran las Fuerzas Armadas, el Gobierno y el Partido Colorado. La mentira quedó al desnudo cuando la ciudadanía recuperó la libertad en 1989 y comenzó a practicar la democracia, especialmente en su faceta electoral. La democracia no es del Gobierno ni de los partidos políticos, sino patrimonio del pueblo y obra de la ciudadanía, cuya tarea no termina en el acto de votación donde los electores eligen autoridades, sino que continúa desde el día siguiente hasta las próximas elecciones con el ejercicio de las libertades y de los derechos civiles y políticos desde perspectivas individuales o colectivas. En estos tiempos en que miembros del Gobierno se consideran los únicos capaces de gobernar inclusive más allá de lo que permite la Constitución, en que los caciques de los partidos se creen con derecho a seleccionar por quiénes deben votar los electores, la ciudadanía debe ponerse a trabajar de lleno en candidaturas que ofrezcan la esperanza de devolver la democracia a manos de sus verdaderos dueños: los ciudadanos honestos, capaces y con verdadera vocación democrática, para elegir, sin intermediarios, a quienes puedan gobernar según los intereses de la nación.

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