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19 de Marzo de 2013

 

El Mercosur congelado

Por Luis Enrique Chase Plate (*)

Si el Paraguay decide volver al Mercosur será necesario determinar bajo qué condición lo haría, debido al estado o situación especial en que se halla después del ingreso de Venezuela, sin su aprobación. No es conveniente que el Paraguay acuda presuroso, con las manos tendidas, cuando se lo llame. Para ese momento debería tener fijada una política que garantice su dignidad y soberanía, pisoteada y ultrajada. Ya afirmé en un artículo anterior que el Mercosur se encontraba sin rumbo político, como los buques a la deriva. El propio Presidente del Uruguay se ha referido recientemente a la “’agenda externa congelada” del Mercosur y, que “se hace necesaria una discusión del rumbo“, “que es bastante claro que estamos muy trancados”.

El sistema del Mercado Común del Sur, creado por el Tratado de Asunción de 1991, no pasó de ser una simple unión aduanera. A pesar del esfuerzo del Paraguay, en años anteriores, el Mercosur se caracterizó siempre por constituir una asociación de países en donde imperó el egoísmo y una falta total de solidaridad. En la práctica, su forma autocrática de gobierno impuso la voluntad de los dos Estados Partes más grandes, el Brasil y la Argentina, en las toma de decisiones. Y lo más contradictorio, el presidente José Mujica del Uruguay acompañó, como juguete del Río de la Plata, la decisión de la Cumbre de Mendoza que sancionó al Paraguay, en forma ilegal, injusta y arbitraria.

Esta actitud de Mujica quebranta la posición histórica de su propio país, que en Brasilia en 1990 –el expresidente Lacalle Herrera con el excanciller Gros Espiell– intentó transformar un proceso bilateral de integración argentino-brasileño en un sistema multilateral referido al Cono Sur. La integración bilateral argentino-brasileña se inicia en 1985 y se perfecciona mediante el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, de 1988 (Alfonsín - Sarney), y otros Protocolos bilaterales, en detrimento del Tratado de Asunción; lo que indica que todas las decisiones tomadas por los órganos del Mercosur son previamente examinadas y aprobadas por los dos Estados Partes más fuertes.

La débil ampliación de los mercados nacionales no aceleró sus procesos de desarrollo económico con justicia social, como pretendía el Tratado de Asunción. Hubo poco respeto a su sistema jurídico, pues un prepotente gendarme de frontera podía más que las resoluciones que se tomaban en el seno del Consejo del Mercado Común, órgano superior de conducción política. No se logró crear entre los cuatro países un espacio sin fronteras interiores. La libre navegación de los ríos y la circulación de personas en los cruces de fronteras siguieron visiblemente restringidas, como en los siglos XIX y XX.

Si el Paraguay determina encaminarse nuevamente al Mercosur, debería exigir, como condición previa para una negociación, el levantamiento o la anulación de la sanción que le ha sido impuesta en Mendoza, como mínimo desagravio. En el Mercosur se ha quebrado en forma manifiesta el Principio de Legalidad; por eso, hoy se encuentra sin horizonte. Aparece en la sociedad internacional abanderado a una ideología, como una entidad regional poco seria y confiable. Pero no hay que descartar que este Mercosur “’congelado” puede ser un propósito deliberado que conduzca a su inanición, para ser reemplazado por la Unasur u otra organización regional que sería dirigida sin el requisito del consenso, por el sistema de mayorías, en donde la voz del Brasil, como potencia mundial, será la rectora.

El Mercosur no superó la etapa puramente comercial en el proceso de integración. Como simple organización intergubernamental, no ha alcanzado a crear una unión estrecha entre los pueblos del Cono Sur, y su estructura burocrática, extremadamente pesada, ha estado demasiado alejada de los ciudadanos. Está muy lejos de haber conseguido en la región un progreso económico y social equilibrado y sostenible, ni ha afirmado su identidad internacional.

El Paraguay, si regresa al Mercosur, debería proponer una reforma de su gigantesco cuadro institucional, incluyendo el Parlamento del Mercosur, que sea menos oneroso y más eficiente, con objetivos más concretos y reales, para el bienestar y el progreso de sus pueblos.

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