08 de Diciembre de 2017

| 8 de deciembre de 1934

Retoma del Fortín Yrendague

“El 24 de mayo –expresa Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone–, tras minuciosa preparación, el enemigo, que tras reorganizarse había logrado formar un nuevo ejército de cerca 40.000 hombres, atacará violentamente a lo largo del camino Lóbrego, consiguiendo infiltrarse entre nuestras II, IV y VIII Divisiones, logrando encerrar un poderoso cerco de fuego a algunas unidades de la II División. Tras cuatro días de cruenta lucha, se verán forzadas a deponer armas por falta de agua y proyectiles, el Regimiento de Caballería Nº 9 y un Batallón del R 10, un total de 1.200 hombres. Pero merced a la heroica defensa del capitán Joel Estigarribia y sus 132 efectivos que mantuvieron en jaque a más de 3.000 atacantes, logrando escabullirse las demás unidades, con todos sus servicios y camiones (El íntimo universo de Eugenio A. Garay, pág. 144.). 

El pueblo paraguayo, que desde el comienzo de la guerra escuchaba los formidables triunfos de sus combatientes del Chaco, quedó pasmado ante la noticia alarmante propalada la noche del 28 de mayo de 1934, acerca del contratiempo sufrido en esa circunstancia (Strongest). Este fracaso sufrido en esa batalla, al decir del Gral. de Brig. Atilio J. Migone, “se debió a que los comandos subordinados no quisieron escuchar las serias advertencias de Estigarribia; si lo hubiesen hecho, posiblemente no hubiesen fracasado como fracasaron” (Testimonios Veteranos, pág. 517). 

Fue en ese instante de inquietud y de zozobra que el señor Presidente, Dr. Eusebio Ayala, tuvo la feliz iniciativa, cuya trascendencia ni él ni nadie se imaginaban que tendría alguna vez en la crónica de la historia nacional. Solo con el transcurso de los acontecimientos bélicos que posteriormente se sucedieron, todos –Gobierno, pueblo y combatientes– abrieron los ojos y dieron sus juicios, celebrando y festejando el gesto extraordinario del Superior Gobierno después del traspié en Cañada Strongest, de nuestras tropas en campaña. 

¿Cuál es el suceso al que se hace alusión? El mayor PAM Leandro Aponte, en su obra “General Garay”, nos narra lo acontecido esa mañana cargada de sombra y de incertidumbre, en los siguientes términos: “Esa mañana, el Tte. Cnel. Garay, que se encontraba en el “Unión Club” en compañía de varios amigos, a quienes escuchaba en silencio pero con dudoso interés sus conjeturas operativas y sus planes estratégicos, recibió una invitación del Excmo. Sr. Presidente de la República para que pasase por su despacho, en la brevedad posible, con el objeto de mantener una entrevista. El futuro libertador del Parapití no se hizo esperar. Instantes después, el presidente Ayala lo recibía afectuosamente. Impuso de la situación porque atravesaba el Ejército en operaciones y terminó, por último, invitándolo a reincorporarse nuevamente en las filas activas. El comandante Garay aceptó la invitación, sin preámbulos, como era costumbre de su espíritu enérgico y disciplinado. A la pregunta del Presidente de cuándo podría ponerse en viaje hacia el frente, el estoico soldado, en arranque muy suyo, le contestó: “Ahora mismo, Presidente! No hay tiempo que perder. No tengo preparativo previo que hacer. Debo partir esta misma mañana, en avión, para reunirme con mis compañeros del frente, a cuyo lado no hay proezas imposibles. Confíe usted en nuestro patriotismo y mantengamos todos la fe en la victoria final de nuestras armas”. 

De esta forma: “El hombre tan diestro en el manejo de la pluma, como capaz de empuñar la mancera del arado o abatir con el hacha los quebrachos centenarios,…” se mostrará incansable al calor, al frío, a la sed, fatiga, exhaustando, animando a sus tropas a través de largas marchas por arenales, bosques, lugares llenos de espinas y alimañas que hieren el cuerpo y hacen derramar sangre. Y con los ojos fijos en el honor de la Patria y en la liberación del Chaco de los que pretendieron adueñarse de nuestro suelo. 

La versión del mismo tema brindada por el teniente 1º Justo Pucheta Ortega, en su libro Chaco-RI 14 “Cerro Corá”, en los siguientes términos: “A la fecha en que escribió estos hechos memorable han corrido ya cerca de cuarenta años. El desastre del poderoso Cuerpo de Caballería del coronel David Toro, formado por las Divisiones 1ª y 2ª de Caballería, más la Séptima División de Infantería, oprime el corazón humano. Es desolador el recuerdo de aquel inmenso cuadro pintado por la misma de un destino cruel con el verdor de raquíticos materiales y la blancura de tierra arenosa, alambrada por el ardiente sol de diciembre que retuerce las hojas. Es desgarrador el recuerdo de miles de soldados muertos en la inenarrable desesperación que provoca la deshidratación; mueren agrupándose bajo los miserables arbustos en los rastros mutilados en las resacas de arena salobres, con los dedos crispados, arañando la tierra, como si buscasen el frescor que pudiera guardar en sus entrañas... Oh tierra chaqueña!” (pág. 22). 

El mayor Alejandro Sienra sigue transcribiendo párrafos de las Memorias. En la pág. 262 de su libro citado, resaltando las hoy trágicas consecuencias de la toma de los pozos Yrendague por nuestras tropas, dice: “Habríase consumado la destrucción total de una masa no menor de 15.000 hombres. Quedaron en nuestro poder 60 muertos. Stoken Brandt, 79 ametralladoras pesadas, 498 ametralladoras, 590 pistolas automáticas, 11.200 fusiles, 8.000.000 de cartuchos de infantería, miles de granadas de artillería y morteros, e intendencias y hospitales completos. Excepto la artillería, el enemigo no salvó ningún material de su descalabro”. 

El 8 de diciembre de 1.934, día de la Virgen de Caacupé, quedó coronada aquella gesta gloriosa que no solo dio motivo de admiración, sino fuente inagotable de bravura, sacrificio e inspiración de los hombres en armas defendiendo el Chaco Boreal. Esta conquista maravillosa obtenida por Eugenio A. Garay y sus heroicas e invencibles huestes guerreras fue la feliz coronación de la brillante estrategia del comandante en campaña del Chaco, general José Félix Estigarribia, como lo confirmó el historiador boliviano coronel Jorge Artecona, dos veces herido y dos veces ascendido en el campo de batalla (1932-1934), en su libro La Guerra del Chaco, Tomo II, pág. 421.

Compilación: César Antonio Garay 

Subteniente de Reserva 

Ejército Nacional

 
 

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