2017

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Como el domingo pasado cayó 1 de enero y el diario tradicionalmente no sale en esa fecha, es obligatorio que esta primera columna del año exprese los deseos para los 357 días que nos quedan, aún sabiendo que en muchos casos pueden parecer utópicos.

Obviamente, la lista la encabeza el tener un presidente con capacidad de alejarse de su círculo de adulones, serviles y obsecuentes, para terminar de entender que está quebrando innecesariamente a un país por una ambición personal.

Lo sigue una oposición que deje de tener como única lógica el cálculo electoral y la política de barricada; y un Congreso que legisle y controle en función del bienestar general y no a quienes medran desde sus bancas.

No olvidar tampoco un Poder Judicial que nos saque de la oscuridad de la impunidad que producen sus, literalmente, fallos contra la sociedad, generando decepción, resignación e impotencia ciudadanas.

Un crecimiento económico que se mantenga, pero con un efecto cascada que permita que el chorro de distribución llegue también hasta quienes menos tienen.

Un empresariado que apueste a la inventiva, a emprender genuinamente, sin colgarse del Estado y buscando competitividad, para que no nos devoren los de afuera.

Un sindicalismo maduro que apele a las protestas extremas cuando estas sean inevitables, y que recupere su condición de voz creíble para los trabajadores, para no terminar perjudicando causas que son justas.

Un Estado que no sea solo una caja registradora devoradora de impuestos, convertido en agencia de empleos de parientes, operadores, amigos, vecinos y amantes.

Unas fuerzas públicas depuradas, eficientes, que no encubran en sus filas a corruptos verdugos que atemorizan y espantan a la gente.

Empresas públicas eficientes, que no torturen como la ANDE o Essap a sus clientes, pidiéndoles que no consuman lo que producen o distribuyen.

Un periodismo con periodistas que no toquen solo al compás del violín de sus patrones y buscando el aplauso fácil de la gradería, hoy representada en redes sociales, sino mirando siempre la luz de la conciencia propia.

Y maestros que entiendan la trascendental responsabilidad que tienen en el proceso de formación de cada uno de nosotros.

P.D. 1: Recordar que el cumplimiento de esta lista no será por generación o voluntad espontánea; depende de una ciudadanía vigilante, activa y contralora del manejo de la cosa pública.

P.D. 2: No olvidar que al país lo hacemos todos los días entre todos.

¡Feliz 2017!

guille@abc.com.py