09 de Febrero de 2014

| TESTIMONIO DEL CNEL. ARTURO SOLALINDE MELGAREJO (PARTE I)

De cómo se armaron y prepararon para el golpe

Por Pedro Gómez Silgueira

El Cnel. DEM (SR) Arturo Solalinde Melgarejo (69) relata detalles de la organización del golpe de Estado que derrocó a Alfredo Stroessner en 1989. Fue quien se encargó de preparar el puesto de comando del Gral. Andrés Rodríguez en la Caballería (RC3) y quien instruyó a las tropas unos meses antes de la revolución. En esta primera parte de la nota describe los aprestos, armas y hasta los diálogos previos.

Unos meses antes del golpe, el entonces Cnel. Lino Oviedo había ido de vacaciones a Europa y dejó en el cargo de Comandante Interino del RC3 al Tte. Cnel. Solalinde. “Ocho días después viene junto a mí el Gral. Víctor Aguilera, Cmdte. de la Primera División de Caballería, (Carlos 1), y me pregunta si la unidad estaba preparada orgánicamente, con todos los elementos de combate; escuadrones, pelotones, divisiones y si los soldados habían hecho su calificación militar particular. Esto significa que si tenían la instrucción básica y además la Calificación Militar Particular (CMP)”, empieza a contar.
“Me tomó por sorpresa”, recuerda. Como la instrucción no llegaba aún a su culminación se abocó a intensificar la parte que faltaba. La instrucción básica se refiere a formación general, educación moral, tiro de fusiles y otras cosas elementales; la Calificación Militar Particular es donde el soldado se especializa en ser tanquista, morterista, ametralladorista, conductor de tanque, etc.

–¿Nada sabían aún del golpe?

–Nada. Yo ni siquiera pensaba en eso. El Gral. Aguilera me dijo que volvería en 15 días para verificar. Transcurrido el plazo, volvieron dos tenientes coroneles camaradas: Hugo Ramón Díaz Cano, jefe de operaciones de la Primera División de Caballería, y Enrique Montiel Garcete, jefe de inteligencia. Fueron enviados por el Gral. Aguilera para informarme de que estaba en marcha la posibilidad de hacer un golpe y me dio como misión que tenía que manejar en forma solitaria el planeamiento de atacar como objetivo inicial el Regimiento de Paracaidistas en la Fuerza Aérea y neutralizar la pista de aviación del Silvio Pettirossi, entonces Aeropuerto Presidente Stroessner.

Solalinde tomó a tres suboficiales más antiguos, los que eran como si hubieran nacido en el cuartel (Riveros, Marecos y Benegas), y con ellos empezaron a verificar los lugares por donde llevar los tanques hacia el Itay.

“Cuando regresó el Cnel. Oviedo de su viaje, lo visité a su casa y le comenté de lo que me habían hablado, de la posibilidad del golpe, pero no le dio tanta trascendencia. Daba la impresión de que no quería comentar a mi nivel. Al retomar su labores continuó con las prácticas en el regimiento ya formado, afilado, totalmente listo para el combate”, menciona al citar que se fueron sumando al Regimiento de Caballería oficiales de otras unidades que estaban haciendo cursos en el Estado Mayor, Curso Nacional de Guerra, etc.

Fecha ya definida

Solalinde asegura que poco antes del 2 de febrero de 1989 ellos ya sabían que el golpe se estaba pergeñando para el 3 de febrero.

Ese día 2 de febrero, Oviedo lo llama a Solalinde y le dice: “Solalinde, tereho nderógape che ra’arõde particular. Aháta upépe nerendápe. Ñasêta”. (Solalinde, esperame en tu casa de particular. Vamos a salir). “Fui a esperarlo a casa en la villa. Eran las 09:00 de la mañana. Como no venía para las 12:00, esperé mirando en la ventana hasta la 01:00 de la tarde, empecé a preocuparme y lo llamé: Estoy aquí, mi Coronel. Solo dije eso por si el teléfono estuviera interceptado. Me responde: Ahátama agãite. (Enseguida voy)”.

Hacia las tres de la tarde, el suboficial Riveros llama a Solalinde y le dice: El Cnel. Oviedo le hace decir... “Lo interrumpo para evitar que hable por teléfono y le explico que voy yo junto a él. Riveros me dice: Quiere que formes una patrulla con tres suboficiales y doce soldados y te vayas a hacer el reconocimiento del Itay porque aparentemente hay tropas del Regimiento Silvio Pettirossi que están desplegando por la zona del Aeropuerto”.

