04 de Abril de 2012

 

Lo mismo que le hicieron a Argaña

El controvertido “triunfo” que se pretende atribuir forzadamente al senador Blas Llano en la consulta registrada el pasado domingo y las oscuras maniobras operadas por el Tribunal Electoral Independiente del Partido Liberal Radical Auténtico para favorecer la candidatura oficialista plantean un escenario prácticamente idéntico al que atravesó el Partido Colorado en diciembre del año 1992, cuando, con la complicidad de la autoridad electoral de esa colectividad, se le robaron las elecciones internas al doctor Luis María Argaña. Ante esta perspectiva, es evidente que, aun cuando se confirme, nadie tendrá la certeza de que Blas Llano sea el real triunfador de la consulta. La sombra del fraude y de la ilegitimidad se cierne y se cernirá inexorablemente sobre su supuesta victoria, quedando impugnados de esta forma todos los procesos en los que él participe. Así las cosas, cabe señalar que, más allá de la algarabía que pueda reinar en las carpas del luguismo por el “triunfo” del candidato liberal al que ellos podrán manipular a su antojo, el fraude en la consulta popular del PLRA es una nefasta noticia para la democracia.

El controvertido “triunfo” que se pretende atribuir forzadamente al senador Blas Llano en la consulta registrada el pasado domingo y las oscuras maniobras operadas por el Tribunal Electoral Independiente (TEI) del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) para favorecer la candidatura oficialista plantean un escenario prácticamente idéntico al que atravesó el Partido Colorado en diciembre del año 1992, cuando, con la complicidad de la autoridad electoral de esa colectividad partidaria, se le robaron las elecciones internas al doctor Luis María Argaña, impidiendo de esa forma que se convirtiera en postulante a la Presidencia de la República.

El paralelismo es, en efecto, sorprendente. En aquella ocasión, el tribunal electoral de la Asociación Nacional Republicana (ANR) hizo la vista gorda para permitir que las urnas pudieran ser manipuladas a gusto y paladar del oficialismo, que propugnaba la candidatura del ingeniero Juan Carlos Wasmosy. El conteo se dilató durante meses, hasta que, finalmente, se declaró que este representaría oficialmente al Partido Colorado en las elecciones generales de mayo de 1993.

La estafa fue tan burda, que prácticamente tuvo como estupefacto testigo al conjunto de la sociedad. Incluso algunos de los que participaron en el fraude llegaron, con el paso del tiempo, a confesar su participación en el ilícito, tal como fue el caso del senador Juan Carlos Galaverna, en el año 2009.

Lo que sucede ahora es semejante a aquella coyuntura. A medida que el conteo de los votos avanzaba y los resultados comenzaban a ser desfavorables para el presidente del PLRA, Blas Llano, quien maneja la estructura partidaria y cuenta con el poderoso apoyo en recursos financieros del oficialismo luguista, el Tribunal Electoral Independiente decidió “suspender” la transmisión de resultados del escrutinio.

Esta actitud harto sospechosa permitió que Llano tuviera el tiempo suficiente para declararse “vencedor” de la consulta, intentando de esta forma instalar en las filas de su partido y en la opinión pública la idea de que el resto del conteo no tendría ya manera de incidir en su hipotético triunfo.

Su principal contendor, el también senador Efraín Alegre, lamentó la actitud del titular del PLRA, formuló al TEI un llamado a la “racionalidad”, y consideró “harto sospechosa” y “una gran irresponsabilidad” la forma de proceder de los integrantes del órgano electoral interno del liberalismo. Por último, advirtió que en la historia contemporánea del país existieron antecedentes de fraudes “que no queremos que se repitan”.

La alusión, claro está, se orienta a lo acontecido en 1992. El fraude en los comicios constituye un gravísimo atentado contra la democracia y la vigencia de las instituciones republicanas. De hecho, el robo cometido en perjuicio de Luis María Argaña bien puede decirse que fue el preludio de las innumerables desgracias políticas que le tocaron vivir al Paraguay en al menos 10 años, de una terrible inestabilidad que tuvo dramáticas derivaciones en la marcha de nuestra economía.

Por todas estas razones, se debe repudiar el comportamiento del TEI, la parcialidad de su labor y el lamentable golpe que su torcido accionar representa para la consolidación de nuestra democracia. Por culpa de ello, la ciudadanía paraguaya en general y los afiliados al PLRA, en particular, nunca tendrán la seguridad de que dicho órgano electoral haya actuado con la seriedad ni el profesionalismo del caso, sino, todo lo contrario, concluirán justificadamente que allí se impusieron otra vez el criterio sesgado, el interés sectorial, el fraude y la venalidad, repitiendo actitudes y situaciones políticas perniciosas que tanto daño han hecho y están haciendo al país.

Ante esta perspectiva es evidente que, aun cuando se confirme, nadie tendrá la certeza de que el senador Blas Llano sea el real triunfador de la consulta efectuada el domingo último. La sombra del fraude y de la ilegitimidad se cierne y se cernirá inexorablemente sobre su supuesta victoria, quedando impugnados de esta forma todos y cada uno de los procesos en los que él decida participar, puesto que, como bien enseña el derecho, de un acto jurídico nulo o ilícito no se pueden seguir consecuencias válidas.

Así las cosas, cabe señalar que, más allá de la algarabía que pueda reinar en las carpas del oficialismo luguista por el “triunfo” del candidato liberal al que ellos podrán manipular a su antojo, el fraude en la consulta popular del PLRA es una nefasta noticia para la democracia. Un lamentable retroceso para nuestro sistema político y un dato que vuelve a ubicarnos en el mapa de las naciones más retrógradas del planeta, aquellas que resultan incapaces de respetar las reglas del juego por ellas mismas establecidas para garantizar una convivencia medianamente civilizada.
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