05 de Febrero de 2012
El corazón del problema: la integración de las democracias
Creo que para fines militares se emplea la idea de maniobra de distracción del enemigo (o adversario) para significar la creación de señuelos con figuras irreales, o la elección de un punto ficticio para simular un ataque, u otras ficciones que engañan u ocultan la intención real del que organiza la acción en virtud de un plan cuidadosamente trazado. Esto es muy normal y nada de malo cabe señalar mientras los fines sean lícitos.
Pero simular la compleja operación Ñacunday, o Ushuaia II, o montar la farsa de los acuerdos binacionales vinculados a las empresas hidroeléctricas para obtener pagos ínfimos y presentarlos al pueblo como un milagro de chafalonía, o proclamar la necesidad de defender la democracia de los países "chiquitos" del Mercosur mediante "la integración" so pretexto de que no puede haber integración si no hay democracia, o cuando se necesita atracar una fiscalía de un pueblo para destituir a dos fiscales, eso ya no es normal, y por eso es recomendable no dejarse impresionar por lo que parece, sino investigar qué hay en el fondo, en el corazón del problema que significa administrar el destino de un pueblo mediante maniobras de distracción con avances impetuosos y retrocesos que se presentan como estratégicos cuya única realidad es distraer al enemigo mientras se busca inflar el caudal electoral para el momento oportuno que se avecina.
Cuando mentir descarada o solapadamente deviene indispensable para el ejercicio del poder, la respuesta del pueblo debe llegar al gobierno con prontitud y claro lenguaje: no vale la ambigüedad y menos aún conviene pasar por alto el problema en virtud de nuestra idiosincrasia.
El presidente Fernando Lugo, y el equipo humano más próximo a su persona desarrollan un plan magistral desde el 15 de agosto del 2008. Se apoya el mismo en el conocimiento profundo de una realidad que no está situada en Ñacunday, ni en Venezuela o Cuba, sino en nuestra idiosincrasia inclinada a aceptar la servidumbre política, el dominio de los poderosos y el ejercicio de la violencia desde el gobierno en combinación con la acción colectiva.
Mientras los candidatos a presidente de la República prefieren dejar hacer, dejar pasar para no entorpecer la agenda electoral que puede llevarles al codiciado Olimpo, las graves degeneraciones jurídicas del sistema electoral paraguayo (Ley 834/96 Código Electoral y la Constitución Nacional, artículos 273, 274, 275) regulan y orientan el futuro incierto de la República.
La realidad entretanto hierve bajo las mentiras de la revolución marxista internacional que aqueja a toda Latinoamérica, como el lector podrá apreciar con la lectura de las palabras atribuidas por la prensa escrita a la Secretaria General de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), señora María Emma Mejía, pronunciadas desde las oficinas de la Cancillería y del Tribunal Superior de Justicia Electoral.
Ella afirma que los firmantes del protocolo Ushuaia II lo aceptaron "para proteger la democracia de los países chiquitos"; "que la Unasur debe obrar en conjunto para que Paraguay ejecute políticas con sus recursos naturales y la defensa de los mismos"; "que existen ambiciosos proyectos del bloque prosocialista para instalarlos en los países que integran la asociación"; "que la democracia es el elemento más importante para las naciones"; "que no hay integración sin democracia"; que "a los chiquitos de nuestros países debemos proteger LO UNICO QUE ES SU BIEN, QUE ES LA LIBERTAD".
El asesor electoral paraguayo Carlos María Ljubetic, presente en una de las reuniones, agregó que "se está elaborando un proyecto para aprobar la observación internacional del organismo (proyecto de estatuto del Consejo Electoral de Unasur y manual de acompañamiento y observación electoral) en el que se establecerán el nivel de participación, hasta qué punto puede llegar, cuáles son las funciones que puede y no puede hacer un país extranjero (sic) para NO VIOLAR LA SOBERANÍA".
Perdonará el amable lector, pero creo que si el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia despierta de su sueño eterno y se entera de lo transcripto y dicho, y lee el Código Electoral paraguayo, pide su asilo en la Embajada Rusa y huye del Paraguay.
El Código Electoral paraguayo es una delegación total del derecho del elector a participar en la constitución de las autoridades electivas a favor de los partidos y movimientos políticos o alianzas y el Tribunal Superior Electoral está integrado por tres conocidos abogados integrantes de tres partidos políticos. Por su intermedio se canaliza el dinero para los partidos, y a su vez el Congreso, también integrado por las cúpulas de los partidos, aprueba los fondos para el presupuesto del Tribunal, inclusive para el ejercicio de la presidencia pro témpore de la Unasur. Las cifras son siderales, y no se explica cómo ellas son aplicadas mientras el país y sus instituciones sangran ante la barbarie desplegada por los personeros de los ideólogos de la integración, simultánea con los palos a los fiscales y a los productores que no saben más a quien acudir para salvar sus derechos. Ante el caos, honor a nuestras leyes, no respetadas siempre, pero sí temidas.
