03 de Enero de 2018

 

El taxista y el celular

Por Lourdes Peralta

No es solamente la adicción a las drogas lo que nos está perdiendo como sociedad, también la adicción al celular. Por más que siempre se acabe banalizando el tema, parece que el camino de concienciación sobre el mal uso es mucho más empinado de lo que pensábamos.

En estos días de trajín de fiestas, tomé un taxi. El joven taxista, desde que salimos hasta que llegamos a destino, estuvo manejando con la mano izquierda mientras con la otra miraba su celular a cada segundo. A la cuarta vez que lo hizo (en cuestión de minutitos), le reclamo sin perder la calma, “¿Siempre manejás y mirás tu celular al mismo tiempo?”. Me contesta con un escueto: “A veces”. Después de que se lo dije, intentó dejarlo, pero a los 30 segundos lo tomó de nuevo, más que haciendo caso omiso a mi queja, saciando su desesperación por mirar el WhatsApp. Cuando me bajé respiré aliviada, pero no dejé de pensar en otras personas que viajarán con él y del riesgo cantado de un accidente. Por supuesto, como corresponde, al día siguiente estuve buscando el número de la parada de taxi y no la encontré en Google maps, tampoco en radio taxi supieron o quisieron informarme (la recepcionista, robotizada, no escuchaba y solo me ofrecía “otro taxi”) y el 112 no la tenía registrada.

Todos los días se habla, se informa, hay noticias de las consecuencias dolorosas de accidentes de tránsito, incluyendo los homicidios, a los que ya tenemos que rotular como dolosos. Y tanta desgracia por un vicio que tiene que ser tratado, además de mediáticamente, con terapias especiales.

La dureza de la aplicación de las penas se aplica cuando por instinto, sentido común, educación y/o instrucción, la persona no respeta las normas y reglas sociales, y se supone que ella y otros aprenderán. En otros países así funcionan entre 80 millones de habitantes, nosotros no podemos con 7 millones.

Ya dejó de ser interesante mirar a las personas que están metidas en su celular, ahora esta conducta masiva es molesta y nos involucra. El celular es una herramienta, no es un dios, no es un terapeuta, ni es una parte de nuestro cuerpo.

Por supuesto no son solo los jóvenes quienes sufren del mal del celular, pero los que conducen taxis y colectivos tienen la responsabilidad de velar por la vida de las personas que llevan y las que se cruzan en el camino.

Este trastorno o problema mental, emocional ocurre en el mundo entero, es cierto, pero no tenemos que aceptarlo como normal. A nosotros nos concierne trabajar por nuestra sociedad.

El mal uso del celular es más complejo que el abuso de alcohol, contrario a este no se puede detectar con ningún aparato en la ruta; además aparenta ser solo un mal hábito cuando puede pasar a ser vicio o adicción (enfermedad).

Finalmente di con la parada de taxis que buscaba. Hablé con el taxista jefe, me atendió amablemente y me dijo que iba a tomar cartas en el asunto, durante la conversación telefónica me comentó: “Muchos se quejan por el mismo motivo, por eso no quieren muchachos jóvenes, prefieren señores. La verdad que nosotros no sabemos cómo solucionar este problema…”.

Para todos, dejo una frase de Henri Ford para memorizar y aplicar: “El mejor automovilista es aquel que conduce con imaginación… Imagina que su familia va con él en el auto”.

lperalta@abc.com.py

 
 

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