Proposiciones honestas

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La entrada de un nuevo año suele dar ocasión para que cada persona haga un examen acerca del que transcurrió, contabilizando sus aciertos y errores; y que nos hagamos a nosotros mismos promesas de rectificar rumbos desviados, de mejorar en lo que seamos, de no incurrir en las mismas equivocaciones, especialmente si estas causaron daños o dolor a los demás. De modo que, la propuesta más natural que la ciudadanía, en su conjunto, debería también hacerse a sí misma, es no volver a recorrer los mismos senderos que son abruptos y riesgosos para todos, especialmente el de la indiferencia hacia lo que acontece en el gobierno general del país, el de la apatía y el conformismo con lo mediocre o lo corrupto. Tenemos un país al que debemos sacar adelante con o sin competencias electorales.

El año que comienza llega al Paraguay con algunos nubarrones que causan incertidumbre y preocupación, principalmente en el ámbito de la política. Tanto en la administración gubernamental como en el Congreso quedaron muchos temas importantes sin resolver, sea por causa de las disputas de Poderes que se desataron hace algunos meses, como por el desánimo que esta situación provoca en las personas que aguardan soluciones gubernamentales a sus problemas.

La entrada de un nuevo año suele dar ocasión para que cada persona haga un examen acerca del que transcurrió, contabilizando sus aciertos y errores; y que nos hagamos a nosotros mismos promesas de rectificar rumbos desviados, de mejorar en lo que seamos, de no incurrir en las mismas equivocaciones, especialmente si estas causaron daños o dolor a los demás.

De modo que, la propuesta más natural que la ciudadanía, en su conjunto, debería también hacerse a sí misma es no volver a recorrer los mismos senderos que son abruptos y riesgosos para todos, especialmente el de la indiferencia hacia lo que acontece en el gobierno general del país, el de la apatía y el conformismo con lo mediocre o lo corrupto.

La proposición que todos debemos hacernos en este momento debe ser la de participar, criticar, cooperar sin transigir con la deshonestidad ni caer en ella por contagio. La de vigilar con el mayor celo nuestros intereses comunes y cortar las manos de los que roban al erario, generalmente despojando a los más necesitados.

Debemos recordar que nuestro país está acongojado por la violencia generada por la banda criminal autodenominada EPP, que mantiene secuestradas a cuatro personas, dos de las cuales fueron plagiadas el año pasado. El nuevo titular del Ministerio del Interior hace ya tres meses que fue nombrado sin que, hasta ahora, pueda exhibir alguna acción que dé esperanzas a los familiares de las víctimas de ese grupo delictivo.

Propongámonos que el año 2017 sea más benigno con los que sufren. Que los campesinos reciban los justos beneficios a que tienen derecho; que los trabajadores ajusten honradamente sus derechos laborales; que los estudiantes alcancen sus metas de lograr elevar sus institutos educacionales a la altura que merecen; que les impartan enseñanza docentes capaces con mejores programas de estudio. Que los enfermos, los desvalidos y los ancianos reciban del Estado la atención que necesitan, y que los jóvenes no sean inducidos al vicio, a la holganza o a la ignorancia por falta de oportunidades.

El año transcurrido dejó secuelas de inconformidad que se expresaron en manifestaciones de campesinos, trabajadores de la ciudad y estudiantes. Los primeros piden tierras y algunas ventajas para competir en la producción de renta; los segundos reclaman equidad salarial; los estudiantes piden honradez y aptitudes en sus autoridades académicas y excelencia en su educación. Todos tienen mucho de razón, sin recibir de los que gobiernan el país la atención merecida.

¿Podremos cambiar estas circunstancias para que las respuestas a los reclamos justos comiencen a manifestarse en medidas concretas? Sí. Sin embargo, tenemos nubarrones porque se anuncia que el 2017 será otro “año político”; esto es, doce meses de derroche de tiempo y de recursos del Estado en campañas electorales, en disputas por las cuotas de privilegios e influencia, en tomas y dacas entre adversarios que, muy a menudo, dejan de lado su condición de servidores públicos y custodios del bienestar general, para dedicarse exclusivamente a la lucha por el poder.

Se debe proponer a los habitantes de este país, a los que trabajan denodadamente por progresar, a los que contribuyen con sus tributos al sostenimiento del Estado, las municipalidades y las entidades estatales, que el “año político” no los detenga, no los atrase, que no los desanime. Tenemos un país al que debemos sacar adelante con o sin competencias electorales, con o sin solución de disputas personales por los espacios de mando.

El Gobierno tiene demasiados funcionarios excedentes. Una manera de demostrar solidaridad con quienes trabajan y tributan es achicando ese Estado paquidérmico, haciéndolo menos oneroso, menos derrochador y más eficiente, para bien general.

Podríamos completar un año 2017 con grandes triunfos si la ciudadanía logra hacer retornar a los políticos al trabajo de gobernar. Los legisladores concluyeron el año 2016 con muchas deudas no saldadas con el pueblo, con muchos proyectos postergados, frustrando muchas esperanzas. Ninguno como ellos goza del enorme privilegio de tener en sus manos el poder resolver muchos problemas de la sociedad nacional; es de esperar que sepan valorar este poder legítimo y lo usen en el sentido correcto.

Los que imparten justicia también deben realizar muchos actos de contrición por sus falencias. Adolecemos de un Poder Judicial que se multiplicó varias veces en tamaño y que insume miles de millones de guaraníes de la caja común, sin haber mejorado un ápice en lo principal: asegurar justicia pronta y barata, en especial para quienes no tienen influencia ni recursos para lograr estas ventajas con la facilidad que las consiguen los privilegiados.

En el año transcurrido los ministros de la Corte Suprema de Justicia y de la Justicia Electoral, así como el titular del Ministerio Público y sus agentes, se mostraron muy dóciles a los otros Poderes, en particular al Ejecutivo. Es de esperar que la autonomía con interdependencia y recíproca cooperación de los Poderes del Estado deje de ser una prescripción constitucional teórica o un mero anhelo general, para concretarse en la realidad.

A pesar de lo criticado, el principio del nuevo año nos llega con cierta sensación de optimismo, porque creemos que la fuerza de la conciencia moral de la sociedad paraguaya, con firmeza y perseverancia, puede arreglar aun lo peor, y que finalmente va a lograr que los gobernantes prioricen la búsqueda del bien común.

Entre todos, y con todas las formas que la Constitución Nacional lo permite, en este 2017 debemos exigirles que así sea.