28 de Marzo de 2013

 

Los niños necesitan amor, cuidado y presupuesto del Estado

Por Rosa Elcarte

El 37% de la población paraguaya tiene menos de 18 años, pero, a pesar de los avances logrados en los últimos años, el 43% de ella vive en la pobreza. En números absolutos, estamos hablando de más de un millón de niños, niñas y adolescentes paraguayos que sufren graves carencias de alimentación, salud, educación y protección contra la violencia y explotación, entre otras cosas.

Este gran número de población joven hace que Paraguay esté viviendo en estos momentos un momento histórico único, que no se va a volver a repetir en la historia, denominado “bono demográfico”, porque tiene una gran proporción de población que va a ser productiva en los próximos años. En unos 30 o 40 años, aproximadamente, va a ir disminuyendo el número de personas en edad productiva, la población va a ir envejeciendo y va a aumentar el número de personas que hay que mantener.

Por tanto, el momento de prepararse para tener a la mayor cantidad de paraguayos/as en condiciones de impulsar el desarrollo es AHORA. No hacerlo tendrá un costo alto para el país, dado que será muy difícil promover el crecimiento económico y el desarrollo social del Paraguay solo con poco más de la mitad de las personas en plenitud, sanas y bien formadas.

Si tenemos en cuenta que este desarrollo social y crecimiento económico dependen de la calidad del capital humano, esto es, de la preparación de las personas, es urgente tomar medidas para que la inversión del Estado refleje un alto grado de prioridad para la nutrición, salud, educación y protección de los niños, niñas y adolescentes.

Los estudios internacionales demuestran que las medidas son mucho más rentables si se hacen en los primeros años de la vida para sentar las bases del crecimiento integral humano.

A pesar de ello, la inversión social en la infancia en Paraguay (incluidas educación, salud, nutrición y protección) medida en porcentaje del PIB, en lugar de aumentar, ha disminuido de 6% a 4,6% entre los años 2000 a 2011. Unesco recomienda destinar el 7% del PIB solo para educación.

Paraguay destina 9,7% de su PIB para inversión social, y casi la mitad de ella está dirigida a la niñez y la adolescencia. Mientras tanto, los países vecinos destinan a esta inversión social entre un 15% y un 26%. De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el país está en el último lugar en la región en cuanto a inversión en salud y educación. Estos datos se confirman con el último Informe de Desarrollo Humano del PNUD, en el que se evidencia que Paraguay se ha estancado en su desarrollo, e incluso ha disminuido dos puestos en 2012, situándose por debajo de Bolivia.

Si hoy Paraguay tiene una importante brecha de desarrollo con sus países vecinos, y además está invirtiendo mucho menos que ellos en los niños, niñas y adolescentes, dentro de unos años esta diferencia va a ser mucho mayor. El próximo gobierno que asuma el 15 de agosto tendrá el reto y la obligación histórica de aumentar la inversión en la infancia, si desea tener en unos pocos años más una población joven creativa y competitiva, en el contexto del Mercosur, Latinoamérica y el mundo.

El principal desafío es reconocer que la inversión y los programas destinados a la infancia deben estar en el centro de las políticas para el desarrollo económico y social y que las grandes inversiones económicas necesitan personal cualificado para gestionarlas y para dar resultados.

El segundo gran reto es el de la equidad. El país debe focalizar sus acciones en aquellas poblaciones con peores indicadores de mortalidad materno-infantil, desnutrición, educación y protección, identificando y resolviendo los problemas que mantienen a poblaciones marginadas, para lograr resultados en la niñez excluida, y poder incluir a todos estos futuros jóvenes, en igualdad de condiciones, para trabajar por el desarrollo de Paraguay.

Una mayor y mejor inversión en la infancia y la adolescencia es necesaria. Dado que todos los niños y niñas nacen iguales en derechos, es la única forma de mejorar el desarrollo humano y es la inversión más rentable para un país. Recordemos, finalmente, que el bienestar de los niños, niñas y adolescentes es el mejor indicador del desarrollo de una nación.

¡No hay tiempo que perder, el momento es ahora!

*Representante de Unicef en Paraguay.

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