Nacionalismo y patriotismo

El movimiento independentista catalán ha puesto una vez más sobre el tapete el resurgimiento de unos nacionalismos radicales, en mi opinión, cada vez más necios y menos compatibles con la imparable tendencia integracionista que la globalización ha impuesto al mundo actual.

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En lo personal, como mi familia paterna es de origen catalán, me molesta más el caso de Cataluña; pero no es el único: el Brexit inglés; la Liga del Norte, en Italia; acá más cerca, los estados más prósperos del Brasil o la región del llano en Bolivia; sin olvidar el “América primero” del impresentable Donald Trump.

El éxito de estos movimientos nacionalistas radicales solamente se explica porque apelan a discursos afectivos y sentimentales y escurren el bulto a cualquier argumentación racional. La más falaz de todas estas estrategias es identificar nacionalismo con patriotismo.

Hay una gran diferencia: El nacionalismo es una ideología que considera que pertenecer a determinada nación nos hace mejores y con más derechos que los demás. El patriotismo, en cambio, es un sentimiento de pertenencia, un vínculo afectivo con nuestro país y nuestros conciudadanos.

Reunir los dos conceptos es una gran mentira, porque la historia demuestra que los nacionalistas radicales distan mucho de ser patriotas, en la medida que están dispuestos a sacrificar la vida de miles de sus conciudadanos sin el menor escrúpulo. Así ocurrió en la Alemania nazi, en la Italia fascista o en la sangrienta y fratricida guerra civil que enfrentó y masacró a las naciones de Los Balcanes: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia.

El nacionalismo conduce a la guerra y al aislamiento, porque es en esencia supremacista: cree que haber nacido en un lugar determinado y provenir de unos antepasados que también eran de la región hace a las personas más importantes, con más derechos y con unos privilegios que los demás no tienen.

El nacionalismo asegura que, al separase, serán más libres y más prósperos, pero en realidad serán más pobres y más provincianos. Si los catalanes finalmente se independizan, no solo quedarán separados de España, sino irremediablemente aislados de la Unión Europea, que es hasta el día de hoy el ejemplo de integración por excelencia… Y muy exitoso como, tras el disparate del Brexit, los ingleses están descubriendo muy a su pesar.

Quizás el lector se esté preguntando ¿qué importancia tiene esto para el Paraguay? La respuesta es que la tiene y mucha. Por dos motivos. En primer lugar si Mercosur, que era una buena idea, se ha convertido en un fiasco, ha sido debido a las políticas nacionalistas de Argentina y Brasil, que jamás consideraron a Uruguay y Paraguay verdaderos socios, sino algo así como colonias subalternas.

En segundo lugar, pero más importante aún: nuestros partidos políticos tienen por costumbre promover y utilizar sistemáticamente la identificación de la ideología nacionalista con el sentimiento patriótico y proclamar que, quienes no están de acuerdo con ellos no son adversarios ideológicos, sino “enemigos de la Patria”.

En consecuencia nuestra política es innecesaria y desproporcionadamente agresiva, porque “con los antipatriotas no se discute, sino que se los derrota a cualquier precio” y ese precio es casi siempre pasar por alto las leyes y convertir la justicia en un garrote… Y eso es todo lo contario que el Estado de Derecho y se parece mucho, demasiado, a una dictadura.

rolandoniella@gmail.com

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