18 de Setiembre de 2017

 

Pan y circo

Por Jesús Ruiz Nestosa

SALAMANCA. “Pan y circo” es una expresión harto conocida que no necesita explicación pues quien más quien menos la conoce de sobra. Ni es necesario recordar que fue dicha para referirse a la actitud asumida por Nerón para adormecer al pueblo descontento de Roma después que él la incendió. La expresión se sigue utilizando casi dos mil años más tarde con el mismo significado y, lo que es peor aún, con la misma intención. Lo que no se dice es que tanto el “pan” como el “circo” cuestan dinero, mucho dinero que debe salir de algún bolsillo, y la triste realidad es que siempre termina saliendo del mismo sitio: del bolsillo del contribuyente.

La propuesta hecha por el gobierno de nuestro país de realizar aquí un mundial de fútbol en el 2030, despertó más que la alegría, el éxtasis y el delirio de los seguidores de este deporte que no son pocos. La posibilidad de tenerlos jugando aquí, a la vuelta de la esquina, no más lejos de Sajonia o de Barrio Obrero a las estrellas que entonces habrán suplantado ya a Messi, Ronaldo, Neymar, Iniesta y otros grandes de hoy, produce un éxtasis mucho más profundo y conmovedor que fumarse una pipa entera de opio.

Hablar de un mundial de fútbol en nuestro país resulta ser, más que un despropósito o un delirio, una verdadera inmoralidad. Es indecente además de irresponsable, plantear un hecho de esta naturaleza sin poner sobre la mesa los millones que cuesta organizar un espectáculo así. Se debe crear una infraestructura que comienza por estadios adecuados que deben llenar muchas exigencias, además del servicio de hotelería para recibir a los equipos y su apoyo logístico, y a los fanáticos que vienen de todas partes del mundo. Esto funciona a máquina completa mientras dura la competencia. Pero después los equipos se van y todo se desvanece como una pompa de jabón.

Podemos preguntarle a Brasil, que lo tenemos bien cerca, cuál ha sido el resultado económico del campeonato mundial que organizaron años atrás. Construyeron estadios monumentales en diferentes regiones del país. En medio de la selva amazónica construyeron estadios en los que puede caber toda la población de la ciudad donde se encuentran y todavía queda sitio para dos equipos invitados más. Y así en muchos otros lugares. Ahora se preguntan qué pueden hacer con ellos. Estas construcciones no son fáciles de reciclar. Así, por el momento, en lugar de las fervorosas hinchadas y los aguerridos jugadores de equipos locales o invitados, han sido sustituidos por la maleza que crece en todos los sitios apropiados para que la maleza crezca, y son muchos y muy variados.

Hace unos días, un columnista de este diario calificaba el proyecto como “utópico“; es decir, imposible de realizar. Más que utópico, considero que se trata de un proyecto inmoral, porque hubo muchas utopías hermosas, como la de Tomás Moro (“Utopía”, 1516), o más recientemente la de William Morris (“Historias de ninguna parte“, 1890). Este proyecto lanzado por nuestro gobierno es puramente propagandístico, una propaganda indecorosa y despreciable. En poco o nada se diferencia de una republiqueta africana y la idea de su dictador de turno cuando la conquista espacial estaba en su apogeo. A su pueblo hambreado (y las hambrunas en África son cosa bien seria) les aseguró que ellos también participarían en la conquista del espacio y a continuación nombró un comisión encargada de poner en marcha tan ambicioso proyecto. Ver los documentos que se elaboraron produce una sensación ambigua entre la risa y el espanto.

La propuesta de la organización de este mundial en nuestro país es ignominiosa, inmoral, indecorosa y despreciable. Mientras miles de niños en todo el país están dando clases abajo de un árbol porque la escuela del pueblo se desplomó, o bien niños que mientras daban clase se les cayó el techo encima de sus cabezas, no se puede estar hablando de gastar el dinero en espectáculos deportivos que, lo más probable, no van a aportar ninguna ganancia a las arcas de la nación; soy más pesimista aún: ni siquiera se va a recobrar la mínima parte del dinero dilapidado. Porque va a correr mucho dinero en construcciones, coimas, “mordidas” (como le dicen en España) y “distracciones” porque la gente importante no roba, “distrae” fondos y nada más. Total, nosotros pagaremos.

jesus.ruiznestosa@gmail.com

 
 

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  • ¿ Qué se puede desear de un país de atracadores, de extorsionadores, de secuestradores, de asesinos, de poetas, de políticos, de curas, sino que se acabe ?Somos el ocaso que no tuvo amanecer". Fernando VALLEJO

    julian 18 Setiembre 2017, 14:08:04 

 

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