Me voy –relata– hacia las 04:00 de la tarde con un calor de 41 grados. Y mando una patrulla, con elementos de punta, para hacer reconocimiento previo, con gente de civil en una moto: “Ellos me informaron que vieron por allí soldados. Esa tarde yo ya estaba en pie de guerra. Empecé a hacer un aproximamiento al lugar, y la información era falsa. Comprobé in situ que no había tropas y volví al Regimiento hacia las 19:00”.

En eso –sigue relatando Solalinde– aparece Oviedo con todos los superiores, coroneles y tenientes coroneles. Le informó de su patrullaje de reconocimiento y Oviedo le invitó a la reunión que tuvo lugar en un stand de tiro, un local techado donde están los simuladores de los tanques para practicar: “Allí nos confirmó que a las 07:00 de la noche de ese 2 de febrero se iba a hacer el golpe. Y empezó a hacer la distribución de los tanques a cada uno de los oficiales superiores, pero a mí no me dio ninguno. Cuando ya terminó de designar, me dijo: Solalinde, Ud. va a ir a preparar el puesto de comando del General Andrés Rodríguez en el RC3.

Fui a cumplir esa tarea y a las 08:00 de la noche Oviedo fue a hacer una revista de cómo estaba preparado el puesto de comando y allí me dice en guaraní: “Nde rehóta chendive Jeep pe” (Te vas conmigo en el Jeep). Allí me entero de mi función, porque ya me estaba preocupando que no me haya dado ninguna misión antes, comenta.

En esa misma reunión Oviedo les había dicho que iba a haber una última formación de toda la tropa, los oficiales, suboficiales y soldados. “Él era muy detallista y eso creo que no pasó en el Regimiento de Caballería 2 (RC2) donde quedaron libres toda la tarde. Pido disculpas a los del RC2 si lo hicieron, pero la información que tenemos es que no hubo eso y estaban descansando, preparándose para el día siguiente.

“Esa formación que realizamos a las 09:00 de la noche fue providencial para hacer una revista y ver el armamento de los soldados. Cada uno tenía un fusil M16 con un cargador de 20 cartuchos, una cartuchera en la cintura con seis cargadores cada uno con veinte cartuchos, en total 140 cartuchos, todos de guerra. Además, unas cuantas granadas de mano de guerra, no de práctica, como lo dijo el Cnel. Ramón Esquivel en su relato publicado el fin de semana pasado. Eso de que los cañones llevaban seis balas, cinco de fogueo y uno de guerra, y de que también Escolta tenía lo mismo, no es cierto y no pude haber dicho eso, tal como me atribuyó Esquivel”, precisó al citar que la prueba está en cómo quedaron varias dependencias del Escolta y en la cantidad de bajas.

–¿Hubo bajas en el lado de ustedes?

–Sí, hubo bajas; un soldado que justamente estaba con el Mayor Ramos (Miguel Ángel Ramos Alfaro), y hubo heridos. También hubo otra baja en la casa de Ñata Legal y también hubo bajas durante las prácticas que estaban a mi cargo y que tengo que lamentar.

–¿Por qué dice que la formación de la noche fue providencial?

–Porque ni el Cnel. Oviedo ni nosotros sabíamos que se estaba realizando un operativo en lo de Ñata Legal, porque no estaba dentro del plan. Se dice que fue el Gral. Óscar Díaz Delmás o el Gral. Allende quien le dijo a Rodríguez: Stroessnerngo oî Ñata rógape, jahána jaapresa. Era para evitar derramamiento de sangre. Pero se habla también que eso se filtró y llegó a oídos de Stroessner. Pero no está confirmado. Siempre se dijo que cuando Stroessner iba a la casa de Ñata Legal lo hacía durante mucho tiempo y da la casualidad que ese día en que Rodríguez autorizó el operativo para ir a casa de Ñata y apresarlo a Stroessner se encontró con que ya había salido del lugar...

No eran armas de juguete...

El Cnel. Arturo Solalinde llegó hasta ABC Color para dar su testimonio de lo acontecido durante el golpe. Aclaró y reiteró que las armas que se utilizaron durante la revolución no eran de fogueo, tal como lo dijo el Cnel. Ramón Esquivel en la publicación del 04 de febrero. “En nombre de todos mis superiores, camaradas, oficiales y soldados que participaron de la gesta libertadora debo aclarar que jamás pude haber dicho que las armas eran de fogueo, como me atribuyó. Está equivocado. No pude haber dicho eso porque yo fui el encargado de preparar el Regimiento, estuve en la verificación, y no había ningún previo acuerdo, que parece indicar, entre el Escolta y la Caballería, donde ambos íbamos a ir prácticamente con armas de juguete. La prueba está en los impactos en los muros del Escolta, en los techos caídos de las cuadras de dormitorios de soldados. Y la cantidad, desgraciadamente, de bajas que hubo”.

(Continuará...)

pgomez@abc.com.py

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