Primero, el gobierno de la Provincia de Misiones decidió no abonar sueldos a los funcionarios públicos durante los fines de semana, en un intento por frenar el intenso flujo de compradores para cargar combustibles y realizar compras los sábados, domingos y feriados.
Después un remisero de esa ciudad denunció, a través de un diario y en grandes titulares, que en Encarnación fue extorsionado por policías.
Mintió. En el circuito cerrado de un taller mecánico quedó registrado el momento en que se apoderó de un celular y lo llevó a esconder en el remís. Lo grave del caso es que, al publicar la denuncia sin escuchar la otra campana, los que leen la crónica creen que Encarnación es un caos.
Lo último –risible, por cierto– es lo que publicó el diario La Nación de ese país el pasado jueves 28, escrito por su corresponsal en Posadas.
Encabeza la nota que “La Cámara de Comercio de esa ciudad denunció una severa crisis por la fuga de divisas con los argentinos que van al Paraguay a buscar cualquier cosa a precios mucho más baratos”. Más abajo este matutino de circulación nacional y que se publica desde 1870 dice que “muchos comercios paraguayos mandan las mercaderías en drones que las depositan en el patio de residencias de Posadas” y que “fuentes policiales sospechan que en las sofisticadas máquinas aéreas también pueden pasar drogas ilegales”.
Lo que no pueden comprender es que en este ciclo fronterizo de idas y venidas económicas, ahora les toca a los encarnacenos. Durante los últimos diez años el comercio de esta ciudad se estancó por cuestiones cambiarias y que hacían conveniente comprar en Posadas, incluso con restricciones.
“Cuando la gente de esta orilla hacía cola para viajar a Posadas por combustible, solo podía cargar 20 litros por auto, mientras que ustedes vienen acá y pueden llenar el tanque sin inconvenientes”, reflexionan los habitantes de la capital de Itapúa.
Durante una década los paraguayos invadieron los negocios de Posadas y pagar en guaraníes no era permitido, salvo algunos supermercados que sí lo hacían, pero a un cambio mucho menor del que verdaderamente correspondía; mientras que en Encarnación se reciben pesos o dólares sin ningún inconveniente y, por supuesto, al cambio correcto.
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