En la fecha se conmemora el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Como se sabe, lamentablemente, hay todavía muchas sociedades que no disfrutan de este derecho fundamental de las personas por estar sometidas a la opresión por regímenes políticos tiránicos.
La conmemoración nos sirve para reflexionar sobre el estado de esta libertad en nuestro país. Al respecto se debe reconocer que, desde la caída del dictador Stroessner, la misma goza de buena salud, en general. Sin embargo, cabe mencionar que nuevamente está reapareciendo una propuesta para que el Congreso dicte una “ley de prensa”, manera genérica de denominar a las regulaciones “legales” que ciertos sectores políticos quieren introducir para encorsetar de diversas maneras el accionar de la prensa en general, la escrita, la radiofónica y televisiva, y hasta al ejercicio periodístico que muchas personas vehiculizan a través de internet y que tanto temor causan a los regímenes dictatoriales como el cubano, el chino comunista, el iraní y el venezolano, por poner solo algunos pocos pero ilustrativos ejemplos.
En el Paraguay, desde el comienzo del periodo de transición a la democracia (1989), muchos políticos de diversas tendencias manifestaron una actitud ambigua hacia la prensa libre, dedicándole exaltadas palabras de elogio, reconociéndole ser fundamento de la democracia, por una parte, pero, al mismo tiempo, tratando por todos los medios de coartarle el supuesto “gran poder político” del que –decían– disponía.
Cuando los medios y los periodistas tienen libertad para investigar y publicar, sin duda constituyen un obstáculo importante para la actuación de los políticos venales, el impulso de proyectos perjudiciales o las acciones que dañan los intereses generales, así como para los atentados contra la democracia y los atropellos a los derechos de las personas perpetrados desde cualquier sector del Gobierno.
Justamente, cuando se constituyen en tales obstáculos es que comienzan a molestar, se convierten en piedra en el zapato de los gobernantes arbitrarios, de los funcionarios corruptos y de cualquiera que busque –en la política o fuera de ella– impunidad para sus actos o silencio para sus fechorías. Es cierto que en toda sociedad pueden existir medios de comunicación que no ejercen su función con la responsabilidad social que es de desear. En tales casos, sin embargo, siempre es el propio ciudadano o ciudadana el que da su veredicto sacándoles su respaldo, sin necesidad de que una ley, con el pretexto de “regularlos”, coarte su libertad a toda la prensa en general.
El nuevo impulso para dictarse una ley de prensa surge ahora de sectores de la izquierda local. A estos no les agrada la libertad de prensa tal como se la conoce y practica en Occidente; por eso se escucha con tanta frecuencia que la acusen de “enemiga”, “mentirosa”, “conspiradora”, “al servicio del Imperio”, etc., y que pidan con insistencia se le impongan restricciones. En la época en que los regímenes dictatoriales podían usar la fuerza lisa y llana sin sanciones internacionales, restringían o suprimían sin problema alguno a los medios que no eran de su agrado. Por eso, nunca existió ni existe libertad de expresión bajo el régimen castrista en Cuba, así como tampoco bajo las sucesivas dictaduras en nuestro país y en otros muchos del mundo entero.
¿Qué les mueve ahora a los izquierdistas locales a pedir una “ley de prensa”, es decir, poner restricciones y cortapisas a los medios periodísticos? Posiblemente, estén padeciendo los mismos temores que los políticos que promovieron esta clase de imposiciones en Ecuador, Venezuela y otros países hoy dominados por regímenes que gustan presentarse como socialistas de izquierda.
El resentimiento que con más frecuencia manifiestan al intentar justificar esta clase de propuestas es que los medios periodísticos supuestamente privilegian a ciertos partidos o candidatos y soslayan a otros. Para ellos, sus sectores políticos se sienten permanentemente postergados o ignorados por el periodismo, lo cual, dicen, constituye una injusticia que debe ser corregida con una ley que reimponga la “equidad”.
Con el pretexto de la equidad, a los medios de prensa se les confiscarán espacios y minutos, tal como se hizo con la norma que actualmente obliga a los periódicos a publicar promociones electorales sin costo para partidos y candidatos. Candidatos con total orfandad popular, por ley deben tener el mismo espacio de otros que tienen multitudinario apoyo.
En el Día Internacional de la Libertad de Prensa, conviene recordar que así como el periodismo libre y la libertad de expresión tienen políticos que son sus admiradores y defensores, también tienen enemigos, a veces simplemente ocasionales, pero que en el momento en que adquieren poder político pueden causarle un gran perjuicio. Estos daños perpetrados contra la libertad de pensamiento y la libre publicación de opiniones de la ciudadanía siempre comienzan con una “ley de prensa”. También es bueno recordar aquí que los políticos habitualmente dictan las leyes de control a la prensa con la expresa declaración de que el único objetivo que se persigue con ellas es “asegurar y fortalecer el derecho inalienable de las personas a expresar libremente su pensamiento y a publicarlas por medio de la prensa”. Volver a caer en la ingenuidad de admitir estas hipócritas posiciones nos conducirá directamente a padecer la dramática situación que actualmente viven los cubanos, venezolanos, ecuatorianos y bolivianos, y pronto –ojalá que no– los argentinos.
Los paraguayos y las paraguayas debemos defender con toda firmeza nuestra libertad de expresión y de prensa, la madre protectora de todas nuestras otras libertades garantizadas en la Constitución Nacional.