08 de Febrero de 2012
La cosechadora de la mentira
Una de las primeras premisas de cualquier patrón consiste en producir más para ganar más. Esta intención campea al iniciar cualquier actividad, salvo en las empresas estatales como Petropar, que cuanto más trabaja más pierde, o en la seudoprivada Capasa, en donde se genera pérdida en la misma proporción en que se produce y se toma la caña paraguaya. La Essap también extrae gratuitamente el agua de cualquier cauce hídrico, nos vende y la empresa pierde dinero. Y estos entes se mantienen así, como la INC y otras más, en las que, aun sin competencia, los saldos negativos son asentados en sus libros contables.
La producción agrícola del Paraguay, en su versión familiar, desde hace décadas se encuentra encharcada en el fango del atraso y la inoperancia. Si se usasen los avances que la tecnología actual nos oferta, las ganancias y los resultados serían otros. Seguimos entrampados en la época de la "tracción a sangre", estancados con la mínima producción que nos da el buey, atascados con el tranco que nos brinda el caballo y lo único que nos brindan estos nobles cuadrúpedos son el mal uso y empobrecimiento de la tierra y migajas de ganancias. Se debe producir más y a menor costo. Quedamos siempre cortos en materia de competitividad y volumen. Conste que Enzo Cardozo se pasa procurando salir del fango.
Aferrarse e ir de la manito con el pasado para seguir queriendo comercializar productos obsoletos y primarios, sin otorgarles valor agregado industrial, equivale a perder y a seguir vocalizando la cansina y gastada canción de que somos pobres y "así nomás luego somos". Y pensar que, hasta hace poco, los "tigres del Asia" eran más pobres que nosotros.
Al agricultor paraguayo le resulta casi imposible encontrar nuevas maneras para disminuir los costos y aumentar las ganancias. Habría que avisarle que la eficiente mecanización ya es una realidad y que los buenos resultados pueden ser el corolario.
Y no es cuestión de inventar nada, ya todo está hecho. El tema pasa por aplicar eso que tan bien hacemos para conseguir lo repulsivo, como el mal comportamiento en los estadios de fútbol o plagiar, con desagradable resultado, muchos programas televisivos. La cuestión es copiar y "ya está ya"; el drama es que somos expertos en importar las cosas malas, feas, ineficientes e ilegales.
En materia productiva, hablar de un producto transgénico es como mostrarle la letal kryptonita a Superman, el ajo a un vampiro o una cruz a Drácula. Huyen despavoridos como muchos agricultores paraguayos, pero, por si la sed apurase, con el cartón de un jugo de soja saborizado con alguna fruta. El vocablo "transgénico" o GM (genéticamente modificado) es una mala palabra en el Paraguay que, inclusive, supera en el ranking a palabras como corrupción, coima, coquitos de oro, carperos y licitación de kits escolares.
En una población atrasada del quinto departamento se emitió una ordenanza que dispuso la prohibición de la producción agropecuaria moderna y la explotación de la ganadería extensiva bajo el rótulo de un "ordenamiento territorial". El documento también "se enriquece" con la posibilidad de convertir a La Pastora en un modelo de crecimiento integral sin la agricultura moderna ni la biotecnología. Lo que se decretó es que el distrito siga muy pobre y que a nadie se le ocurra mejorar sus ingresos.
Hace poco, Lugo participó en "La Matilde" de Misiones, subido a una cosechadora, del inicio de cosecha de unas 25.000 hectáreas de arroz producidas con alta biotecnología , de la que, al salir del país, dice que "contamina el medio y fabrica pobres paraguayos".
La biotecnología equivale al ahorro de agua y agroquímicos, a mayores rindes y daño cero al ambiente. Es lo que afirman los expertos extranjeros y con Premio Nobel encima. ¿O vamos a creerles a Sixto, a Pakova, a los ediles de La Pastora, a los carperos invasores del Alto Paraná con sus milicos incluidos o a un presidente falso y desubicado en una cosechadora mecanizada y recolectando granos de un cultivo de alta biotecnología?
La producción agrícola del Paraguay, en su versión familiar, desde hace décadas se encuentra encharcada en el fango del atraso y la inoperancia. Si se usasen los avances que la tecnología actual nos oferta, las ganancias y los resultados serían otros. Seguimos entrampados en la época de la "tracción a sangre", estancados con la mínima producción que nos da el buey, atascados con el tranco que nos brinda el caballo y lo único que nos brindan estos nobles cuadrúpedos son el mal uso y empobrecimiento de la tierra y migajas de ganancias. Se debe producir más y a menor costo. Quedamos siempre cortos en materia de competitividad y volumen. Conste que Enzo Cardozo se pasa procurando salir del fango.
Aferrarse e ir de la manito con el pasado para seguir queriendo comercializar productos obsoletos y primarios, sin otorgarles valor agregado industrial, equivale a perder y a seguir vocalizando la cansina y gastada canción de que somos pobres y "así nomás luego somos". Y pensar que, hasta hace poco, los "tigres del Asia" eran más pobres que nosotros.
Al agricultor paraguayo le resulta casi imposible encontrar nuevas maneras para disminuir los costos y aumentar las ganancias. Habría que avisarle que la eficiente mecanización ya es una realidad y que los buenos resultados pueden ser el corolario.
Y no es cuestión de inventar nada, ya todo está hecho. El tema pasa por aplicar eso que tan bien hacemos para conseguir lo repulsivo, como el mal comportamiento en los estadios de fútbol o plagiar, con desagradable resultado, muchos programas televisivos. La cuestión es copiar y "ya está ya"; el drama es que somos expertos en importar las cosas malas, feas, ineficientes e ilegales.
En materia productiva, hablar de un producto transgénico es como mostrarle la letal kryptonita a Superman, el ajo a un vampiro o una cruz a Drácula. Huyen despavoridos como muchos agricultores paraguayos, pero, por si la sed apurase, con el cartón de un jugo de soja saborizado con alguna fruta. El vocablo "transgénico" o GM (genéticamente modificado) es una mala palabra en el Paraguay que, inclusive, supera en el ranking a palabras como corrupción, coima, coquitos de oro, carperos y licitación de kits escolares.
En una población atrasada del quinto departamento se emitió una ordenanza que dispuso la prohibición de la producción agropecuaria moderna y la explotación de la ganadería extensiva bajo el rótulo de un "ordenamiento territorial". El documento también "se enriquece" con la posibilidad de convertir a La Pastora en un modelo de crecimiento integral sin la agricultura moderna ni la biotecnología. Lo que se decretó es que el distrito siga muy pobre y que a nadie se le ocurra mejorar sus ingresos.
Hace poco, Lugo participó en "La Matilde" de Misiones, subido a una cosechadora, del inicio de cosecha de unas 25.000 hectáreas de arroz producidas con alta biotecnología , de la que, al salir del país, dice que "contamina el medio y fabrica pobres paraguayos".
La biotecnología equivale al ahorro de agua y agroquímicos, a mayores rindes y daño cero al ambiente. Es lo que afirman los expertos extranjeros y con Premio Nobel encima. ¿O vamos a creerles a Sixto, a Pakova, a los ediles de La Pastora, a los carperos invasores del Alto Paraná con sus milicos incluidos o a un presidente falso y desubicado en una cosechadora mecanizada y recolectando granos de un cultivo de alta biotecnología?






COMENTARIOS