05 de Marzo de 2013

 

“El puente de la discordia”

El titular del MOPC, Salyn Buzarquis, anunció que los trabajos del segundo puente internacional sobre el río Paraná se iniciarían dentro de un año y concluirían en 2016. Así como está proyectado, el puente será del tipo “colgante” y, como fue acordado por ambos gobiernos en un principio, será exclusivamente rodoviario, para autos, camiones y motos. De hecho, desde el inicio de las conversaciones de gobierno a gobierno para la construcción de la obra, ningún presidente, desde Wasmosy hasta Federico Franco –y menos aún sus ministros de Obras Públicas–, ha planteado a las autoridades brasileñas el interés paraguayo en que el puente de referencia fuera multimodal, vale decir, carretero y ferroviario. Es así como, por desidia de nuestras autoridades, el Paraguay ha perdido una brillante oportunidad de concertar con Brasil un proyecto de gran importancia estratégica y comercial para nuestro país.

El 10 de enero del corriente año, el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Salyn Buzarquis, anunció que los trabajos de construcción del segundo puente internacional sobre el río Paraná uniendo las ciudades de Presidente Franco con Foz de Yguazú se iniciarían dentro de un año y concluirían en 2016. A tal efecto, la presentación de ofertas de las empresas constructoras precalificadas debía realizarse en Brasilia justamente en estos días, el pasado 1 de marzo, pero, a petición de los oferentes, el acto fue pospuesto por unas dos semanas más. Así como está proyectado, el puente será del tipo “colgante”, con una longitud de 800 metros y un ancho de 17,50 metros, y, como fue acordado por ambos gobiernos en un principio, será exclusivamente rodoviario, para autos, camiones, motos.

El proyecto de marras tiene un largo historial de postergaciones por parte de las autoridades brasileñas y de enredos político-económicos en altos niveles gubernamentales en el lado paraguayo, empezando con el gobierno del presidente Juan Carlos Wasmosy, quien a comienzos del año 1996 solicitó la aprobación parlamentaria del protocolo de entendimiento con el Gobierno del Brasil para concretar la construcción del nuevo puente sobre el Paraná. Sin embargo, el 11 de abril de ese año, el Senado paraguayo rechazó el protocolo y el proyecto quedó trunco. El rechazo senatorial se dio con los votos de la oposición y de la facción colorada conocida como la de los “oviedorriquelmistas” que respondía al entonces comandante del ejército, general Lino Oviedo, y a su compadre y aliado político Blas N. Riquelme, por entonces distanciado del presidente Wasmosy por su abierto respaldo político al general Oviedo, quien por su parte se encontraba en la cuerda floja desde hacía dos años, pero que permanecía en su cargo porque el presidente Wasmosy no tenía el coraje de radiarlo de un plumazo, como comandante en jefe que era.

A raíz de este rechazo, Wasmosy finalmente destituyó al general Oviedo el 22 de abril de ese año.
A partir de este primer traspié, el proyecto de marras quedó folclóricamente conocido como “el puente de la discordia”, en alusión a la pelea entre el presidente de la República con su comandante de Ejército.

Casi una década más tarde, el gobierno del presidente Nicanor Duarte Frutos logró finalmente la aprobación parlamentaria del protocolo de entendimiento y pudo así firmar en el año 2005, con el presidente Luis Inácio Lula da Silva, el acuerdo para concretar la ejecución del mal parido puente. Con diversos pretextos, el Gobierno brasileño dilató el inicio de la obra. Recién en el año 2011, ya bajo el gobierno de Fernando Lugo, siendo ministro de Obras Públicas y Comunicaciones Efraín Alegre, el Gobierno brasileño impulsó el llamado a licitación para la construcción del largamente postergado emprendimiento binacional, que será exclusivamente carretero. El acto de recepción de las ofertas estaba fijado para el pasado 1 de marzo, en Brasilia, pero fue postergado por unas semanas.

¿Y cuál es la posición del gobierno de Federico Franco sobre tan importante asunto de interés nacional? A estar por testimonios de los funcionarios responsables del proyecto binacional, el ministro Salyn Buzarquis ha manifestado su total conformidad con lo actuado por su antecesor en el cargo, Efraín Alegre, en el sentido de aceptar sin objeción alguna el puente unimodal proyectado por las autoridades brasileñas. Supuestamente, y como avalando la decisión de las autoridades brasileñas, el ministro Buzarquis justificó su posición con razones más bien líricas que sustanciales, tales como que al Paraguay no le va a costar un guaraní la obra, no tenemos ferrocarriles, nuestra mira de conexión ferroviaria apunta al Pacífico, no al Atlántico, cuando Brasil decida prolongar su ferrovía de Cascavel a Foz de Yguazú con la intención de conectarse con nuestra red ferroviaria, simplemente van a construir un tercer puente, etc., etc.

