Que Dios nos proteja

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Al menos media docena de vecinos de Salto del Guairá vivenciaron la amarga experiencia de ser víctimas de ladrones durante la fiesta de Navidad. Personas que, como casi todos hacen, fueron a compartir la cena de Nochebuena en la casa de algún familiar y tras embriagarse con la magia del acontecimiento, abrazos y buenos deseos, al poco rato se encontraron con la cruda realidad: ¡sus casas fueron desvalijadas por delincuentes!

Y no es algo nuevo en la ciudad. Varios vecinos ya fueron “visitados” en los meses anteriores, y casi todos con el mismo modus operandi: buscan solo dinero, joyas, armas y, sin falta, se llevan el grabador del circuito cerrado.

Los indicios apuntan a que se trata de una gavilla profesional, con informaciones privilegiadas y probablemente muy bien protegida. De otro modo no se explica que en una ciudad tan pequeña la Policía Nacional no encuentre a quienes vienen causando zozobra en la comunidad.

Los saltoguareños no están acostumbrados a estos hechos. Sus pobladores siempre se jactaron de la gran seguridad existente, por eso los hechos resultan traumáticos y se exige una reacción contundente del Estado.

No puede permitirse que cada vecino a su turno esté convirtiéndose en víctima de los facinerosos, impunemente. Menos aún en una ciudad de donde es oriundo el actual ministro del Interior, Lorenzo Lezcano, de quien se espera una atención especial para los saltoguaireños, que hasta ahora no se ha visto. ¿O acaso alguien debe morir primero para que actúe el Estado?

Lezcano sabe de primera fuente la corruptela enorme que existe en la Policía Nacional, el dineral que manejan los directores policiales y lo lucrativo que les resulta “servir a la patria” en Salto del Guairá.

Lamentablemente, y a juzgar por los hechos, ante lo bien que pasan en la ciudad los policías ya se olvidaron por completo de su compromiso con la sociedad y ya solo se concentran en los beneficios particulares, encubriendo a narcos, contrabandistas y mauseros.

Ojalá, antes que la sociedad reaccione y los expulse, la cúpula Policial de Canindeyú sea capaz de devolver la tranquilidad a la ciudad. En las condiciones actuales solo resta implorar la protección de Dios para recibir el Año Nuevo sin la horrible experiencia de ser víctimas de los bandidos.

rduarte@abc.com.py