El tobogán del poder

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La protesta de los estudiantes secundarios que va extendiéndose por todo el país se desata a menos de una semana de la que protagonizaron campesinos y cooperativistas y viene a confirmar la extrema debilidad del Gobierno y la falta de “cintura política” de sus integrantes para prevenirla.

Lo único “rescatable” para el Ejecutivo en esta situación es que no hay, hasta ahora, una figura de la oposición o del oficialismo, que esté capitalizando en forma evidente su acelerado desgaste.

A tres años de haber sido electo, el presidente Cartes comienza a deslizarse por el tobogán del mandato, con una velocidad inusitada.

Cartes parece no entender que la sucesión de manifestaciones y levantamientos de distintos sectores ciudadanos, que van in crescendo, lo pueden arrastrar hasta colocarlo en la situación de convertirlo en el gran referente negativo y en el único objetivo a vencer en las próximas elecciones generales, como lo fue Nicanor Duarte Frutos en su momento, en 2008.

De seguir esa tendencia, aquella vieja máxima de Luis María Argaña de que cualquier don nadie que encabezace la chapa colorada era seguro ganador se revertirá. A la oposición le bastará un ñakyra pire o un pato Donald para derrotar a Cartes o a su candidato en 2018.

De esa situación son conscientes muchos dirigentes colorados y, por ese motivo, algunos de ellos flirtean seriamente con la posibilidad de establecer alianzas electorales con algún sector independiente o de izquierda.

Pese a todo, Cartes sostiene entre los suyos la ilusión de una eventual reelección. Mantener esa llama encendida es una cuestión de supervivencia política. Afirmar en privado a los dirigentes que no aspira a la reelección (como dice en público) significará un desbande anticipado, especialmente de los dirigentes que siguen a su lado solamente por interés y que son la gran mayoría.

Tal vez, uno los pocos logros del Presidente en estos tres años de su mandato fue haber prácticamente destruido los liderazgos en el Partido Colorado. Esta situación hace que no tenga que lidiar ahora con enemigos internos con más poder inclusive que la oposición, algo que solía ser habitual en el partido de gobierno, en periodos anteriores.

El símbolo de este triunfo cartista sobre la ANR es el presidente que impuso y que asumió su cargo la semana pasada: el ignoto diputado Pedro Alliana. Un dirigente a la medida que le asegura contar con un partido domesticado y acrítico para estos últimos dos años y pico que le quedan de mandato.

Sin embargo, esta previsión que tomó de quitarles poder a los dirigentes políticos de su partido puede terminar no sirviendo de nada, porque el barco comienza a hacer agua por otros costados. En la medida que no pueda resolver los conflictos que se le van presentando con distintos sectores ciudadanos organizados, perderá cada vez más la capacidad de tomar decisiones.

A esto se suma que el tropel de dirigentes colorados que van siendo desplazados de espacios de poder partidario sigue en aumento. Hasta ahora, permanecen callados. Sin embargo, la situación puede variar a partir de mediados de agosto, cuando un eventual desplazamiento del poder del Presidente de la República dejará en manos del Congreso designar a un sucesor, según dispone el artículo 234 de la Constitución.

Es una posibilidad que, en estos momentos, puede parecer descabellada pero que no evita que algunos dirigentes lo comenten en privado y que, dentro de unos meses, podría considerarse una salida viable, si las cosas siguen empeorando.

mcaceres@abc.com.py