De hecho, desde el inicio de las conversaciones de gobierno a gobierno para la construcción del puente, ningún presidente de la República paraguayo, desde Wasmosy hasta Federico Franco –menos aún sus ministros de Obras Públicas– ha planteado a las autoridades brasileñas el interés paraguayo en que el puente de referencia sea multimodal, vale decir, carretero y ferroviario. Es así entonces como, por desidia de nuestras autoridades nacionales, el Paraguay ha perdido una brillante oportunidad de concertar con Brasil un proyecto de gran importancia estratégica y comercial para nuestro país, tanto con miras hacia el Atlántico como hacia el Pacífico, dentro del proyecto regional de los corredores bioceánicos. Ahora ellos harán el puente que les conviene y nosotros nos conformaremos con una ventaja táctica, en vez de la estratégica que tuvimos al alcance de la mano y que la debimos y no supimos aprovechar por la inutilidad de nuestras autoridades nacionales de los últimos tiempos.

Esta inoperancia del Gobierno paraguayo configura un nuevo sometimiento a la voluntad imperialista del Brasil, tal como en el nefasto caso de Itaipú, en que con falaces argumentos como “el Paraguay solo pone el agua” y otras imbecilidades geopolíticas, el dictador Alfredo Stroessner entregó en bandeja al Brasil un valiosísimo filón de nuestra soberanía energética que, hasta ahora, nuestros necios y timoratos gobernantes no han tenido el coraje de rescatar, como supo hacerlo el polémico presidente boliviano Evo Morales con relación al gas vendido a Brasil y Argentina.

A todas luces, la decisión del Gobierno paraguayo de aceptar la imposición brasileña de un puente unimodal es otra humillante claudicación. Como la represa de Itaipú, el puente tendrá una de sus cabeceras en territorio paraguayo. Esto le da pleno derecho al Paraguay para reclamar la atención de sus legítimos intereses en el proyecto. Sin embargo, ahora resulta que, porque lo financia Brasil, nuestro país no tiene ni voz ni voto en el emprendimiento. Pareciera que nuestros ineptos e irresponsables gobernantes consideran que nuestras negociaciones con Brasil y Argentina pasan por meros procedimientos y no por aproximaciones sustanciales que salvaguarden nuestros intereses nacionales. Está comprobado que los negociadores paraguayos no tienen la mínima idea de la importancia futura de lo que negocian. El Gobierno paraguayo debe tomar decisiones diplomáticas estratégicas, no de simples “tanteos”, como es su costumbre.

La Cancillería nacional debió haber liderado la defensa de los intereses paraguayos en este importante proyecto binacional, iluminando con perspicacia diplomática la visión de los técnicos negociadores.

Cuando se trata de asuntos cruciales de interés nacional, como en este caso, las negociaciones deben conducirse a alto nivel, no a nivel de negociadores subalternos sin poder de decisión ni de visión estratégica.

El segundo puente sobre el río Paraná es una nueva demostración de la pésima preparación intelectual y la ausencia total de patriotismo de los negociadores paraguayos. Ocurren estas tragedias porque las autoridades nacionales se emperran en ocultar a la opinión pública qué y quiénes negocian los asuntos internacionales por parte de nuestro país. El próximo gobierno debe tomar en cuenta la pésima actuación que tuvieron hasta ahora nuestros representantes que negociaron con extranjeros los intereses de los paraguayos y las paraguayas, para no cometer los mismos errores.

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  • Lo que pasa es que el ACERO pega con fuerza cuando pega, y todos sus serviles hoy están desesperados por que el candidato del patrón llego a su techo, y hay que desprestigiar al gobierno para poder intentar alzar un poco mas las encuestas. Pero ya no vale la pena, los votos han sido polarizados y la Alianza Paraguay Alegre, seguirá sumando mas y mas hasta horas antes de las elecciones, en cambio el representante de la mafia política, ira cayendo estrepitosamente.

    sanreju 05 Marzo 2013, 08:10:23 

 

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