A propósito de utopía y caminar, durante un recorrido realizado hace un par de días por una de las avenidas de tráfico intenso e incesante de la ciudad de Encarnación, la avenida Irrazábal, pude comprobar lo complicado –y utópico– que puede resultar caminar con cierto grado de eficacia y tranquilidad por la vereda de esta transitada arteria. En apenas cinco cuadras se puede contabilizar un centenar de puntos críticos donde la vereda está totalmente bloqueada por mercaderías en exhibición, cubiertas, autos, mesas, basura, materiales de construcción, talleres mecánicos en la vereda.
La vereda se supone es una senda destinada para que los peatones puedan caminar con cierta seguridad de que no serán atropellados por algún automovilista que maneja chateando o un motociclista acelerado y suicida que conduce como si fuera el dueño de las calles.
Con una irritante muestra de desprecio hacia el resto de la gente, y un inexplicable silencio de las autoridades locales, muchos comerciantes utilizan la vereda como una extensión de sus negocios.
¿Cuántos concejales municipales de Encarnación recorren las calles a pie? ¿Cuántos lo hacen en horarios pico, en momentos que los niños regresan de la escuela y tienen que bajar de la acera a la calzada en medio de un tráfico infernal porque la vereda está cortada por la situación ya mencionada?
El intendente, Luis Yd (Alianza), y los concejales deberían caminar de vez en cuando las calles de la ciudad de la que les toca ser administradores. Que intenten hacer realidad la utopía de recorrer toda una arteria sin tener que bajar de la vereda porque algún objeto les impide el paso.
Si no logran terminar el recorrido y aún así no se percatan del grosero incumplimiento de la normativa municipal que regula la convivencia ciudadana en materia de ocupación de veredas, al menos la experiencia les servirá para eso: caminar.
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