Pero simular la compleja operación Ñacunday, o Ushuaia II, o montar la farsa de los acuerdos binacionales vinculados a las empresas hidroeléctricas para obtener pagos ínfimos y presentarlos al pueblo como un milagro de chafalonía, o proclamar la necesidad de defender la democracia de los países "chiquitos" del Mercosur mediante "la integración" so pretexto de que no puede haber integración si no hay democracia, o cuando se necesita atracar una fiscalía de un pueblo para destituir a dos fiscales, eso ya no es normal, y por eso es recomendable no dejarse impresionar por lo que parece, sino investigar qué hay en el fondo, en el corazón del problema que significa administrar el destino de un pueblo mediante maniobras de distracción con avances impetuosos y retrocesos que se presentan como estratégicos cuya única realidad es distraer al enemigo mientras se busca inflar el caudal electoral para el momento oportuno que se avecina.
Cuando mentir descarada o solapadamente deviene indispensable para el ejercicio del poder, la respuesta del pueblo debe llegar al gobierno con prontitud y claro lenguaje: no vale la ambigüedad y menos aún conviene pasar por alto el problema en virtud de nuestra idiosincrasia.
El presidente Fernando Lugo, y el equipo humano más próximo a su persona desarrollan un plan magistral desde el 15 de agosto del 2008. Se apoya el mismo en el conocimiento profundo de una realidad que no está situada en Ñacunday, ni en Venezuela o Cuba, sino en nuestra idiosincrasia inclinada a aceptar la servidumbre política, el dominio de los poderosos y el ejercicio de la violencia desde el gobierno en combinación con la acción colectiva.
Mientras los candidatos a presidente de la República prefieren dejar hacer, dejar pasar para no entorpecer la agenda electoral que puede llevarles al codiciado Olimpo, las graves degeneraciones jurídicas del sistema electoral paraguayo (Ley 834/96 Código Electoral y la Constitución Nacional, artículos 273, 274, 275) regulan y orientan el futuro incierto de la República.
La realidad entretanto hierve bajo las mentiras de la revolución marxista internacional que aqueja a toda Latinoamérica, como el lector podrá apreciar con la lectura de las palabras atribuidas por la prensa escrita a la Secretaria General de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), señora María Emma Mejía, pronunciadas desde las oficinas de la Cancillería y del Tribunal Superior de Justicia Electoral.
Ella afirma que los firmantes del protocolo Ushuaia II lo aceptaron "para proteger la democracia de los países chiquitos"; "que la Unasur debe obrar en conjunto para que Paraguay ejecute políticas con sus recursos naturales y la defensa de los mismos"; "que existen ambiciosos proyectos del bloque prosocialista para instalarlos en los países que integran la asociación"; "que la democracia es el elemento más importante para las naciones"; "que no hay integración sin democracia"; que "a los chiquitos de nuestros países debemos proteger LO UNICO QUE ES SU BIEN, QUE ES LA LIBERTAD".
El asesor electoral paraguayo Carlos María Ljubetic, presente en una de las reuniones, agregó que "se está elaborando un proyecto para aprobar la observación internacional del organismo (proyecto de estatuto del Consejo Electoral de Unasur y manual de acompañamiento y observación electoral) en el que se establecerán el nivel de participación, hasta qué punto puede llegar, cuáles son las funciones que puede y no puede hacer un país extranjero (sic) para NO VIOLAR LA SOBERANÍA".
Perdonará el amable lector, pero creo que si el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia despierta de su sueño eterno y se entera de lo transcripto y dicho, y lee el Código Electoral paraguayo, pide su asilo en la Embajada Rusa y huye del Paraguay.
El Código Electoral paraguayo es una delegación total del derecho del elector a participar en la constitución de las autoridades electivas a favor de los partidos y movimientos políticos o alianzas y el Tribunal Superior Electoral está integrado por tres conocidos abogados integrantes de tres partidos políticos. Por su intermedio se canaliza el dinero para los partidos, y a su vez el Congreso, también integrado por las cúpulas de los partidos, aprueba los fondos para el presupuesto del Tribunal, inclusive para el ejercicio de la presidencia pro témpore de la Unasur. Las cifras son siderales, y no se explica cómo ellas son aplicadas mientras el país y sus instituciones sangran ante la barbarie desplegada por los personeros de los ideólogos de la integración, simultánea con los palos a los fiscales y a los productores que no saben más a quien acudir para salvar sus derechos. Ante el caos, honor a nuestras leyes, no respetadas siempre, pero sí temidas.




COMENTARIOS