06 de Marzo de 2016

 

Aceptemos el pasado

Por Alcibiades González Delvalle

Como todos los años, cada 1 de marzo aparecen voces que bendicen o maldicen la memoria del mariscal López. El martes pasado no ha sido la excepción, tal como se pudo leer en las redes sociales. Fue tan inmensa la tragedia que cayó sobre nuestro país que se entiende su recuerdo, todavía encendido, para iluminar o quemar la figura de López.

Muchos libros se han escrito sobre la guerra contra la Triple Alianza. Algunos con admirable rigor científico; otros, son un rosario de leyendas o el pretexto para deformar la historia.

Arturo Bray, en “Hombres y épocas del Paraguay”, escribió: “Al Mariscal hay que mirarlo sin el auxilio de lentes, cóncavos o convexos, limpiamente, cuidando que el aire caldeado no hiera la retina, empañando la visión. Mas no siempre fue fácil mirar de esa manera. Por largos años el vencedor acumuló sobre nosotros, sobre nuestra historia y sus actores principales, un montón informe de patrañas y marimantas (…) La prédica del vencedor halló eco en nuestro medio”.

Pero no solo del vencedor extranjero vino esa prédica. También de vencedores paraguayos, si podemos llamar vencedores a quienes vinieron a encontrar su patria en ruinas. Fueron los “legionarios”, las antiguas víctimas de los gobiernos de los López. De ellas dice Arturo Bray: “Aquellos que habían sufrido agravios y persecuciones en carne propia, o en la de sus mayores, no podían buenamente aceptar la consagración de Solano López en ninguno de sus aspectos favorables, ni fuera humano –a escasa distancia de la tragedia– un rasgo de bíblica indulgencia; quien había tenido a su padre, a su madre o a su hermano fusilado o azotado por López no iba a ofrendar un manojo de rosas a la memoria del Mariscal”.

Donde mejor se puede apreciar las opiniones que se contradicen sobre la Guerra del 70 es en la famosa polémica entre Cecilio Báez y Juan E. O’Leary, entre 1902 y 1903. Fervorosa indignación del primero; apasionada defensa del otro. Báez, desde el “Cívico”, vocero de la fracción Liberal que encabezaba, y O’Leary, con el seudónimo de Pompeyo González, desde La Patria, periódico del coloradismo.

Para Báez, “el pueblo había sido barbarizado por el tirano. Este monstruo sin igual cegó en el corazón de la gente la fuente de todo sentimiento de humanidad: nadie se compadecía de la desgracia ajena y se llegó a desear la muerte para poner término a tanto martirio, a tan prolongado sufrimiento que impuso a su pueblo el bárbaro tirano Solano López, que merece la eterna execración de todos los siglos y de todos los pueblos de la tierra”.

Escribe O’Leary: “¡Pobre pueblo! ¡Tan generoso, tan noble, tan altivo! Él con sus esfuerzos y con su indómita valentía nos conservó esta tierra mil veces próxima a perecer, bajo la avalancha de la barbarie. Recorred, de un confín a otro, el mutilado suelo de la República y veréis que allí donde poséis la planta encontraréis un recuerdo de su heroísmo acrisolado (…) Abrid el libro de nuestra historia y leedlo, si no os sentís orgulloso, no sois paraguayos, sois un miserable: si no derramáis lágrimas, tenéis corazón de piedra (…) ¿Sabéis quién escribió ese libro, que es nuestro orgullo, con su sangre y con sus lágrimas? El pueblo, el pobre pueblo que nos legó una patria, el pobre pueblo que no empañó el brillo de nuestra gloria con una sola gota de ignominia”.

Antes y después de esta polémica, López “y su pueblo” estaban –están– en el centro de la discusión a la que Manuel Gondra intentó ponerle término con este pensamiento, expresado en 1908 en un acto público: “Aceptemos el pasado íntegro de la patria, con sus errores, con sus glorias, con sus sufrimientos y con sus martirios (…) Respetemos todo el pasado, respetemos hasta nuestra tiranía, ya que nuestro tirano ha sido el único de los tiranos de América que supo morir teniendo en sus labios el nombre de la patria”.

El 1 de marzo 1870, el mariscal dispuso la defensa en Cerro Corá: de los 80.000 soldados en los inicios de la guerra quedaban 413, la mitad de ellos incapaces ya de pelear.

En memoria de las víctimas, hombres y mujeres, sigamos a Gondra y aceptemos el pasado íntegro de la patria.

alcibiades@abc.com.py

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