MARIANO ROQUE ALONSO (Juan Jara, corresponsal). Fany Carísimo, pobladora del asentamiento San Roque del barrio Ka’aguykupe de esta localidad, uno de los lugares donde el “lenguetazo” causó destrozos en la noche del martes, relató que los escasos cinco minutos que duró el fenómeno fueron de terror. Recordó que esa noche, al ver el mal tiempo, cerró las ventanas y puertas de su precaria vivienda en las cercanías del arroyo Itay.
Dijo que unos segundos después, ya adentro de su dormitorio, junto a su pequeño hijo de meses, sintió fuertes ráfagas de viento e inmediatamente se apagó la luz. En cuestión de segundos el dormitorio se sacudió y parte del techo “salió volando como un papel”.
“Ahí no supe qué hacer, me desesperé, quería correr por mi hijo, pero no sabía hacía dónde”, recordó.
Indicó que junto a su hijo se metió bajo la cama para protegerse.
Carísimo recordó que se puso a rezar hasta que sintió una densa calma. Al salir encontró el terrible panorama, prácticamente todos los electrodomésticos que tenía fueron a parar por un árbol y los colchones, frazadas, ropas de sus hijos, quedaron inservibles. Añadió que solo algunos utensilios pudo recuperar.
Recibió 30 chapas de “eternit” de la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), pero necesita colchones y frazadas.
“Lloré muchísimo”
Por otra parte, María Luisa Agusti, del asentamiento barrio Santa Librada, recordó que bajó del colectivo en las cercanías del Shopping Mariano, cuando se produjeron los primeros vientos y cayeron gotas de lluvia. Indicó que pensó en resguardarse en el centro comercial, pero al final corrió hasta su casa.
Comentó que cuando entró a su vivienda el techo “voló”. Corrió a otra habitación y empezó a llorar sin parar hasta que pasaron los cinco minutos de furia. “Fue ahí que, en la oscuridad, salimos todos los vecinos y vimos tejas, postes y chapas por todos los lugares. Fue realmente desesperante. Ahora solo ya es una experiencia inolvidable”, dijo.
