El proyecto de ley marco regulatorio del sector eléctrico que actualmente está en tratamiento en el Congreso provoca en ciertos sectores una reacción destemplada e inoportuna y una argumentación falaz y hasta absurda.
Por ejemplo, el presidente de la Unión Industrial Paraguaya, Ing. Eduardo Felippo, sale a manifestar que el marco normativo aludido “necesita un mayor debate y participación de los futuros afectados”.
¡Pero si el proyecto se presentó al Congreso en el año 2009! ¿Cómo es que en cuatro años ningún directivo empresarial, ningún referente sindical, ningún experto en la materia, pidió conocerlo o discutirlo? ¿No se le ocurrió, por ejemplo, a la propia UIP hacerlo estudiar por los ingenieros del sector para después debatir entre todos?
Por su parte, los sindicalistas de ANDE se limitaron a protestar indignados aduciendo contra el proyecto cuantas falsedades se les ocurrieron, y fueron más lejos aún, cuando se agolparon con violencia frente al local de la Cámara de Diputados y boicotearon la sesión mediante un corte de energía que pretendió dejarlos a oscuras.
Desde luego, no se esperaba otra actitud de este sindicalismo público que tenemos, caracterizado por ejercitar la agresión como primera medida y por salirse de madre legal constantemente, amparado en la impunidad que le procuran ciertos políticos cómplices, fiscales cobardes y jefes pusilánimes. Este sindicalismo mediocre nunca propone sentarse a considerar serena y seriamente los proyectos que le afectan, porque su método de “lucha” (como ellos gustan llamarle) no son el debate técnico ni la confrontación de argumentos, sino las medidas de presión ilícitas, como el amedrentamiento, la agresión física, el sabotaje y otras acciones de esa calaña.
Los sindicalistas de ANDE tuvieron también cuatro años para interesarse en el proyecto legal que tanto les asusta en este momento (porque creen que con él van a perder sus beneficios y privilegios), pero no lo hicieron. Prefirieron ignorar el “peligro” que hoy, según manifiestan histéricamente, se cierne sobre sus cabezas. Se llamaron a silencio tal vez porque, como no tienen motivos reales con los que justificar su actitud negativa, ni argumentos técnicos convincentes, prefirieron confiar en el lobby político, que tanto éxito proporcionó a otros sindicatos en ocasiones anteriores, como el de los funcionarios del aeropuerto, que triunfaron plenamente en su determinación de conservar el servicio aeroportuario en el calamitoso estado en que está hace tanto tiempo y que es, obviamente, el que a ellos les conviene, aunque perjudique gravemente al resto del país.
Los funcionarios de empresas estatales tienen muchos privilegios indebidos y ventajas particulares que defender; por eso reaccionan como kavichu’i, furiosa y agresivamente, cuando alguien se aproxima a sus panales de miel.
Lo que no se comprende es la indiferencia del empresariado. Los directivos de la UIP y de la Feprinco y sus técnicos y asesores debieron estar presentes desde el principio del planteamiento del proyecto de ley marco regulatorio del sector eléctrico. ¿Acaso hay tema más importante para el futuro de las empresas en este país? Se trata nada menos que de la fuente de energía que es insustituible, vital para ellas.
Aun así, el asunto no despertó su interés, y ahora, ante la inminencia de su aprobación, después de cuatro años de estudios, discusiones y ajustes en el Congreso, comienzan a alarmarse porque no saben en qué consiste; es decir, ignoran si la futura norma favorecerá o perjudicará a su sector, y en qué medida. Entonces, pretenden que todo se detenga ahora, a fin de ganar tiempo de realizar los estudios y cálculos que debieron haber hecho hace mucho.
Este episodio muestra la lentitud y la perezosa reacción del empresariado paraguayo ante los desafíos que en los últimos cincuenta años le viene planteando el desarrollo de la economía. Ellos tendrían que asumir su condición de élite dirigente de un sector esencial de la sociedad y constituir el sector más interesado y el primer protagonista de este proceso.
Y, junto con los empresarios, se espera que en estos casos reaccionen inmediatamente los demás sectores con capacidad y responsabilidad para ocuparse de estos asuntos de interés nacional. Ante la primera información publicada sobre este caso tendrían que haberlo sacado al debate público los ingenieros y demás expertos en la materia, esas personas que están mejor enteradas que nadie de lo que se está haciendo en el mundo desarrollado, porque se supone que permanentemente consultan las más altas fuentes de información tecnológica, recorren países mucho más adelantados en ese campo y participan de congresos, seminarios y talleres de trabajo.
Más aun, estas personas son las que tendrían que diseñar tales proyectos, después de haber consultado con los empresarios, los funcionarios, con otros técnicos y todos aquellos que puedan aportar algo. ¡Pero no salir a pedir que todo se detenga y se retrotraiga cuando ya está en su etapa final!
Es de esperar que los empresarios y técnicos jóvenes, los que están recibiendo las responsabilidades de las empresas y tareas de sus padres, muestren más rapidez mental que la generación que se retira, mayor agilidad muscular para moverse, para intervenir en el momento adecuado y hasta para hacer propuestas aun antes de que surjan esta clase de proyectos legislativos que comprometen tan delicadamente el futuro del desarrollo socioeconómico en el Paraguay.
Porque si también ellos van a esperar sentados que los políticos los vengan a consultar, están fritos y refritos.