10 de Febrero de 2014

 

Espantoso desatino

La ciudadanía ha reaccionado indignada ante la Resolución de la Seam que establece el periodo de caza y se autoriza el acopio, tenencia, transporte y comercialización de hasta 214.000 unidades de teju guasu. La irritación está plenamente justificada porque se trata de una medida fundada en un informe de estudios biológicos realizado en 1993 y ampliado en 2006, que pone en serio peligro la supervivencia de esas especies controladas. Pese a no contar con datos actualizados, la ministra María Cristina Morales ha permitido que hasta el próximo 22 de abril sean cazados 210.000 ejemplares y capturados otros 4.000 para su comercialización como mascotas. No cabe pretender que el Jefe de Estado conozca a directores y asesores de las entidades públicas, pero sí que al menos tenga excelentes referencias de quienes las encabezan. Por de pronto, a la luz de lo publicado, podría ordenar en la Seam reemplazos con personas que enaltezcan a su Gobierno y no que le echen un manto de bleque a nivel mundial.

La ciudadanía ha reaccionado indignada ante la Resolución Nº 632/14 de la Secretaría del Ambiente (Seam), “por la cual se establece el periodo de caza y se autoriza el acopio, tenencia, transporte y comercialización de hasta 214.000 unidades de teju guasu hû (Tupinambis merianae) y teju guasu pytã (Tupinambis rufescens)”. La irritación está plenamente justificada porque se trata de una medida fundada en un informe de estudios biológicos realizado en 1993 y ampliado en 2006, que pone en serio peligro la supervivencia de esas especies controladas. Pese a no contar con datos actualizados sobre su población, la ministra María Cristina Morales ha permitido que hasta el próximo 22 de abril sean cazados 210.000 ejemplares y capturados otros 4.000 para su comercialización como mascotas.

En 2003, a instancias de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), la Seam estableció una “pausa voluntaria” para la exportación de esas especies. La Cites le había exigido al Paraguay un informe actualizado sobre la fauna y flora silvestres, como condición para el levantamiento de la moratoria sobre las transacciones comerciales. La ministra invocó un informe titulado “Programa nacional de manejo del Teju Guasu Paraguay 2013”, cuyos autores son Lee Fitzgerald, Margarita Mieres y Martha Motte. En realidad, el estudio fue realizado por el primero de ellos en 1993 y ampliado en 2006 junto con la segunda. Esto significa que la Seam no realizó ningún estudio oficial y que su máxima autoridad presentó un antiguo trabajo de postgrado como si fuera reciente. Si no tiene la delicadeza de renunciar, la ministra debe ser destituida ante la evidencia de que falseó la fecha de un estudio.

La insensata medida, que alcanza a todo el territorio nacional, fue tomada con mucha celeridad: el mismo 4 de febrero se dictó antes la Resolución N° 631 por la que se dejó sin efecto la “pausa voluntaria para la importación, exportación y reexportación de fauna y flora de especies Cites nativas” y se emitió el dictamen jurídico para sustentarla. Había mucho apuro, por lo visto, quizás porque los comerciantes del ramo, que venden pieles en el exterior a unos 60 dólares por pieza, ya se habrán estado restregándose las manos y poniéndose insistentes.

Como la autorización tiene alcance nacional, cualquier vecino que vea un teju guasu saliendo por ejemplo de los bosques del Jardín Botánico, y que constituyen una rareza hoy en nuestro medio, puede meterle un balazo para vender su piel sin recibir ninguna sanción. ¡Increíble!
El hecho de que la ministra haya invocado un antiguo informe –cambiando la fecha de su elaboración– tiene evidente importancia, más allá de la manifiesta deshonestidad intelectual. Desde 2006, han transcurrido ocho años. Durante este lapso ha disminuido tremendamente el hábitat de la fauna silvestre: la región donde hay más lagartos es el Chaco y allí se han deforestado centenares de miles de hectáreas por año, con el consiguiente impacto en la población animal. ¿Cómo puede la Seam tener ni siquiera una idea aproximada de la cantidad de lagartos existentes en el país si no dispone de datos actualizados y, en consecuencia, cómo puede autorizar la caza de un número determinado de ejemplares, por lo demás muy elevado? La cifra de 214.000 solo puede ser arbitraria. La Resolución N° 632/14 implica, pues, un grave riesgo para la vida silvestre en nuestro país, de modo que tiene que ser revocada cuanto antes. Cabría preguntarse también cómo es posible que ella haya sido dictada bajo un manto de ignorancia. La respuesta podría buscarse por el lado de los antecedentes de Martha Motte, directora de Vida Silvestre de la Seam, y de Isabel Gamarra de Fox, directora de Planificación Estratégica. Las funcionarias fueron imputadas en 2003 por haber elaborado documentos que permitieron la comercialización de pieles de animales silvestres y el acopio de animales vivos para su venta en el extranjero. Martha Mothe fue imputada incluso una segunda vez, por el mismo hecho acaecido el año anterior en el Alto Paraguay: admitió su culpabilidad y fue beneficiada con penas sustitutivas de la prisión, pese a lo cual hoy funge de directora de Vida Silvestre, cargo que antes ocupaba Isabel Gamarra de Fox, sobreseída en el mismo caso. Martha Motte, cuyo marido es Wilfrido Sosa, jefe de Gabinete de la ministra Morales y también exdirector de Vida Silvestre, fue compañera de la actual ministra en el Museo de Historia Natural, que daba el visto bueno para la Seam en la materia. Estamos, pues, ante un clan que conoce muy bien el lucrativo negocio de la matanza de animales y al que, por lo tanto, no se le puede negar una larga experiencia.

En la resolución referida se dispone que “el control de los lugares de acopio, el monitoreo de la zafra, cosecha y control de las exportaciones de teju guasu vivos, sus productos y subproductos estará a cargo de la Seam, a través de la Dirección de Vida Silvestre”. Así que los zorros cuidarán el gallinero.
Resta una última pregunta: ¿conocía el presidente Horacio Cartes a la Lic. María Cristina Morales antes de nombrarla como ministra-secretaria ejecutiva de la Seam? Esta conocía muy bien, evidentemente, a la actual directora de Vida Silvestre y, desde luego, a su asesor, así que no es extraño que ahora la acompañen en la gestión, que ya se presenta como desastrosa. No cabe pretender que el Jefe de Estado conozca a directores y asesores de las entidades públicas, pero sí que al menos tenga excelentes referencias de quienes las encabezan. Por de pronto, a la luz de lo publicado, podría ordenar en la Seam reemplazos con personas que enaltezcan a su gobierno y no que le echen un manto de bleque a nivel mundial.

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