28 de Marzo de 2013

 

Valorar el rol que la religión desempeña en la sociedad

Una gran mayoría del pueblo paraguayo recuerda esta semana el misterio de la Pasión y Muerte de Jesucristo, figura central de la fe profesada en nuestro país desde los mismos orígenes de su descubrimiento. Son estos, días oportunos para reflexionar sobre el lugar que ocupa la religión en nuestras vidas, no solo de manera individual, sino también en el ámbito social. La religión católica ha tenido, sin duda, un notable influjo positivo a lo largo de nuestra historia. Permitió preservar valores de relevancia desde el punto de vista de nuestra convivencia social: la unidad familiar, la solidaridad con los que más necesitan y el respeto por las buenas costumbres y las sanas tradiciones. Evidentemente, como en toda institución que existe sobre la faz de la tierra, también la sociedad eclesiástica está compuesta por hombres que no han sabido mantenerse en sus creencias y compromisos asumidos con plena libertad. Esto, sin embargo, no invalida de ninguna manera el gran legado moralizador de una Iglesia dos veces milenaria.

Una gran mayoría del pueblo paraguayo recuerda esta semana el misterio de la Pasión y Muerte de Jesucristo, figura central de la fe profesada en nuestro país desde los mismos orígenes de su descubrimiento, hace ya casi cinco siglos. Son, pues, estos, días oportunos para reflexionar sobre el lugar que ocupa la religión en nuestras vidas, no solo de manera individual, sino también en el ámbito social.

Si bien tenemos un Estado laico, ello no implica que el mismo se declare oficial o abiertamente ateo; tampoco supone el rechazo de nuestras raíces religiosas ni mucho menos el desconocimiento del rol que la fe desempeñó en la construcción de nuestra identidad en tanto que nación. Muy por el contrario, el preámbulo de la Constitución invoca el nombre de Dios, y el artículo 82 “reconoce el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación”.

La religión católica ha tenido, sin duda, un notable influjo positivo a lo largo de nuestra historia. Es justo reconocerlo, puesto que permitió preservar valores de gran relevancia desde el punto de vista de nuestra convivencia social: la unidad familiar, la solidaridad con los que más necesitan, y el respeto por las buenas costumbres y las sanas tradiciones, por mencionar las más destacadas.

Comparado todo esto con lo que acontece en otras latitudes, donde muchas naciones soportan el yugo de una religión autoritaria e intolerante que fanatiza y enceguece a multitudes, llevándolas a veces incluso a cometer actos criminales de irracional violencia, vale la pena poner de relieve el carácter civilizado y ecuánime de la fe que profesa una abrumadora mayoría del pueblo paraguayo.

Nadie niega los posibles defectos que pueda tener nuestra Iglesia. Es más, ni siquiera su propia jerarquía los oculta. En su primera conversación con los periodistas acreditados ante la Santa Sede, el papa Francisco formuló una invitación a los comunicadores para “tratar de conocer cada vez mejor la verdadera naturaleza de la Iglesia, y también su caminar por el mundo, con sus virtudes y sus pecados”. El gran pontífice que fue Juan Pablo II, denominado tras su deceso “El Grande” por su vasta contribución al progreso de la humanidad y la causa de la libertad en el mundo, pidió perdón por esos “pecados” cuando encabezó las celebraciones por el año jubilar en el 2000. ¿Qué otra potencia, qué otro imperio en el mundo tuvo la grandeza de reconocer sus errores históricos? Pocos, si alguno.

Evidentemente, como en toda institución que existe sobre la faz de la tierra, también la sociedad eclesiástica está compuesta por hombres que no han sabido mantenerse en sus creencias y compromisos asumidos con plena libertad; que sucumbieron a sus flaquezas personales, a la tentación que a todos nos acecha. Esto, sin embargo, no invalida de ninguna manera el gran legado moralizador de una Iglesia dos veces milenaria.

Y ese aporte relevante continúa en el presente. Días pasados, al explicar los motivos por los cuales decidió escoger el nombre de Francisco, el papa destacó la labor a favor de los más carenciados que desarrolló durante su ejemplar vida el gran santo italiano Francisco de Asís.

“Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”, sostuvo el pontífice.

Estos son los nobles principios y valores que alientan a la fe que mayoritariamente profesamos los paraguayos. No tenemos una religión que promueve la guerra, que fomenta la intolerancia, la crispación de los espíritus, sino una que enseña el entendimiento, la reconciliación entre las personas y los pueblos, y la acción a favor de aquellos que más necesitan. Una religión que predica y trabaja a favor de los más pobres; no solamente de aquellos que tienen necesidad de alimento y cobijo material, sino también de los que precisan ser nutridos con el pan del espíritu y del entusiasmo, que requieren ser fortalecidos en su autoestima para sobrellevar con dignidad los embates propios de la existencia terrenal.

Es importante reflexionar sobre estas realidades en momentos como este, en que el mundo está sometido a fuertes turbulencias, y los cimientos morales sobre los que por siglos se asentó nuestra civilización soportan los fuertes y arteros embates de ciertos sectores decididos a barrer con todo atisbo de sentido de trascendencia en la sociedad.

Es grande y gravitante la labor que la religión cristiana todavía puede hacer para construir un país cada vez más justo, humano y solidario. Valoremos este significativo desafío y pongamos todo de nosotros mismos para vivir cada día de manera más comprometida con los valores y principios que nos fueron transmitidos por nuestros padres.

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  • Nuestro país, conforme art. 24 CN, se declara laico.Lo que no significa un estado ateo. Su laicismo es afirmativa, no negativa. Ella asegura la livre expresion de la religiosidad, en vez de reprimir a todas por igual.Se entiende la diferencia ? Nuestra Constitución Nacional fue promulgada, como consta en su preambulo,” El pueblo paraguayo, por medio de sus legítimos representantes reunidos en Convención Nacional Constituyente, invocando a Dios” sic. , lo que significa que reconoce como un fundamento metafísico anterior y superior al derecho positivo. Reafirmando de manera clara que “ la república del Paraguay” no es atea. Pero apesar del Estado ser laico, en la práctica ES UN ESTADO CONFESIONAL.Contradiciendo lo espreso en la CN, art.24 “Ninguna confesión tendrá carácter oficial.” sic. O entonces por qué otro motivo los feriados religiosos, Semana Santa, navidad, la Vírgen de Caacupe, son feriados nacionales ? En todas las unidades militares o policiales existen “ patronos” de la religión católica. Tienen vicários castrenses.Reciben salários del Estado. Entre los actos oficiales de la asunción del pdte. de la Rca. consta el oficio religioso católico del “Tedeum”. Lo mismo sucede en la celebración de las fiestas pátrias. Nuestro Héroes Nacionales reposan en un edificio perteneciente a la religión católica. El Oratorio de la Virgen Nta. Sra. De la Asunción, que por decreto promulgado por el Pdte. Rafael Franco, el 14 de setiembre de 1936,fue declarado Panteón Nacional. Inclusive por LEY DE LA NACIÓN ( Nº 102 del 13 de agosto de 1951 ) fue declarada Mariscala a la Vírgen de la Asunción. Hasta en la Casa Matriz del Banco Nacional de Fomento existe una capilla !!!

    larepublica 28 Marzo 2013, 10:56:17 

  • Este EDITORIAL es la HIPOCRESÍA en su mas alta expresión, por lo menos si LUCIFER o que escribía iba a tener un poco mas de credibilidad.

    sanreju 28 Marzo 2013, 08:40:13 

 

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