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07 de Octubre de 2012

 

Impresiones

Por Ana Rivas Tardivo, enviada especial

Es notable como he recibido consultas sobre cómo se recibió el discurso del presidente Federico Franco en el ámbito de Naciones Unidas. ¿Cómo saberlo? Paraguay es uno de los 193 países que concurrió a hablar de sus problemas, de sus dudas, sus logros y sus desafíos. Un foro mundial donde los únicos que realmente escuchan todo, comentan todo y graban todo, son los periodistas de las agencias mundiales de noticias y eso, porque no les queda otra, es su trabajo. Los discursos de los presidentes los escuchan, atienden y analizan aquellos a quienes les interesa lo que tal o cual país está planteando... y nadie más. Es simple: a los Presidentes les prestan atención los funcionarios diplomáticos que tienen algún interés particular en algún tema específico y que después de la intervención, hacen el informe correspondiente para sus respectivos gobiernos.

Cuando Franco habló, lo hizo frente a unas 300 personas, divididas en los tres niveles de la amplia sala de sesiones. Había dos funcionarios argentinos, cuatro uruguayos y un brasileño entre ellos. También estaban un chileno, un ecuatoriano, un mexicano, representantes de Caricom, de Estados Unidos y Canadá. Del Reino Unido, de la Unión Europea. Y muchos, muchísimos funcionarios de los países de los oradores previos a Franco y los subsiguientes.

Pero el discurso del Presidente fue solo una parte, quizá ni siquiera la más trascendente, de la gira estadounidense: las reuniones previas tanto en la Américas Society Council; la conversación donde se establecieron las líneas de acción con el economista Jeffrey Sachs y el BID; el acercamiento logrado con el agresivo lobby del Ministro de Hacienda, Manuel Ferreira, con empresarios de compañías tan importantes como la Eastern Airlines, Microsoft y Cargill, por mencionar algunas, son las que realmente tendrán efectos concretos sobre nuestra economía y el bienestar de la población.

Los gestos políticos: la conversación de cuatro minutos con Barack Obama, traducidos posteriormente en la reunión entre el canciller Fernández Estigarribia y la secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Latinoamericanos Roberta Jackobson; el saludo de Bill Clinton durante la reunión de la Clintons Foundation y el encuentro con el primer ministro inglés James Cameron, con el coincidente anuncio de la reapertura, en menos de seis meses, de la Embajada británica en Asunción.

Esos son logros concretos, que ponen al Paraguay en el mapa político mundial. En Naciones Unidas nadie –ni siquiera los bolivarianos– recordaron en qué circunstancias asumió Franco; nadie ponía siquiera en duda la solidez de la democracia paraguaya. Allí estaban el titular del Ejecutivo, el presidente de la Corte, el presidente de la Cámara de Diputados, senadores y ministros. Lo relevante fue que Paraguay mostró cohesión entre los tres poderes del Estado y dio garantías de seguridad jurídica a los interesados. El presidente de la Corte, Víctor Núñez, habló en una sola oportunidad, pero precisamente fue para garantizar que en el Paraguay la inversión extranjera será respetada. La diferencia con Argentina, Venezuela y Bolivia, caía por sí misma.

Este gobierno ha cumplido su objetivo en cuanto a ser reconocido por países que entienden el ensañamiento ideológico como un retroceso, no como una garantía de democracia.

Le fue bien a Federico. Fue escuchado y considerado. Ahora solo cabe esperar resultados concretos y olvidarse de Dilma, Cristina, Pepe y Chávez. Ellos, posiblemente, tienen más problemas de qué ocuparse. Paraguay está en paz.

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