El futuro de la “oposición”

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El resultado de las elecciones de abril nos devolvió de alguna manera al escenario político que teníamos antes del 2008, pero con algunas diferencias importantes. El Partido Colorado vuelve a ser oficialismo y tiene una oposición en minoría en el Congreso, aunque con una representación en el Senado que obligará al Poder Ejecutivo a negociar y acordar para que sus proyectos sean aprobados.

Durante la dictadura, los esbirros del stronismo llamaban genéricamente a los opositores “contreras” o sencillamente “comunistas”. Actualmente, se ha hecho evidente que la “oposición” en nuestro país (entendida como todos aquellos que no son colorados) no constituyen ni remotamente un bloque homogéneo.

Si bien el PLRA sigue siendo, numéricamente, el principal partido opositor, las recientes elecciones generales confirmaron que, sin aliados, le es casi imposible ganar la presidencia de la República, a menos que consigan, como hicieron los colorados, un candidato novedoso a quien afiliar a su partido y lo presenten como propio. La derrota electoral sumió en una crisis a los liberales, con mucho terreno perdido, divididos y confundidos.

Apenas recuperada, la democracia y a partir de la primera elección realizada bajo el régimen de la Constitución de 1992, los partidos, derrotados por el candidato colorado, tenían la tendencia de actuar en bloque en el Congreso, con lo cual planteaban una oposición más o menos orgánica al Poder Ejecutivo.

En este periodo que se inicia, se abre un nuevo panorama, luego de haber pasado por una administración de gobierno que rompió con la hegemonía de 61 años del Partido Colorado, a través de una alianza política entre el PLRA y partidos y organizaciones de izquierda, rota posteriormente en forma abrupta.

Aquella ruptura, así como los discursos y posturas expresadas durante la campaña electoral, sumadas a una falta de autocrítica posterior de parte de las cúpulas dirigenciales, hacen muy difícil que tengamos en el próximo Congreso una oposición unida en un solo bloque. Según parece, ni siquiera habrá unidad entre grupos políticos presuntamente afines en términos ideológicos.

La izquierda, liderada por el expresidente Fernando Lugo pretende tener su propia agenda y la iniciativa de negociar directamente con el oficialismo programas y espacios de poder. El objetivo, evidentemente, es fortalecer el espacio conseguido y crecer en forma independiente a sus exaliados liberales.

Pero, ¿cómo negociar sin terminar siendo absorbidos y sin parecer un simple furgón de cola de los colorados?

Dirigentes del Frente Guasu, incluyendo al mismo Lugo, manifiestan su intención de respaldar al gobierno de Cartes en aquellos temas en los que coincidan. Es posible pensar en coincidencias que se refieran a objetivos generales, como el combate a la pobreza y la corrupción o la inversión en salud, educación y planes sociales. Pero ¿se puede pensar que Horacio Cartes aplicará durante su gobierno medidas propias de un gobierno socialista? Evidentemente, no.

A esta altura, cuando aún no sabemos a ciencia cierta quienes integrarán el equipo de trabajo del presidente electo, cómo será su relación con su partido y cuáles serán realmente sus prioridades al frente del Gobierno, resulta aún más difícil pronosticar el futuro de una oposición dividida en partidos con objetivos bien diferenciados y sin ánimo de concretar una unidad en lo inmediato.

mcaceres@abc.com.py