27 de Julio de 2014

 

Agrotóxicos

Por Mabel Rehnfeldt

Volvíamos de transmitir un programa de radio en Alto Paraná con nuestra productora y el gerente técnico que conducía el vehículo cuando atravesamos un sojal en medio de una seguidilla de curvas. El olor de lo que era una obvia fumigación reciente se metió intensamente en el vehículo y yo, asmática y alérgica, traté de aspirar lo menos posible.

No hubo caso. Metros más adelante le pedí a Martín que detuviera el vehículo; las náuseas me invadieron, empecé a vomitar y se me bloqueó la respiración. Nunca olvidé el episodio, ni el lugar, donde ningún ser humano podría haber permanecido respirando.

Agrotóxicos. Plaguicidas. Pesticidas. No importa cómo quieran forzarnos a llamarlos, todos son productos tóxicos. Una cuestión semántica no cambia la realidad sobre los humanos y el medio ambiente. No es cambiando de vocales y consonantes como les quitamos su toxicidad y no es hablando de su poder de combatir plagas del agro como vaciaremos de significado su realidad.

En mayor o menor medida, todos estos productos son tóxicos y se están utilizando descontroladamente en gran parte porque es el camino fácil que permite asegurar los cultivos en mayores extensiones con menores costos y más alta rentabilidad. Les importa un comino si estos productos después llegarán a los supermercados convertidos en tomates casi blancos por haber sido bañados en estos químicos. Les importa menos aún si hay gente viviendo en los alrededores y les calienta mucho menos si las lluvias arrastran todos los sedimentos tóxicos hasta los cursos de agua.

Mi primer encuentro con los agrotóxicos fue en 1991 gracias a Hebe González Vera. Juntas comprobamos el descontrol con que se vendían en cualquier garaje. Los rótulos que debían explicar su toxicidad, sus riesgos de enfermedad o hasta sus antídotos estaban en inglés, en ruso, en alemán. No tenían normas de seguridad y, en su gran mayoría, eran productos prohibidos en otros países como parte de “La docena sucia”.

En 1985 y con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la PAN (Pesticides Action Network) realizó una campaña a nivel mundial y doce químicos fueron ingresados a la lista: DDT, lindano, los drines, clordano heptacloro, paration, paraquat, 2-4-5-T, pentaclorofenol, Dbcp, EDB, Canfecloro y cloridimeformo. Si sus nombres suenan mortales, prueben los efectos bajo nombres tan conocidos como nuestro típico “gamexane”. Revisando sus efectos, provocan abortos, malformaciones y –definitivamente– muertes por intoxicación o acumulación de sustancias en el organismo. Que países mucho más desarrollados que el nuestro los hayan prohibido no nos ha quebrantado.

Hay gente que ignora sus efectos tóxicos y les da nombres bonachones como “pohã” o “ayudantes agrícolas” aunque la realidad no manipulable sea una sola: enferman y matan.

Así que hasta que no salgan los estudios toxicológicos finales de dos niñas muertas y más de una docena de enfermos de un asentamiento donde se sospecha que hubo un abuso, descartar la posibilidad de intoxicación –solo por no quedar mal con los agrotóxicos y sus usuarios– es como mínimo criminal.

  • ¿Querés recibir las noticias nacionales e internacionales más importantes?
    Enviá ABC al 22292 desde tu Tigo, Personal o Vox.

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo