07 de Noviembre de 2017

 

La vida es caudalosa

Por Lourdes Peralta

A través del lenguaje llamado inclusivo, que pretende ser menos ofensivo, existe una línea bastante fuerte de no llamar por Ej. ciego al ciego sino discapacitado visual, otro ejemplo común es decir personas con capacidades diferentes, y así una serie de casos en los que existe una condición, antes también llamada enfermedad. Mis tías, que ya son bien mayores, suelen contarme cómo era la vida social, y entre esas anécdotas saltan historias como las de “las hermanas enanas”. Había, dicen, una familia que tenía dos hijas enanas, las cuales jamás salían ni a la vereda, vivían encerradas. Sus padres eran de alta clase, sentían vergüenza y miedo de cómo reaccionarían los vecinos y otras personas extrañas al verlas. También suelen contar, como si fuera un cuento, de un loco que vivía en la calle, anunciaba tormentas y al ciclón, lo llamaban Perú tavy.

En los pueblos pequeños hay historias que van pasando de boca en boca, de generación en generación, agrandadas, pulidas, reinventadas, condimentadas con miedos y divagues, basadas en personajes discapacitados o deformes. Recordemos nomás a las grandes plumas: Horacio Quiroga y los 4 niños idiotas de “La gallina degollada”, o el célebremente triste Quasimodo (Jorobado de Notre Dame) de Víctor Hugo, cuya historia seguramente existió y simbolizó no solo el amor imposible sino la soledad, el sufrimiento, la condena social.

Existen millones de desdichados seres por alteraciones genéticas, por accidentes con consecuencias irreversibles.

Hace años entrevisté a una pareja admirable. No podían ser padres. Justo en el hospital donde iban a hacer el tratamiento para la fertilidad, conocieron a una bebé con parálisis cerebral. Esa bebé fue a quién adoptaron y aman como si fuera propia (si no me falla la memoria, la niña se llama Rayssa). Pero no todos estamos preparados para asumir un amor por un ser humano discapacitado o deforme. Esta es una realidad compleja, muchos padres sienten que al tener un hijo “imperfecto”, fallaron en su legado a la vida. Hoy una corriente llama elección de la mujer, salud, prevención al aborto de bebés con alguna deformación o deficiencia, “porque no van a poder desarrollarse normalmente y sufrirán”. Vimos en estos días, a través de la televisión, la otra cara, la de niños amados por sus padres y hermanos. La madre cumple aquí una función fundamental como protectora, ya que no solo es la que lleva durante su embarazo al bebé, sino de quien dependerá los primeros años para sobrevivir cálida y seguramente. En La Gallina degollada, Quiroga habla de los niños sucios y abandonados, “sin ninguna atención maternal”, y luego la culpa que se echaban ambos padres erigidos cada uno sobre su orgullo.

Estos días se tocó con insistencia el tema de la discapacidad; la gente, campaña mediante, se sensibilizó. No obstante, antes que el dinero, hemos de trabajar por nuestra meta personal interior: cambiar la indiferencia por la atención, la lástima por la compasión, brindar gestos amables y sobre todo buenos deseos y pensamientos para ellos.

Cada quien toma el camino que su corazón y su conciencia le dictan, asegurémonos, pues, de tener estos dos sentidos bien nutridos. La vida es caudalosa, se seguirá abriendo paso a pesar de los obstáculos y para aleccionarnos siempre.

lperalta@abc.com.py

 
 

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